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| El camino virtuoso al dólar competitivo |
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02/12 - 09:58 Daniel Gustavo Montamat - Economista |
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La austeridad fiscal y la inversión productiva son los caminos obligados para evitar una apreciación artificial del peso en el corto plazo. Esa política no es incompatible con el rol de los planes sociales
En el largo plazo, el tipo de cambio real depende de la productividad media global del sistema económico. En el corto plazo, para evitar apreciaciones artificiales de la moneda, y consolidar un proyecto de productividad y exportaciones, hay que transitar el camino de la austeridad fiscal y de la inversión productiva.
La oferta y demanda mueven la cotización de la divisa americana y se reflejan en la paridad nominal en un sistema de flexibilidad cambiaria. Los dólares que ingresan los exportadores, los turistas que nos visitan, o la entrada de capitales, surten la oferta. Los dólares requeridos para importar, para viajar al exterior, pagar servicios de la deuda, repatriar utilidades, o la salida de capitales, constituyen los principales rubros de la demanda. La entrada y salida de capitales en un mundo de alta volatilidad financiera es de difícil control y puede producir cambios bruscos en la cotización del dólar.
Para minimizar su impacto de corto plazo, es necesario explicitar la estrategia de crecimiento y desarrollo que se persigue y articular una política consistente con ella. En el despegue argentino es necesario un tipo de cambio alto que el crecimiento de la productividad global irá abaratando de manera que podamos competir en la región y en el mundo con trabajo productivo y salarios dignos. Ese objetivo exige consistencia macro y microeconómica. Muchos defensores del tipo de cambio alto y competitivo postulan la prodigalidad fiscal y la autarquía económica. Logran su propósito por reducción al absurdo. En efecto, las contradicciones de la política económica espantan a los capitales y exacerban la demanda de dólares. El tipo de cambio se dispara y así se mantienen las ventajas de la producción exportable y de la sustitución de importaciones, pero a costa del empobrecimiento del resto de los compatriotas. La exportación de saldos con recurrentes explosiones cambiarias es parte de nuestra historia de desaciertos.
Para privilegiar la producción exportable y el valor agregado, hay un sólo camino para sostener un tipo de cambio alto y competitivo con política fiscal y monetaria coherente. Hay que mirarse en el espejo de Chile. Después de la explosión cambiaria de 1982 y a partir del rumbo definido en 1985, Chile sostuvo su tipo de cambio alto con esfuerzos fiscales sostenidos, que le permitieron reducir la carga de la deuda (de más de 100% del producto a menos del 30%), y con mayor apertura económica. La demanda de dólares del Gobierno y de los importadores contribuyó a neutralizar el efecto ingreso de capitales que la renovada credibilidad iba produciendo. Se usaron controles para disuadir a los capitales golondrinas, pero sus resultados hubieran sido inocuos si no se trabajaba sobre la demanda de dólares. También se alentó la radicación de inversiones chilenas en el exterior.
La inversión bruta de la Argentina en pesos constantes de 1993, según las cuentas nacionales, representó en 2002 el 11.3% del producto. En el 2003 alcanzaría el 13.6 por ciento. Todavía tenemos en promedio inversión neta negativa; es decir, no estamos reponiendo el capital que destruimos. Sin embargo, nuestra tasa de ahorro es de alrededor de 20 puntos del producto. El año pasado huyeron capitales del país, y este año, en menor medida, siguen huyendo. Cuando en 1998 la tasa de inversión era de 21% del PIB, la tasa de ahorro doméstico era de 15% del producto. La diferencia la explicaba el ingreso de capitales. ¿Cuál sería la cotización del dólar hoy si en lugar de huida de capitales, el ahorro doméstico se canalizara, como es deseable, a sostener tasas de inversión de alrededor de veinte puntos del producto? Habría más demanda de dólares de importación, pero recordemos que el Banco Central, incluso con fuga de capitales, ha estado interviniendo para sostener la cotización del dólar.
¿Que sigan huyendo los capitales para mantener un dólar alto? No, el camino es la austeridad del Estado y el logro de superávit consolidados y sostenidos para reducir la deuda, reestructuración mediante, lo antes posible. La austeridad fiscal no invalida el rol de las políticas sociales, facilita la eliminación de los impuestos distorsivos, y habilita el circuito de inversión y trabajo. |
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