
Por Un análisis de JUAN LLOBELL - Expansión - El nuevo gigante mundial de los derivados de Chicago, fruto de la compra del mercado de futuros Chicago Board of Trade (CBOT) por parte de su viejo rival Chicago Mercantile Exchange (CME), no va a pasar inadvertido. Sino más bien, promete catalizar la actual ola de consolidación de plataformas financieras a escala planetaria. Pero además anuncia una mayor presión para que la Bolsa de Nueva York y el Nasdaq que están cortejando a Euronext y la Bolsa de Londres, respectivamente aceleren sus planes de "matrimonio transatlántico".
En el frente norteamericano, se suponía que los dos competidores tenían un gran margen de recorrido para ganar tamaño vía adquisiciones. La fusión de Chicago, que dará lugar a una empresa de más de u$s 25.000 millones con un volumen de negocio de 9 millones de contratos diarios que ascienden a u$s 4.200 millones, quita un apetecible pedazo de mercado. Su tamaño infunde demasiado respeto y obligará principalmente a la Bolsa de Nueva York (NYSE) a acelerar su proyectada pero fusión transoceánica.
EscollosNYSE acordó en junio pasado la unión con Euronext por un valor de u$s 20.000 millones. Aunque el consejero de la institución europea, Jean- François Theodore, dio a entender que tal integración sería rápida y no entrañaría grandes escollos a diferencia de una integración paneuropea con Deutsche Boerse, lo cierto es que hay muchas piedras en el camino.
Muchos políticos continentales están en contra de la operación y prefieren una consolidación "a la europea". "En condiciones de igualdad, mi preferencia personal es a favor de una solución europea", indicó Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo.
El presidente francés, Jacques Chirac, por su parte, no vió con buenos ojos la alianza atlántica desde el principio mientras que su homólogo italiano y ex presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, dice que una fusión Euronext-Deutsche Boerse "ayudaría a la Europa naciente". Mientras, y hasta que llegue diciembre, que es cuando los accionistas de la plataforma bursátil con sede en París tendrán que dar su bendición o rechazar el proyecto, la plaza alemana sigue moviendo fichas para frustrar la operación.
Así, cerró un pacto con la Borsa Italiana que es un amago de fusión. Otro problema es que los títulos de la Bolsa de Nueva York se desinflaron desde que saltó a la plaza a principios de año y ello motivó que algunas voces planteen la necesidad de reponderar el "matrimonio".
Bajo los términos de la propuesta de unión "entre iguales" que valora la plataforma europea, formada por Francia, Bélgica, Holanda y Portugal, en 7.780 millones de euros, la plaza de Wall Street ofrece 0,98 acciones propias y 21,32 euros en efectivo por cada título del mercado con sede en París. La operación, sin embargo, es menos equitativa de lo que parece.
John Thain será el nuevo consejero delegado del grupo naciente mientras que Jean-François Théodore tendrá que conformarse con ser su mano derecha. Los americanos también se reservan el cargo de director general financiero y se quedan con la sede, que estará radicada en Nueva York. Además, el consejo de Administración tampoco será paritario: 11 consejeros serán norteamericanos y 9 europeos.
La Bolsa de Nueva York y Nasdaq, que tiene un 25% de la plaza londinense y también se enfrenta a un cierto proteccionismo británico en su afán de sumar su presencia en el capital, luchan por mantener a flote sus ganancias ante la caída de los costos de transacciones y la mayor competencia internacional.
Además, la asfixiante ley Sarbanes-Oxley está animado a muchas compañías norteamericanas a cotizar en las bolsas europeas, hoy más profundas y líquidas. Y en esta lucha por no perder mercado, Nasdaq le está comiendo parte de la cuota a su rival, que está descendiendo.