Por Juan J. Llach - Son varias las novedades auspiciosas para las exportaciones argentinas en estos días. Ni China, que creció al 11%, ni la India ni Asia se están desacelerando, por ahora. La demanda china de commodities, que en 1990 no llegaba a 20.000 millones de dólares, saltó a 75.000 en 2001 y "amenaza" llegar pronto a los 200.000 millones. Una proyección reciente del Deutsche Bank estima que ella seguirá creciendo al 10% anual por los próximos diez años. Con los actuales precios del petróleo, como lo analiza brillantemente Lester Brown desde el Earth Policy Institute, hay una creciente competencia entre alimentos y biocombustiles por el uso de la tierra. Esto ya se ve en EE.UU., que en 2007 utilizará el 20% del maíz para producir etanol. Por cierto, los cambios técnicos desde la biotecnología y, por ahora menos probablemente, en fuentes energéticas alternativas, pueden hacer variar este panorama. Pero tal como lo sostengo hace tiempo, lo más probable es que los precios de las commodities en el primer cuarto del siglo XXI sean bastante más altos que los del último cuarto del siglo XX.
En el frente interno, los números del primer semestre muestran un saludable aumento de las exportaciones del 13% pero, reiterando lo ocurrido desde la devaluación, muy empujado por los precios (7%) y con el volumen físico creciendo sólo 5%. Esto se debe sobre todo a la caída de las cantidades exportadas de productos primarios (5%) y de energía y combustibles, que caen nada menos que 16%, aunque el aumento de precios del 36% les permitió subir 14% en valor. Más alentador se presenta el panorama de las manufacturas de origen agropecuario (MOA) e industrial (MOI) con, respectivamente, 3% y 6% de aumento de precios, 12% y 13% de aumento en cantidades y 15% y 20% de aumento en valor. Una primera, ingenua lectura, llevaría a la conclusión de que estamos logrando la "desprimarización" de las exportaciones. Pero otra realidad emerge cuando se advierte que los aumentos de MOA y MOI están muy concentrados, un 75% en el complejo oleaginoso, en el primer caso, y casi el 45% en los automotores, en el caso de las MOI.
Este perfil es similar al observado desde la devaluación, como puede verse en el cuadro. Apenas ocho rubros explican más del 83% del aumento de las exportaciones entre 2001 y 2005. Pero lo más preocupante es que todos ellos presentan problemas en cuanto a su proyección futura. Muy bienvenido sea el boom del complejo oleaginoso pero, sin necesidad de demonizar la "sojización", no es bueno depender tanto de una sola actividad (26,6% en 2005). El segundo rubro –energía y combustibles– desaparecerá como exportador sin una clara mejora de sus regulaciones y se perderán así en pocos años u$s 7.000 millones de exportaciones o 17,5% del total. Tercera en la tabla aparece la carne, pero el paro ganadero de estos días nos recuerda que el Gobierno ha optado por privilegiar el consumo interno en desmedro de la exportación, como si se tratara de un juego de suma cero. Lo propio cabe decir del octavo rubro, los lácteos, al que se acaba de castigar manteniendo las retenciones. El cuarto sector, la industria automotriz, depende mucho de acuerdos con Brasil que hoy están y mañana pueden no estar. Los tres rubros restantes, siderurgia, química y plásticos, edificaron su inserción externa, en buena medida, sobre ventajas competitivas como el costo de la energía y las reservas hidrocarburíferas que la Argentina está perdiendo.
La historia de las exportaciones de bienes revela pues que, a cuatro años y medio de la devaluación, la Argentina está lejos de haber avanzado significativamente en la construcción de una plataforma exportadora diversificada y sostenible. Por el lado de los servicios los datos son mucho más alentadores. El turismo ha crecido 103,9% entre 2002 y 2005 (no hay datos comparables del 2001), y es ya el tercer exportador con u$s 3.336 millones. La exportación de servicios técnicos y profesionales, por su parte, aumentó 116,7% y es el octavo sector exportador, con u$s 1.534 millones. Se está haciendo evidente una vez más que las ventajas competitivas más sólidas de la Argentina son los recursos naturales y el capital humano y que para construir la plataforma exportadora diversificada y sostenible debe alentarse decididamente la inversión en estos sectores. Leyes y proyectos como los de software, biotecnología y biocombustibles van en la dirección correcta, aunque sus beneficios deberían extenderse a todas las industrias que contraten capital humano e innoven. La política hacia los agroalimentos, en cambio, es totalmente equivocada y debería corregirse cuanto antes. Es cierto que los efectos positivos de las devaluaciones sobre la exportación suelen ser lentos, como lo muestra Brasil. Pero para ello hacen falta buenas políticas.