El euro se desinflaba en la jornada de hoy, tras el ligero rebote que protagonizó ayer gracias a las palabras del presidente del Banco Central Europeo (BCE) que indicó que se vivirían nuevas subidas de tipos. Hoy,
el protagonismo lo tuvieron los IPC, tanto de EEUU como de la eurozona. Tanto uno como el otro se han situado en línea con lo previsto, pero el billete verde lograba ganarle terreno a la divisa comunitaria al contar con otros datos macro de interés y al aprovecharse de la leve recogida de beneficios de las subidas que ayer vivió la moneda comunitaria.
La recta final de la semana se ponía interesante. Con la reunión del G-7 a la vuelta de la esquina y el cónclave de la Reserva Federal (FED) previsto para la semana que viene, se conocía hoy el Índice de Precios al Consumo (IPC) estadounidense de agosto. El ritmo alcista de los precios al consumo en Estados Unidos registró una desaceleración en agosto al situarse la tasa de inflación en un 0,2% con respecto a julio, cuando la subida fue del 0,4%. La tasa subyacente se situó en línea con lo esperado. Pese a que este dato mostraba una moderación en la inflación, los inversores estadounidenses también contaban con el dato de la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan que se ubicó por encima de las previsiones. La confianza del consumidor en Estados Unidos se situó en 84,4 puntos en septiembre, frente al 82,0 del mes pasado. La previsión media de los analistas apuntaba a que el índice se situaría en 83,5 puntos.
En la eurozona también se contó con el dato del IPC. Esta referencia tampoco sirvió de mucha ayuda para hacer revivir las alzas a una divisa comunitaria algo debilitada tras las tímidas subidas de ayer. Este dato se quedó en línea con lo esperado por los analistas. Este indicador no provocó sorpresas al subir una décima el pasado mes, lo que dejó la tasa interanual en el 2,3% esperado. Además, el IPC subyacente se quedó una décima por debajo de las estimaciones de los analistas. De poco le servía a la moneda única el empujón alcista que le propiciaron las palabras de Jean-Claude Trichet en las que señaló que hay que tener un severo cuidado con la inflación e indicó que se realizarían nuevas subidas en las tasas de referencia.
El billete verde se apreciaba frente a la divisa comunitaria cerca de un 0,6%, gracias a que el dólar supo sacarle partido a los datos publicados y a la pérdida de fuelle del euro. La divisa comunitaria se cambiaba, poco antes de que cerraran los mercados del Viejo Continente, en 1,2645 dólares. El BCE fijaba el cambio oficial en 1,2675 dólares.
La actualidad arrancaba con dos malas noticias para la economía japonesa. Por un lado, el índice terciario diseñado para medir el gasto en el sector servicios, cayó en julio un 0,2%, segundo recorte consecutivo. Además, el indicador adelantado para el conjunto de la economía nipona fue revisado a la baja en julio hasta 27,3 puntos, muy por debajo del dato inicial del 40, que ya estaba por debajo de los 50 puntos indicando debilidad económica a corto plazo. A pesar de estas referencias, los inversores nipones se mostraban más atentos a lo que se dirá en la reunión del G-7 en la que se pretende que se flexibilice al yuan, algo que repercutirá, sin duda, sobre la moneda japonesa. El yen se apreciaba cerca de un 0,6% frente a la divisa comunitaria y se mantenía prácticamente plana frente al dólar.