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Martín Guzmán. “No queremos hacer pagos al FMI hasta 2024”
ABC Mercado de Cambios S.C. comunica sobre la fuente de la siguiente nota:
Texto informativo: 14/09 - 08:07 La Nación
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Domingo 13 - Texto José Del Río - El ministro de Economía, Martín Guzmán, cruzó las versiones sobre un cepo total a la compra de dólares. “Es un síntoma de una situación en la que hay claros desequilibrios que queremos corregir, pero queremos ir en la senda hacia la normalización, no hacia cerrar aún más, porque eso sería una medida para aguantar. Nosotros no venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía”, dijo durante un entrevista exclusiva con la nacion. Guzmán confía en un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y recuerda la vocación de negociación del Gobierno expresada en el acuerdo con los bonistas. Para el ministro, el principal objetivo “es muy claro: primero, no queremos enfrentar pagos con el Fondo en el período de 2021 a 2024”.

El ministro defendió el impuesto a la riqueza que el oficialismo espera aprobar en el Congreso. Dijo al respecto que “esta medida implica que una porción muy pequeña de la sociedad contribuya para mejorar la situación, siendo que está en condiciones para hacerlo”.

A pocas horas de presentar el proyecto de presupuesto, confió en un crecimiento de las exportaciones y de la actividad económica en general, aunque lo condicionó a los efectos todavía no precisados de la pandemia, el año próximo.

Si bien defendió el congelamiento de tarifas de los servicios públicos, Guzmán adelantó que “la ley de presupuesto 2021 contempla un esquema de subsidios que no crecen sobre el producto, lo que implica redefinir el esquema de actualización de tarifas”.

En una entrevista exclusiva con la nacion, el ministro de Economía contó en qué consiste la reforma tributaria y qué piensa del impuesto a la riqueza y de la reducción de un punto de la coparticipación a la Ciudad; también habló del futuro de las tarifas, del cepo al dólar y del presupuesto del año próximo

Comenzó la cuenta regresiva. El ministro de Economía, Martín Guzmán, ultima los detalles del proyecto de Presupuesto Nacional que el martes enviará al Congreso. Varias son las definiciones que se tejen por estas horas: la letra chica de una inflación proyectada en 29% para el 2021, de un déficit fiscal de 4,5% y de un crecimiento de la economía estimado en

5,5%. Sin embargo, más allá de esos indicadores, hay cuestiones de fondo que entraron de lleno al escenario político económico: desde la quita de

1% de coparticipación a la Ciudad de

Buenos Aires hasta los objetivos que se encaran en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ya comenzó. En un mano a mano exclusivo con la nacion, Guzmán respondió a todo: qué pasará con las tarifas, a cuánto estará el dólar, porqué la doble indemnización y la prohibición de despidos son medidas temporales y cuál es el futuro del cepo al dólar.

–¿Empezaron los mensajes por Whatsapp con Kristalina Georgieva, directora del FMI?

–Siempre hubo diálogo fluido con el staff del Fondo Monetario Internacional. Hemos construido un diálogo que ha sido muy valioso en el proceso de reestructuración de deuda y que continúa en un buen carril, dentro de un proceso que es muy complejo porque el país tomó, entre 2018 y 2019, un préstamo de una cuantía altísima. Nosotros tenemos que tener despejado el horizonte de la carga financiera en los próximos años y vamos hacia ese punto. Eso va a requerir de negociaciones que van a llevar a un tiempo.

–Formalmente, el proceso ya comenzó…

–Sí, ya se inició. Hubo una charla telefónica entre el Presidente y la directora gerenta del FMI, y esa misma tarde se envió la carta formal que firmé yo como ministro de Economía y que también firmó el presidente del Banco Central, para que las negociaciones se inicien. Eso ya está ocurriendo.

–Sin embargo, ¿es cierto que ya se habían reunido antes de asumir usted como ministro?

–Nos reunimos unos días antes de que yo asumiera formalmente como ministro, cuando ya estaba confirmado en el cargo. Y sí, desde el primer momento hubo un diálogo valioso. Es cierto que tenemos colegas muy cercanos con quienes compartimos una relación de colaboración, de trabajo, e incluso a veces de amistad [el economista

Joseph Stiglitz, mentor de Guzmán, es uno de esos colegas].

–¿Cuál sería el objetivo de esta negociación con el Fondo desde la perspectiva argentina?

–El objetivo es muy claro: primero, no queremos enfrentar pagos con el Fondo en el período de 2021 a 2024. Recordemos que cuando la Argentina se endeuda con el FMI, en 2018, la premisa del gobierno que nos precedió era que esto iba a restaurar la confianza en los mercados financieros internacionales y que, de esta manera, iba a reducirse el costo del crédito, con menores tasas

para poder acceder a un fondeo, repagar ese crédito y seguir con el programa económico que estaba implementado. Claramente, eso no sucedió; la economía profundizó sus problemas y la recesión se acentuó. Ahora, nosotros tenemos que bajar eso. El programa estará basado en que no hay estabilización posible sin recuperación económica.

–Sin embargo, desde la oposición sostienen que las grandes cuentas macroeconómicas quedaron más ordenadas y que eso podía verse por ejemplo en la reducción del déficit fiscal…

–Claramente, cuando uno ve el balance fiscal detecta que veníamos con una carga de deuda insostenible. No fue así desde ningún punto de vista: deuda insostenible significa que se violentaron las finanzas públicas, quedaron en una situación de muy fuerte deterioro y por eso no podía pagarse la deuda. De hecho, subió mucho la carga de intereses; el déficit primario fue bajando de una manera que no estaba alineada con el crecimiento de la actividad y, por el contrario, el proceso de endeudamiento llevó a un aumento muy importante de los intereses y a un costo del crédito que terminó siendo prohibitivo. La Argentina tenía un riesgo país de más de 2000 puntos básicos cuando asumimos. Hoy está en 1108 y eso es efecto inmediato del proceso de reestructuración de la deuda, y en la medida en que la Argentina vaya normalizando su situación macroeconómica esperamos que ese indicador siga bajando.

–Trascendieron varios números sobre el Presupuesto 2021. ¿La inflación se calcula en 29%?

–No puedo andar dando precisiones de este tipo ahora, porque el martes vamos a enviar el proyecto. Lo que puedo contar es que va a ser una ley basada en un conjunto de principios. El primero es que es un presupuesto de transición macroeconómica que apunta a la recuperación de la actividad. Lo que buscamos es tener la posibilidad de darle un estímulo a la economía, pero el tamaño está limitado por las restricciones de financiamiento. Vamos con un esquema de incentivos a la economía en todo lo que se pueda, pero siendo respetuosos de las limitaciones de financiamiento. Vamos a anunciar un número concreto de déficit fiscal primario…

–El déficit fiscal será del 4,5% del Producto Bruto Interno...

–Dentro de ello hay una redefinición de prioridades, porque el gasto de capital se duplica respecto del de 2019. Va a ser de 2,2% del producto, y este es un rubro fundamental para la recuperación, porque hay un multiplicador macroeconómico grande asociado a la expansión de la obra pública, que le permite al sector privado enfrentar un ambiente más vibrante en condiciones de demanda.

–¿Cómo se va a financiar ese déficit de 4,5%?

–Esperamos que el financiamiento por parte del Banco Central vaya bajando, aunque no se va a poder prescindir del todo por un tiempo. Por eso buscamos normalizar las finanzas públicas, ir reduciendo las necesidades de financiamiento por parte del Banco Central, e ir bajando la inflación, que es un objetivo central.

–¿Cómo harán frente a la diferencia? ¿Van a buscar endeudamiento externo?

–Apuntamos a que el financiamiento sea en moneda propia, en pesos. En esto hemos venido trabajando fuertemente en estos nueve meses de gestión, con la idea de reconstruir el mercado de deuda pública en pesos y el mercado para financiamiento y ahorro en pesos. Se ha ido experimentando una dinámica positiva en ese frente y hoy estamos teniendo más posibilidades de financiamiento en nuestra moneda, e incluso yendo a pesos en parte de la deuda pública que estaba en dólares, y el acuerdo de la deuda en dólares, que a la Argentina le trae beneficios por distintas razones: le da más robustez al mercado de deuda en pesos, entre otros aspectos. El arreglo de la deuda le quita una carga al Estado que, si la tuviese encima, afectaría la posibilidad de hacer políticas públicas para la recuperación y el desarrollo de una forma que sería muy nociva.

–Hubo quien habló de un “plan Marshall criollo”…

–Nosotros tenemos un objetivo central que es tranquilizar la economía, y se va a dar sin planes ni promesas rimbombantes, porque eso no ha dado resultado positivo para la Argentina. Esto es un plan para la recuperación económica dentro de un marco de consistencia macroeconómica. Por supuesto, se asume que la pandemia cede, porque de lo contrario deberemos adecuar los planes presupuestarios, y nos hemos reservado la posibilidad de hacer ajustes si no cediera.

Asumiendo que la pandemia cede, ya no necesitamos gastos que eran para esta situación, y se pronostica un aumento de los ingresos fiscales consistentes con la recuperación de la actividad; aumenta el gasto en capital y por supuesto que Salud, Educación, Innovación y Desarrollo van a tener una partida mayor.

–¿El IFE, el ATP y demás planes desaparecen?

–Exactamente; se asume que esas partidas eran necesarias en forma extraordinaria por la pandemia. Saliendo de esa situación, vamos hacia una Argentina que apunte hacia cinco objetivos: inclusión social, que requiere crear trabajo; dinamismo, que requiere agregar valor a la producción; estabilidad, que requiere que el país a medida que se recupera genere condiciones para que las exportaciones crezcan y no volvamos a chocar con un problema de falta de dólares; equidad regional, para que el desarrollo sea federal, y soberanía económica, para ser dueños de nuestro destino. Esos cinco objetivos se respetan en el Presupuesto.

–Pero también existe un cepo al dólar cada vez más estricto..

–Con el Banco Central venimos coordinando toda la política macroeconómica desde el primer día de Gobierno.

–Se habla de discusiones e incluso de “internas” con el Central respecto del devenir del cepo...

–No. Hay una discusión, que es sana y que siempre se requiere que exista, porque así se logra tener un espacio de políticas públicas que sea producto de reflexiones. Hemos venido acompañando todo el proceso de reducción de tasas de interés, que cuando asumimos estaba en 62% en el caso de la tasa de referencia de las Leliqs y ahora está en 38%. Eso era parte del objetivo para que las empresas, sobre todo las pymes, asuman condiciones crediticias distintas. Obviamente que la pandemia llevó a que esto se viera alterado.

–¿El cepo llegó para quedarse?

–El cepo claramente no es una característica de la economía permanente ni estructural, sino algo que está presente porque se está resolviendo un problema de crisis macroeconómica. Recordemos que el cepo fue instalado por la administración anterior en un momento de suma volatilidad. Nosotros apuntamos a un horizonte en el cual haya otro esquema de regulaciones de la cuenta de capital, no como el del gobierno anterior que eliminó prácticamente la cuenta de capital, pero sí que haya regulaciones macro prudenciales para favorecer la Inversión Extranjera Directa (IED) en el país, pero desfavorecer la entrada de capitales especulativos que generan inestabilidad macroeconómica en vez de generar más capacidad productiva. Limpiar los efectos de la bicicleta financiera ha sido uno de los objetos de nuestra política, pero para llegar a eso hay que generar robustez, resiliencia, y hay que acumular reservas internacionales.

–¿Es sustentable tener 3,9 millones de argentinos comprando de 200 dólares cada mes?

–Es un síntoma de una situación en la que hay claros desequilibrios que queremos corregir, pero queremos ir en la senda hacia la normalización, no hacia cerrar aún más, porque eso sería una medida para aguantar. Nosotros no venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía.

–¿Cómo ve la situación de empresarios argentinos que ya partieron a Uruguay?

–Nosotros hemos querido establecer medidas para favorecer la inversión privada. Obviamente, todavía hay incertidumbre en el sistema económico argentino por la situación de la pandemia y por el hecho de que los problemas macroeconómicos no se resuelven de un día para el otro, pero la regularización del mercado de deuda pública en pesos, la reestructuración de la deuda externa, y el proceso de haber reducido la estructura de tasas de interés son pasos que van en la dirección de generar más certidumbre. Obviamente que falta más, y aspiramos a transitar ese camino.

–Concretamente, ¿qué aporta el Presupuesto 2021 en ese sentido?

–Establece proyecciones plurianuales y busca marcar el horizonte por el cual la Argentina va. Es un camino de consistencia macro y es normal que tras el colapso del sistema que rigió entre 2015 y 2019 haya falta de confianza. Creemos que la Argentina va a transitar ese camino, pero no sucede de un día para el otro la resolución de estos problemas.

–El Presidente sorprendió al sacarle un 1% de la coparticipación a la Ciudad para darle a la Provincia. ¿Cómo lo ve como ministro de Economía, considerando que la Ciudad anticipó que recurrirá a la Corte?

–Es una medida que corrige una situación anómala que sucedió cuando el Gobierno de Juntos por el Cambio le dio al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de forma discrecional un monto de coparticipación mayor del que era requerido para financiar el traspaso de la Policía Federal a la Ciudad, en un contexto en el que ambas administraciones eran socios políticos. Por eso se toma esta medida.

–La argumentación de la Ciudad es que es inconstitucional.

–Yo no quiero hacer interpretaciones que no me corresponden, pero desde el punto de vista de la economía, se corrige una situación anómala.

–¿Es necesario un impuesto a la riqueza?

–Es positivo. Pero no se llama así, sino que es una contribución solidaria de una vez. Estamos en un contexto de pandemia que ha golpeado fuertemente en todo el mundo; la economía mundial está cayendo a niveles sin precedentes en la historia del capitalismo moderno, y las restricciones al financiamiento se vuelven más férreas. Todas las medidas tienen disyuntivas asociadas, pero esta medida implica que una porción muy pequeña de la sociedad contribuya para mejorar la situación, siendo que está en condiciones para hacerlo.

–Usted habla de atraer inversiones, pero en paralelo se congelan tarifas, se considera a las telecomunicaciones servicios esenciales…

–Son medidas que tienen que ver con administrar una situación de emergencia económica que recibimos y que se profundizó con la pandemia. El esquema de tarifas tiene que balancear con los objetivos de inversión y generar costos razonables para la producción y el consumo, en un contexto en el cual tenemos que tener en cuenta el impacto que la normalización tiene sobre lo macroeconómico.

–¿Qué pasará con las tarifas?

–La ley de Presupuesto 2021 contempla un esquema de subsidios que no crecen sobre el producto, lo que implica redefinir el esquema de actualización de tarifas.

–Esta semana, la policía bonaerense fue protagonista de un pedido de aumento salarial y de una puja distributiva que quedó expuesta. ¿Qué balance hace de lo ocurrido? ¿Cree que puede extenderse a otras actividades?

–En toda situación en la que se reduce la porción de la torta a repartir, los conflictos distributivos afloran. Esta es una situación inevitable en un contexto de pandemia; si cediese, el país tendría condiciones totalmente diferentes para la recuperación. Ahora buscamos administrar el inevitable conflicto en este contexto para mantener una sociedad equilibrada.

–Tengo entendido que trabaja junto al ministro Matías Kulfas y a la AFIP en un proyecto para ampliar la base tributaria en cuestiones como los precios de transferencia, la planificación financiera de las empresas… ¿qué se está trabajando sobre eso?

–Con el gabinete económico hay un trabajo muy coordinado, que no solo integran el fisco y el ministerio de Desarrollo Productivo, sino también el Ministerio de Trabajo, la Jefatura de Gabinete y el Banco Central. Hoy tiene un rol central que es coordinar medidas para administrar las consecuencias de la pandemia. En cuanto a lo tributario, planeamos enviar unas semanas después del proyecto de Presupuesto un proyecto que busca corregir cuestiones imprescindibles.

–¿En qué se basa concretamente?

–Este proyecto se basa en cinco principios, que son la sostenibilidad fiscal, ya que en 2017 se llevó a cabo una reforma tributaria que se diseñó con el principio de que iba a generar mayores incentivos a la producción y más oferta a la economía, y eso claramente no sucedió y puso al fisco en una situación que contribuyó al problema de insostenibilidad fiscal. A eso hay que corregirlo. El segundo principio es la progresividad; el tercero, darle más simplicidad. Como cuarto objetivo nos planteamos la coordinación a nivel federal, y el quinto es que haya más incentivos a la producción, el empleo y la formalización.

–También se habla de una investigación de firmas con sede en Delaware…

–Bueno, esa es una dirección en la que efectivamente la Argentina tiene un camino por recorrer y en la que queremos avanzar. La cuestión de los precios de transferencias es un tema muy importante para la administración y la política tributaria, y sí que buscaremos corregir ciertas cuestiones.

–¿La prohibición de despidos es una medida transitoria o permanente?

–No, no es permanente, es una cuestión que forma parte de administrar esta emergencia económica.

–¿Y la doble indemnización?

–Siguen asociadas.

–¿Qué proyección tienen con respecto al dólar?

–Apuntamos a un tipo de cambio real estable en el período que va del 10 de diciembre de 2019 y el 31 de diciembre de 2021, que se mueve de la mano con la inflación.

–¿El impuesto PAIS continúa?

–Eso continúa.

–¿Qué es para usted lo más complejo para estabilizar?

–Lo que toca es recuperar la actividad económica al tiempo que las cuentas públicas se van ordenando; ir bajando la inflación, que no se puede de un momento a otro. Es una cuestión que nos importa porque tiene consecuencias para el funcionamiento de la economía, pero queremos hacerlo todo a una velocidad que implique que el esquema sea sostenible, y no plantear objetivos que se contradicen entre sí, porque eso termina siendo perjudicial.  

 

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