Los inversores recibieron con buen humor el dato de los 128.000 nuevos empleo que se han creado durante el mes de agosto, por encima de las previsiones. La cifra no fue excesivamente fuerte, según los expertos, pero lo suficiente como para dar un empuje al billete verde. Pero débil. La posibilidad de que la Reserva Federal suba los tipos de interés, que volvió hoy a los mercados, se vio reducida después de que el dato de gasto en construcción cediese un 1,2% en julio, el mayor descenso desde agosto de 2001. Esta referencia se suma además a los malos datos sobre construcción de viviendas nuevas publicados en días anterior.
Ni siquiera el índice de confianza de la Universidad de Michigan desequilibró la balanza. En agosto llegó a los 82 puntos, frente a los 78,7 que registró en julio. En este contexto, el billete verde subía cerca de un 0,07% frente a la moneda única a primera hora de la tarde. El euro se cambiaba a 1,2881 dólares y el Banco Central Europeo fijaba el tipo de cambio oficial en 1,2817 dólares.
En el Viejo Continente, comienzan a aparecer datos que revelan una débil desaceleración. Si bien la segunda revisión del PIB del periodo abril-junio sigue mostrando señales de crecimiento con respecto a los tres primeros meses del año, hoy se ha conocido que el PMI manufacturero de la zona euro cedió hasta los 56,5 puntos en agosto, desde los 57,4 puntos de julio. El dato es peor de lo esperado por el consenso de los analistas, aunque todavía sigue mostrando una expansión de la actividad. De hecho, el propio presidente del BCE, Jean-Claude Trichet reconoció ayer que el crecimiento registrado en la eurozona ha sido mejorado sus previsiones.
En Japón, el yen se sumaba a las subidas después de que el secretario del Tesoro de EEUU, Henry Paulson, declarase que intentará persuadir a China para que eleve el valor del yuan. Una meta, que a juicio de algunos analistas, es bastante difícil de conseguir. De hecho, la moneda nipona se apreció un 0,2% frente al euro.