Aunque cada vez se hace más fuerte la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) aumente los tipos de interés en su próxima reunión de junio,
los inversores han preferido mostrar cautela y no lanzarse a una compra masiva de euros. Sobre todo después de que ayer el presidente de la Reserva Federal (FED), Ben Bernanke, volviese a hacer hincapié sobre la
presencia de un “riesgo inflacionista” y de que en EEUU se conociese hoy un positivo dato en relación a la venta de viviendas nuevas, que aumentó un 4,9% en abril hasta alcanzar los 1,2 millones de unidades, por encima de lo que esperaba el consenso del mercado.
En este panorama, el euro no ha sabido sacar partida a la referencia macro de la zona euro, que confirma un crecimiento de la economía en el Viejo Continente. La encuesta IFO de Alemania registró 105,6 puntos en mayo, sólo dos décimas por debajo del resultado de abril, el mejor dato en 15 años. No obstante, el mercado tampoco se ha mostrado favorable a comprar la divisa europea tras la intervención de Nicholas Garganas, uno de los miembros del BCE, que ha advertido de que el aumento del ritmo económico europeo podría requerir una nueva subida de tasas, con lo que fortalece así las previsiones sobre un incremento en el cotización del euro. Puede que las consideraciones que ayer publicó la OCDE en relación al aumento de las tasas en la zona euro debían producirse de forma gradual y que éstas subidas podrían suponer trabas para el crecimiento económico de la eurozona pesase más sobre los inversores. Con estos datos, el euro se depreciaba un 0,3% frente al billete verde y se cambiaba a 1,2747 dólares. El BCE fijaba el tipo de cambio en 1,2851.
El yen ha vuelto a ser un día más el perjudicado en los principales cruces de divisas. Los rumores sobre una investigación que realiza la Organización Mundial de la Salud (OMS), ante un caso de contagio de gripe aviar entre humanos, han debilitado a la moneda japonesa en el transcurso de la mañana. Además, la intervención de uno de los miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI) han contribuido a que la moneda nipona perdiese fuelle, al coincidir con la política monetaria del Banco Central de Japón (BoJ), de mantener los tipos de interés a cero como medida para controlar la deflación que vive el país. En este sentido, el yen se depreciaba un 0,54% frente al dólar, y un 0,49% con respecto al euro.