Uno de los protagonistas de la jornada inaugural de la semana en el mercado de divisas era, sin duda, el yen. Las especulaciones de que el Gobierno japonés va a rebajar las previsiones de crecimiento de la economía nipona afectaban en la cotización de la divisa de Japón. El euro también llamaba la atención de los inversores tras las palabras de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE).
La posibilidad de que el gobierno japonés revise a la baja sus previsiones de crecimiento económico, barajada por los medios de comunicación nipones este fin de semana, añade presión sobre el yen. La noticia ha sentado mal también a la renta variable japonesa, que ha caído con fuerza en la sesión del lunes. El problema del yen es que la pérdida de apetito por los activos japoneses por parte de los inversores extranjeros ha dejado de compensar las salidas de capital doméstico que buscan mayores rentabilidades en otras divisas, exacerbando la presión vendedora sobre la divisa nipona. El yen se depreciaba, poco antes de que cerraran los mercados del Viejo Continente, un 0,2% tanto frente al euro como frente al dólar.
La actitud del BCE es completamente diferente, y las declaraciones del presidente Trichet confirman que el sesgo de la institución que preside sigue siendo alcista, y está motivado por los riesgos sobre la evolución de la inflación. En la misma dirección apunta el informe mensual del Bundesbank, que destaca que, a pesar de la reciente caída en la tasa de inflación, los riesgos persisten, porque los tipos de interés siguen estando muy bajos incluso después de la última subida. En concreto, el Bundesbank está muy preocupado por el comportamiento de los agregados monetarios, cuyo crecimiento se ha acelerado en el tercer trimestre debido a la fuerte expansión del crédito, aumentando el riesgo de inflación a largo plazo.
Tanto las declaraciones de Trichet como el informe del Bundesbank, no hacen sino cimentar el convencimiento del Mercado de que una nueva subida de 25 puntos básicos nos espera en diciembre. Estas expectativas animaban, algo, la cotización de la moneda única que llevaba varios días perdiendo terreno en su cruce con el dólar. Sin embargo, el euro se mantenía prácticamente plano frente al billete verde poco antes de que cerraran los mercados europeos y se cambiaba en 1,2817 dólares. El BCE fijaba el cambio oficial en 1,2841 dólares.
La divisa comunitaria no lograba empujar al dólar a los números rojos puesto que el mercado también estaba esperando el discurso del Secretario del Tesoro de EEUU, Henry Paulson quien hablará sobre la competitividad de los mercados de capitales de EEUU, ante el Club Económico de Nueva York.