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04/12 - 08:50 Diario Vasco |
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MANUEL PORTELA/
Por tercer día consecutivo el euro alcanzó ayer su máximo histórico frente al dólar. La moneda europea llegó a valer nada menos que 1,2146 dólares. No parece coherente que, si la economía de EE UU crece al 8%, se deprecie el dólar ante el euro y suba tanto el precio del oro (403,20 dólares/onza). Ni el crecimiento de la economía europea ni el de su productividad son mejores que los de la estadounidense. Tampoco las expectativas de una y otra economía favorecen esa cotización.
Esta extraña apreciación del euro se basa, por un lado, en los flujos de fondos que sospechan que el voluminoso doble déficit de EE UU (presupuestario y exterior) es ingobernable. Por otro lado, hay quien cree que la apreciación del euro es una consecuencia de una decisión política y no declarada de Washington para depreciar el dólar.
La Reserva Federal estaría haciendo política monetaria creativa y el Gobierno Bush respaldando una negligencia benigna para con el dólar. La caída forzada del dólar sería la mejor vía para conseguir la recuperación de la economía y la creación de empleo. Como esta tesis resulta creíble, los inversores (Soros, Buffett, los bancos asiáticos,...) querrían adelantarse para defender sus intereses. La apreciación del euro sería una consecuencia de una profecía autocumplida.
Si se cumplen las profecías (un euro en 1,25 ó 1,30 dólares), en la UE se reducirían las presiones inflacionistas de las importaciones en dólares. Pero la economía europea no podría recuperarse. Y los gobiernos tendrían una excusa con la que defender el incumplimiento del Pacto de Estabilidad y exigir del BCE una reducción de los tipos de interés para contrarrestar el efecto de la apreciación de la moneda.
Esta situación produce beneficios y perjuicios desiguales a la economía española. Poca cosa podemos hacer obtener los primeros y evitar los segundos. No tenemos peso suficiente. Todavía recibimos fondos comunitarios. No somos más que el 9% del PIB del conjunto de la UE. Y de ella dependemos.
La apreciación de euro puede reducir las tensiones inflacionistas en nuestra economía, pero dificulta el crecimiento de las exportaciones hacia nuestros principales clientes, Francia y Alemania. A corto plazo ganamos margen de actuación, pero a medio plazo sufriremos los efectos de la persistencia de la desaceleración de nuestros socios europeos. La guerra comercial que está desarrollando EE UU contra el resto de monedas de la OCDE no nos resulta beneficiosa para nada. |
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