El dato clave con el que pudo contar hoy el mercado fue el informe de empleo en el mes de abril en EEUU. En el cuarto mes del año se crearon 138.000 empleos nuevos, una cifra inferior de lo que habían calculado los expertos que habían cifrado en 209.000 los puestos de trabajo. Además, el informe de empleo de este mismo mes mostró que la tasa de paro se mantuvo en el 4,7% registrado en marzo, por lo que tampoco mejoró las previsiones. Estos datos intensificaron, aún más la atención que el mercado le concedió, desde ayer, al euro.
Atendiendo a estos datos y con las presiones inflacionistas que parecen estar relativamente contenidas, el mercado no puede más que atender a que en la reunión que la semana que viene celebrará el Comité Abierto de Política Monetaria de la Reserva Federal (FED) se produzca la última subida de tipos, por lo menos hasta que se reanude el ciclo alcista. El presidente de la FED ya anunció que se producirá una pausa en la racha alcista del precio oficial del dinero, y, aunque sólo significaría dar tregua al ciclo, se espera con desánimo en la cotización del dólar.
En la zona euro, sin embargo, los ánimos no decaen y a la esperada subida de tipos del próximo junio en Madrid se antojan nuevos aumentos teniendo en cuenta los últimos datos macroeconómicos conocidos en los últimos días y las palabras de Trichet que dejaron entrever que las presiones inflacionistas en la eurozona seguían al alza.
Gracias a ello, la divisa comunitaria logró situarse, de nuevo en máximos de un año, al superar la cota de 1,27 dólares. Poco antes del cierre de los mercados del Viejo Continente, el euro se cambiaba en 1,2730 dólares y se apreciaba un 0,2%. El BCE fijaba el cambio oficial en 1,2688.
La debilidad del dólar no sólo fue aprovechada por la divisa comunitaria, otras monedas lograron también apreciarse al billete verde. Ni siquiera el cierre por festivo en Japón ha evitado que el yen avanzara frente a la divisa estadounidense y se apreciaba casi un 0,9%.