La holgura fiscalía salvo, por la notable performance de la AFIP  Federico Muñoz Economista. Titular de Federico Muñoz & Asociados
Lo bueno de la semana
El resultado fiscal de octubre. Las finanzas públicas reflejan el inminente ingreso a un año electoral. El gasto primario aumentó en octubre un 30% interanual. Cabe destacar que Julio De Vido volvió a abrir a tope el grifo de la obra pública ( 72%), en señal inequívoca de que vuelve a operar fluidamente el esquema obras por votos al que el kirchnerismo supo recurrir para construir poder. Sin embargo, a pesar de la aceleración de las erogaciones, la buena salud de las cuentas públicas sigue estando a salvo. El fenomenal aumento de los ingresos ( 36%) permitió la consecución de un superávit primario récord en octubre. También merece destacarse la sólida suba en las cantidades exportadas el mes pasado ( 21%). Este salto confirma el repunte del dinamismo en las ventas al exterior que había comenzado a insinuarse en agosto.
Lo malo de la semana
Sorpresivamente, la EPH del tercer trimestre registró una caída en la tasa de empleo respecto a la del trimestre anterior. No obstante, esta reciente destrucción neta de empleo no basta para revertir una de las facetas más rescatables de la fase expansiva en curso: la notable performance del mercado laboral. Los poco más de tres millones de puestos de trabajo creados desde mediados de 2002 son el factor explicativo clave del generoso derrame social que prodigó el crecimiento económico y del sólido capital político acumulado por Kirchner.
Lo urgente
La escasez energética sigue siendo la principal amenaza para la continuidad de la expansión. Sería deseable que comiencen a darse pasos consistentes para la remisión de esta fuente de incertidumbre, especialmente, a través de la restitución de racionalidad al set de precios relativos.
Lo que hay que seguir con atención
La huelga de petroleros que estuvo a punto de dejar sin gas ni electricidad a todo el país sólo pudo ser frenada con la concesión de exenciones impositivas. Quizás sea sólo una impresión personal, pero el Presidente parece estar acostumbrándose demasiado a destrabar entuertos a fuerza de golpes de caja. Esto contrasta con lo que ocurría al inicio de su mandato, cuando se animaba a enfrentar y desarticular focos de conflicto con los únicos recursos de su legitimidad y su audacia. Si se consolida esta creciente dependencia de la caja para relajar tensiones, podría complicarse el escenario de gobernabilidad en un hipotético segundo mandato kirchnerista, pues por entonces seguramente ya no contará con la holgura fiscal ni el clima de euforia económica de la actualidad.
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