Con la reunión de la Reserva Federal en perspectiva, los inversores han optado por recoger beneficios del euro ante lo que el equipo de Ben Bernanke pueda anunciar mañana. Una decisión que por cierto aún no tienen los expertos claros, aunque cada vez barajan más una tregua en las subidas de tipos de interés. En esta situación, y con los nuevos máximos a los que ha llegado el precio del barril de crudo internacional, por encima de los 77 dólares, el billete verde ganó terreno a la moneda única después del golpe sufrido el viernes con los datos de creación empleo.
Sumergido ya en pleno agosto, el mercado ha contado hoy con referencias macro poco relevantes, entre ellas, la encuesta PMI para el sector minorista en la zona euro que bajó en julio hasta los 53,8 puntos frente a los 55,1 registrados en junio. También se publicó la producción industrial del Reino Unido, que cayó un 0,1% en junio debido una inesperada disminución de la producción y el suministro de energía. Sin embargo, ninguno de los datos tuvo a penas repercusión en la jornada de divisas, centrada en el encuentro de la FED y en los reiterados riesgos inflacionistas que se advierten desde el Banco Central Europeo (BCE).
Klaus Liebscher, un miembro del Consejo de Gobierno de la autoridad monetaria europea, ha anunciado que habrá nuevos encarecimientos del precio oficial del euro con el objetivo de contener las presiones inflacionistas en alza, aunque negó que en la reunión que el BCE tuvo el pasado jueves se hubiese alcanzado todavía un acuerdo a este respecto. No obstante, los inversores seguían mostrado cautela frente a la divisa comunitaria ya que las palabras de Liebscher no aportan nada nuevo con relación a las dichas por Jean-Claude Trichet. El euro se depreciaba así un 0,22 frente al billete verde a primeras horas de la tarde y se cambiaba a 1,2787 dólares. El BCE fijaba el tipo de cambio oficial en 1,2850 dólares.
Al otro lado del Atlántico, con escasas referencias macro, los analistas seguían discutiendo sobre lo qué pasará mañana en la reunión de la FED. Cada vez son menos los que auguran una nueva subida de tipos, después de las señales de enfriamiento de la economía estadounidense que recibieron la semana pasada. Pero ante tanto incierto y al golpe que los principales mercados están sufriendo por los nuevos récord del grupo, los inversores se han traído parcialmente atraídos por la moneda estadounidense.
La otra parte de los compradores miraba hacía la libra esterlina, que desde las últimas semanas está ganando un especial protagonismo reforzado con la sorprendente subida de tasas por parte del Banco Central de Inglaterra (BoE). Las advertencias que se hicieron desde este órgano británico sobre seguir endureciendo la política monetaria han hecho que la moneda del Reino Unido se revalorice un 0,3% frente al euro y un 0,19% con respecto al dólar.