|
|
| Corriendo detrás de las variables |
| ABC Mercado de Cambios S.C. comunica sobre la fuente de la siguiente nota: |
| Texto informativo:
17/04 - 20:57 La Nación |
Recomendar |
Imprimir |
|
Por Roberto Cachanosky - Al igual que en períodos anteriores, la actual política económica viene poniendo el acento en la distribución del ingreso partiendo del falso supuesto de que la riqueza existe y sólo hay que redistribuirla. Esta política de redistribución del ingreso deja de lado la inversión como motor de crecimiento. Y este escaso interés por atraer inversiones se produce a partir de dos datos relevantes.
En primer lugar, la devaluación de 2002 hizo trizas el ingreso de la población haciendo barata la mano de obra respecto del capital. La actual estructura de precios relativos, surgida entre otras cosas de un tipo de cambio artificialmente alto, hace que el costo del capital sea elevado y la mano de obra medida en dólares sea baja.
En segundo lugar, si bien el presidente ha manifestado varias veces que no está en contra de las inversiones, lo cierto es que su discurso poco amigable con la inversión no crea, justamente, el ambiente más propicio para llevar a cabo inversiones de envergadura en nuestro país. El permanente cuestionamiento a las tasas de rentabilidad de las empresas muestran una mayor preocupación por la distribución del ingreso en el corto plazo que por crear condiciones de crecimiento de largo que le den sustentabilidad a los aumentos de salarios y a los puestos de trabajo creados.
Ahora bien, dejando de lado las observaciones que uno puede formularle a los actuales datos de la inversión bruta interna fija (IBIF), cuando se observa su evolución en los últimos 35 años puede verse que ha oscilado en una banda de entre el 15 y el 20 del producto bruto interno (PBI), con períodos en los que se perforaron el techo y el piso mencionados. Lo que se ve claramente en el gráfico es que a períodos de recuperación de la inversión le siguen fuertes caídas.
Otra cuestión a tener en cuenta es que el gráfico sólo mide la IBIF sobre el PBI, pero no su calidad. Es decir, no es lo mismo realizar algunas inversiones al amparo del proteccionismo que hacerlas en condiciones de apertura económica y competencia. Las primeras son de baja calidad mientras que las segundas tienen que adaptarse a los estándares internacionales para poder sobrevivir. Con las inversiones tenemos, entonces, un problema de cantidad y de calidad.
Las bajas cantidad y calidad de las inversiones llevan a una reducida producción de riqueza. Y la reducida producción de riqueza se traduce en ingresos bajos para la población.
El drama de por lo menos los últimos 60 años de la Argentina es esa escasa generación de riqueza que lleva a pujas distributivas salvajes entre los diferentes sectores. Si el stock de bienes de capital es más o menos constante y de baja calidad, la riqueza a distribuir también será más o menos constante y reducida, en consecuencia la mejora de un sector sólo puede darse a costa de otro sector.
Un presidente ocupado
En las últimas semanas hemos visto al presidente Kirchner ocupándose del precio del vacío mientras corría a otro salón a discutir el aumento de salarios con Moyano. ¿Qué muestra esto? Que el Presidente está tratando de arbitrar en la puja por la distribución del ingreso dada la escasa tasa de inversión existente. Y esa tarea la va a tener que realizar cada vez con mayor frecuencia y en forma más intensa a medida que vaya pasando el tiempo.
La razón es muy sencilla. Para poder arbitrar en la distribución del ingreso el Presidente tiene que aplicar regulaciones. Controla las tarifas de los servicios públicos, prohíbe la exportación de carne, hace acuerdos de precios por más de 500 productos, emite moneda para sostener alto el tipo de cambio y trata de neutralizar parte del efecto inflacionario con los mencionados controles y colocando deuda; y esa colocación de deuda eleva la tasa de interés generando arbitrajes entre tasa y dólar que, en el corto plazo, lo obliga a emitir más moneda para comprar más dólares agravando el problema inflacionario que le genera reclamos de aumentos salariales.
En síntesis, cuando uno se mete con las regulaciones termina enmarañado en una cantidad de controles crecientes porque una regulación obliga a adoptar otra para compensar los desequilibrios que genera la primera.
Pero esa creciente maraña de regulaciones conduce a conflictos permanentes porque siempre alguien queda insatisfecho. Por ejemplo, si uno controla los precios de los bienes finales pero sigue generando inflación vía la expansión monetaria, el productor de bienes finales le va a pedir al gobierno que le regule el precio de los insumos.
Y si el productor de los insumos cae en el control de precios, va a pedir que el Estado le aplique precios máximos a los insumos que necesita para producir sus insumos. Y así podemos seguir hacia atrás hasta que uno se topa con que hay bienes que necesariamente deben importarse porque no se pueden producir localmente. En ese punto el regulador se da cuenta que no puede controlar los precios de los mercados internacionales, por lo tanto la opción es: cerrarse por completo al mundo y aceptar la escasez como forma de vida o dar marcha atrás en el camino iniciado.
Cortoplacismo repetido
Si la Argentina ha tenido un desempeño económico tan lamentable en los últimos 60 años se debe, a mi juicio, a que los gobiernos que hemos tenido se han concentrado en el corto plazo.
Ganar una elección detrás de otra se ha transformado en el objetivo primordial de los diferentes gobiernos. Esa constante exigencia hace que se privilegie las políticas de corto plazo, desestimando el largo. Sin embargo, quienes han optado por concentrarse en el corto plazo para mantener una buena intención de voto o una buena imagen positiva en las encuestas, invariablemente terminaron topándose con el largo plazo, que siempre llega. Y el largo plazo tiene la fea cara de una cruda realidad: todos los sectores están desconformes con el ingreso que tienen porque al despreciarse la inversión eficiente como motor de crecimiento, la riqueza disponible es escasa y no alcanza para tener contento a todos. En ese momento es cuando crece la incertidumbre política, la producción tiende a paralizarse y la puja por el ingreso se torna insostenible.
Los países que superaron el estancamiento lo consiguieron con estadistas que, en vez de ocuparse todos los días de decretar una nueva regulación y correr detrás de las variables, volcaron sus esfuerzos en crear instituciones confiables que los hicieran previsibles y atractivos para captar inversiones. En vez de crear y arbitrar conflictos, generaron seguridad jurídica.
La buena noticia es que, para crecer, no tenemos que inventar la pólvora. Ya se sabe cuál es la fórmula. ¿Seguiremos tratando de inventarla o nos dedicaremos a utilizarla?
El autor es economista.
|
 |
| ABC Mercado de Cambios S.C. le acerca las noticias y novedades de mayor trascendencia relacionadas
con el comercio y operaciones cambiarias a través de una fuente
segura y confiable. |
|
Nota:
Haga click sobre la noticia o novedad que desea ver |
|
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
|
|
|
|