La ministra Felisa Miceli, ahora más aliviada en la batalla semanal por los precios que libra con variada artillería el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, comenzó hablar más seguido con sectores empresarios. La titular de Economía recibió varios mensajes de alerta en estas semanas por las inversiones y el clima de negocios, y prestó especial atención a los detalles que le hablaron en privado los ejecutivos más importantes del país en el último almuerzo con que la agasajó la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).
Las primeras señales empresarias que decodifican en el Palacio de Hacienda son alentadoras para el Presidente. La mayoría de los hombres de negocios supone que su actividad seguirá siendo rentable en el corto plazo, apuestan a otro año con fuerte crecimiento y observan muy despejado el camino para la reelección del presidente Kirchner en 2007. Pero no se anuncian nuevas inversiones de envergadura. Los hombres de AEA, por ejemplo, le explicaron a Miceli que, en general, las obras o ampliaciones que ahora se están inaugurando fueron decididas hace 2 o 3 años. Hay poco anuncio y se demoran decisiones para el futuro.
Hay algunos datos adicionales que llegaron a los despachos de Economía, tal vez con la esperanza de que llamen la atención del Gobierno. Por lo pronto la última encuesta de FIEL sobre la percepción de pequeños y medianos empresarios es elocuente: 85% teme invertir por la excesiva presión tributaria y 64% manifestó preocupación seria por lo que consideran un incierto clima de negocios. En la UIA, a la vez, se consideraba un mazazo la noticia de que, por razones fiscales, el Congreso podría seguir trabando el proyecto que premia la reinversión de utilidades con menos impuestos. "Está clara la señal", despotricaba ayer un dirigente pyme de la central fabril. "Cuando empiece a bajar el superávit, nos van a volver aumentar los impuestos", concluía. A propósito de inversiones, no pasaron desapercibidos entre los industriales dos datos objetivos que se hicieron públicos esta semana: la encuesta de la consultora internacional PriceWaterhouseCoopers (50% de los ejecutivos consultados en todo el mundo no recomiendan Argentina para invertir, y ese porcentaje sube a 62% entre las respuestas de brasileños), y el resultado de las importaciones del primer trimestre, que revela que cayó levemente la compra de máquinas y equipos para la producción respecto del año pasado.
Entre las multinacionales, el tema preferido para preocuparse en estas horas es la cuestión regional. Quedó plenamente confirmado el anticipo que esta columna reveló hace dos semanas, en el sentido de que para el presidente Kirchner ahora hay un nuevo Mercosur, que pasa básicamente por Brasil y Venezuela. Fue precisamente una de las señales que se destacó en los contactos que Jefe el de Estado mantuvo en Viena con periodistas y empresarios que lo acompañaron. "Pero sería bueno saber si vamos a ser Brasil o Venezuela, no es lo mismo", discutían en una alimentaria de capital estadounidense, una compañía líder con años en el país, pero cuyos ejecutivos locales no logran convencer a sus jefes en EE.UU. para que apuesten con una inversión adicional de u$s 100 millones en Argentina. Más elocuente estuvo ayer el ministro de Hacienda español, Pedro Solbes: despotricó duramente contra la expropiación de acciones petroleras de los fondos de pensión en Bolivia (afectó intereses del BBVA), y reconoció que las inversiones españolas en la región estarán orientadas a México, Chile y Brasil. Se olvidó curiosamente de Argentina, a horas de haberse confirmado la visita de Estado de Néstor Kirchner a Madrid para mediados de junio.
Volviendo al tema alimentos, precios y cuestiones locales, se afirma que el Gobierno deberá encontrar una salida para garantizar la operación de una de las compañías más tradicionales en el sector lácteo, ya que podría no resistir por mucho tiempo más los precios congelados. La presión del Ejecutivo sobre las alimenticias por el tema precios se sigue en estas horas como un caso testigo, en especial el rubro aceites y gaseosas, además de artículos de limpieza y tocador. Es que el inagotable Guillermo Moreno advirtió que no permitirá aumentos que no estén autorizados por su oficina en función de los análisis de costos y rentabilidad que pretende imponer el Gobierno. Hay realidades ingobernables: como se frenó la exportación de carne, comenzó a escasear el cuero (se quejan los textiles), pero sobre todo la grasa vacuna, que subió 60% en 3 semanas e impacta de lleno en la producción de alimentos y jabones. Trascienden métodos no tradicionales que se elucubran en despachos oficiales para disciplinar a los empresarios con los precios, pero en verdad nadie sabe realmente qué legislación utilizaría el Estado en caso de que alguna empresa se resista a los limites. Tampoco se entiende entre industriales de la alimentación lo que consideran una excesiva prescindencia del ministro Carlos Tomada en el conflicto de las empresas con el sindicato que no termina de controlar uno de sus históricos dirigentes, Rodolfo Daer, sobrepasado por bases más combativas que hace semanas están potenciando los conflictos en las fábricas. "No aceptan el límite de 19% en el aumento salarial, pero Tomada no dispone la conciliación obligatoria", se quejan los asesores legales del lado empresario, que suponen que la cuestión de los salarios debería ser muy cuidada para mantener los acuerdos de precios.
Entre industriales preocupa mucho el futuro político en Brasil, además de las novedades y peleas en el Mercosur. "En octubre hay elecciones y es crucial que gane Lula", advertía un economista cercano a la UIA. Para los industriales argentinos, una derrota del actual presidente de Brasil sería el retorno al poder económico en pleno del lobby industrial de San Pablo, y temen que el real caiga por encima de 2,60 contra el dólar, lo cual complicaría seriamente la competitividad de las exportaciones argentinas.
De todos estos temas ahora los empresarios también han encontrado un nuevo y más que interesante interlocutor que los escucha: Roberto Lavagna. El ex ministro de Economía reactivó los contactos y encuentros con hombres decisivos de los principales grupos económicos (prefiere los desayunos, siempre que haya jugo de naranja) y ya confirmó la primera agenda de conferencias para reaparecer en público. Dicen sus allegados que puede haber novedades interesantes en la charla que mañana dará Lavagna a los ex alumnos de la Universidad Austral. Habrá otra en Entre Ríos la semana próxima, tierra que exigirá a Lavagna definiciones sobre el conflicto con Uruguay. Lo primero que quieren saber los empresarios es si va en serio la versión de que podría enfrentar a Kirchner en 2007 como candidato a Presidente, pero el ex ministro no brinda respuestas directas. Considera que tiene antecedentes ganados para opinar sobre cuestiones centrales del país (eso en idioma político significa que supone que tiene derecho a candidatearse), reitera siempre que no es ni será un opositor, y sus pronósticos económicos mantienen el optimismo para los próximos trimestres. Pero a Lavagna le gusta ahora hablar del riesgo de los entornos. "Lo mejor de este Gobierno es sin duda el Presidente", es una de sus nuevas frases preferidas. Quienes lo interpretan agregan: "Roberto dice que el principal problema hoy es que las soluciones que le acercan a Kirchner para cada problema son de malas a peores". Más allá de las objeciones públicas que realizó el ex ministro (no abusar con los controles de precios o evitar que Chávez domine el Mercosur), se reiteran en su entorno observaciones a la política de infraestructura: Lavagna hubiera preferido más trenes de carga y menos trenes bala. Algo similar opina sobre el supergasoducto desde Venezuela. "Cuentos chinos", disparan en su entorno.
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