Por Juan J. Llach - Después del respiro del segundo trimestre, cuando creció ‘sólo’ al 7,9%, la aceleración de la economía en el tercero y el cuarto trimestre se proyectará al 2007. Como lo anticipara Alfonso Prat Gay, el principal acelerador es el consumo que, impulsado por fuertes aumentos del empleo y de los salarios reales, y en menor medida del crédito, crecerá más del 9% este año, aportando así cerca del 70% del aumento del PIB. Las estrellas han sido las ventas de supermercados y de bienes durables, con los electrodomésticos -que explican la mitad del aumento de los súper- creciendo 60% anual y los autos, tanto nacionales como importados, casi 30%.
En contraste, las compras en centros comerciales muestran menor dinamismo, indicando que el consumo se está haciendo cada más masivo. El sector estrella es el de los servicios públicos, todavía con mucho peso de la telefonía celular. En cambio, la industria no se ha acelerado hasta ahora y la construcción muestra dos caídas mensuales consecutivas, pero con una tasa anual todavía elevada del 13,5%. La energía, elocuentemente, ha sido la oveja negra, reduciendo su crecimiento anual de 12,5% en el segundo trimestre al 6,2% en el tercero. Consecuencia de todo esto es el fuerte aumento de las importaciones, con un 24,7% anual en el tercer trimestre, contra 8,7% en el segundo. Menos lucido resulta el desempeño de los dos componentes de la demanda que más aportan a la continuidad del crecimiento a futuro. Las exportaciones en volumen físico están creciendo sólo 6% anual, mientras que por el lado de la inversión encontramos una bienvenida aceleración de maquinarias y equipos que en el agregado será aproximadamente compensada por el menor crecimiento de la construcción.
Sobre llovido mojado, a los estímulos internos se agregan noticias externas favorables de corto plazo. Las tasas largas en EE.UU. se han desmoronado por debajo del 4,6% y los precios de los tres principales granos argentinos -soja, maíz y trigo-han tenido formidables ganancias de precios que las generosas lluvias de la primavera ayudarán a capitalizar. La baja de las tasas largas ha inducido mayores entradas de capitales a la Argentina, caídas adicionales en el riesgo país y aumentos de precios de las acciones y, probablemente, también de otros activos reales más adelante, lo que llevará a acelerar la inversión en algunos sectores. Surge así la infaltable pregunta de los encuentros con amigos: ¿todo bien?, a la que siempre respondo que no, que nunca está todo bien.
El crecimiento del PIB de 2006 será del 8,5% o algo más, y en 2007 se ubicará por arriba del 7% suponiendo un ajuste suave de la economía de EE.UU. Sin embargo, hay que seguir mirando la curva de rendimientos de los bonos norteamericanos, que sigue fuertemente invertida, y que hasta ahora predijo bien la desaceleración norteamericana. Si bien el escenario más probable sigue siendo un aterrizaje suave, y su impacto en el mundo será menor que en el pasado, el riesgo es el contagio a los mercados financieros, más aun con la desvalorización del dólar que se insinúa en estos días y que, a la corta o a la larga, es inevitable.
El único problema con este exacerbado crecimiento de la demanda global es que acentúa las presiones inflacionarias y, en un contexto de precios administrados, las distorsiones de precios relativos. Desde hace un tiempo, la política económica se propuso lograr una ‘trinidad imposible’: aumentar los salarios reales, no apreciar el peso y mantener constante la inflación, todo ello al mismo tiempo. El resultado, muy previsible, fue más que duplicar la inflación, llevándola por encima del 12%. A ello se respondió introduciendo un esquema de precios administrados, que logró reducir la tasa de inflación medida y, algo importante, quebrar la expectativa de aceleración inflacionaria que existía a principios de año. No obstante, la inflación subyacente de la economía se encuentra hoy más cerca del 15% que del 10% anual, como lo muestran los precios flexibles del IPC, el costo de la construcción o los precios en los centros de compras. Así como el sostenimiento artificial de una determinada paridad cambiaria nominal conduce, a la larga o a la corta, a que los precios de la economía se ajusten a ese nivel, el excesivo impulso de la demanda agregada acelera el aumento de los precios más flexibles y, de nuevo, tarde o temprano el resto de los precios de la economía se irá acomodando a ese nivel. En otras palabras, por la vía de la explosión de demanda estamos agregando una nueva fuente de inflación reprimida, como si hubiera pocas (recordar energía y servicios públicos). Sería muy bueno para todos que las autoridades estuvieran pensando en cómo atacar este problema -tarea difícil en un año electoral, claro- o que al menos explicaran por qué estamos equivocados los que pensamos de otro modo.