El riesgo país, una tasa que representa el costo adicional que los inversores le demandarían a un Estado para prestarle dinero respecto del que le pedirían al Tesoro de Estados Unidos (considerado a estos efectos, el pagador más fiable), retrocedió ayer hasta su mínimo histórico, al cerrar en 280 puntos.
No mostraba un nivel semejante desde mediados de agosto de 1997, cuando la Argentina de la convertibilidad, las privatizaciones y los mercados desregulados eran la "niña mimada" del mercado financiero mundial, tras haber superado la prueba que supuso la crisis del tequila. De allí en más comenzaría a requerir asistencia cada vez más asiduamente para saldar su déficit fiscal.
El dato, que representa el piso de una medición que arrancó en 1993, mostraba entonces a la Argentina con un riesgo "similar al de México y sensiblemente inferior al de Brasil", recordó ayer a pedido de LA NACION el entonces secretario de Finanzas, Miguel Kiguel.
La marca de ayer fue el resultado de una nueva oleada de inversiones en bonos, similar a las que se repitieron de manera espasmódica (se concentran en dos o tres jornadas y con periodicidad cada vez menor) en las últimas tres semanas.
En esta ocasión, el fenómeno va en aumento y lleva tres ruedas seguidas. Pero parece en condiciones de prolongarse, como permitirían inferirlo las compras posteriores al cierre que se registraron ayer en Nueva York e hicieron retroceder, por momentos, el índice que mide el banco de inversión JP Morgan hasta los 277 puntos.
La evolución del volumen de negocios con bonos en la plaza local refleja claramente esa tendencia. El monto de las transacciones, sumando lo operado en la Bolsa porteña y el Mercado Abierto Electrónico (MAE), había totalizado unos $ 760 millones el lunes. Desde entonces se fue dinamizando: subió a $ 1482 millones el martes, a $ 1560 millones anteayer y escaló hasta los $ 2060 millones ayer.
Esa demanda es la que hizo subir progresivamente el precio de estos bonos y le permitió a la Argentina acortar la brecha que la separa de Brasil, la que se había estabilizado de julio en adelante en torno de los 110 puntos básicos y ahora promedia 70 puntos (280 a 212, según cierres de ayer). "Esto sólo muestra que el mercado comenzó a evaluar mejor lo que hasta ahora, en general, venían evaluando mal", juzgó el economista Miguel Bein. "La Argentina tiene una mejor performance fiscal que Brasil. Lo único que explica el castigo es que, mientras que ellos no rompieron con el mercado, nosotros, en su momento, sí,y eso tiene un costo. Pero eso no quita que evaluaron mal las oportunidades de negocios que había con los bonos argentinos", insistió.
La reducción del índice ayer fue de sólo 4 puntos (1,4%) porque éste sólo mide los bonos argentinos emitidos bajo ley extranjera. Pero bajó 3,5% la medición más abarcativa del Indice de Riesgo Financiero Ecolatina (IRFE), que elabora esa consultora local e incluye a la deuda emitida en pesos y pesos indexados, el que retrocedió ayer de 334 a 322 puntos, revelando que los mayores incrementos los registraron los bonos en moneda local.
El analista de Maxinver, Hernán Fardi, celebró que el riesgo haya alcanzado nuevamente su mínimo, pero recordó que el dato tiene una significación menor que en aquel entonces. "En los 90 la Argentina era el 20% de la cartera emergente, y ahora ronda el 2%", agregó. "Además, mientras ese riesgo medía casi todo, porque la mayoría eran bonos globales o Brady, ahora abarca sólo a los de moneda extranjera, que van camino a ser la minoría", insistió.
Fardi vaticina que el rally alcista de los bonos "tiene mayor recorrido", en lo que coincide con Rafael Ber, de la consultora Argentine Research, quien espera que la próxima semana los títulos tengan otro salto, "impulsados por el contagio regional, luego de que se confirme la victoria electoral de Lula en Brasil y vengan más fondos".
Por Javier Blanco De la Redacción de LA NACION
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