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| La hora de apostar a las exportaciones industriales |
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19/12 - 10:05 Gabriel Sánchez - El Cronista Comercial |
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Con la sustitución de importaciones cerca de su techo y el mercado interno aún débil, la industria busca su salida al exterior. Dos modelos: las maquilas mexicanas o el valor agregado coreano.
Después de mucho insistir con el consumo y la sustitución de importaciones, el consenso parece haber girado hacia la promoción de las exportaciones industriales, lo cual es muy acertado. Una estrategia de desarrollo industrial mirando hacia dentro es poco auspiciosa, dado el pequeño tamaño del mercado doméstico y el limitado margen que tenemos para seguir sustituyendo importaciones. Afortunadamente, el Gobierno ha comenzado a tomar medidas concretas en la dirección correcta, como la de dar una devolución acelerada y horizontal del IVA a las exportaciones industriales. Hay que alentarlo a seguir por esta senda y comenzar a debatir qué otras medidas son necesarias.
Hasta el presente, el esquema de políticas ha venido favoreciendo una expansión industrial mercadointernista. A esto contribuyen principalmente un alto tipo de cambio real –que ha operado hasta ahora como un sobre-arancel a las importaciones–, la ausencia de financiamiento para exportar, la protección arancelaria para vender en el mercado doméstico –versus las retenciones a las ventas externas–, y los altos costos logísticos y de desarrollo de producto que requieren las exportaciones en relación a las ventas domésticas.
Como resultado, mientras que el PIB industrial ha crecido mucho más que el agregado, nuestras exportaciones industriales han caído tanto en términos relativos como absolutos. También contribuyó este año el estancamiento de la economía brasileña.
Límites precisos
Sin embargo, la estrategia de sustitución de importaciones tiene límites bien precisos. El primero está dado por el hecho de que, en 2001, las importaciones representaban sólo el 10% del PIB, de las cuales el grueso (6-7% del PIB) eran insumos industriales y bienes de capital de muy difícil sustitución doméstica. Por ello es que la sustitución de importaciones no podría ir más allá de un 4% del PIB de 2001, o de un 25% del PIB manufacturero de aquel entonces. El segundo límite está dado por el hecho de que el mercado interno está conformado por sólo 37 millones de personas, la mitad de las cuales está bajo la línea de pobreza.
En este escenario, nuestras empresas manufactureras sólo tendrían incentivos para realizar inversiones de escala reducida, que redundan en baja productividad, altos costos unitarios y bajos salarios reales. Este camino lleva a demandas de protección continua y a perpetuar un equilibrio de mercado interno reducido-escala sub-óptima de producción-baja competitividad, con el agro financiando los requerimientos de divisas. De esta trampa se podría escapar parcialmente con la recuperación esperada de Brasil en 2004, pero el camino del Mercosur está bastante bacheado por las trabas para-arancelarias, los subsidios brasileños a la energía y al crédito, y la volatilidad macroeconómica de nuestro principal socio comercial.
Surge entonces el desafío de impulsar nuestras exportaciones industriales, que traerían aparejadas además una reducción en la volatilidad de nuestros términos de intercambio. Nuestra principal ventaja hoy son los bajos costos laborales en moneda extranjera por la devaluación, pero estos por sí solos no bastan. La experiencia de los países de industrialización reciente nos demuestra que un gran crecimiento de las exportaciones manufactureras necesariamente está asociado con una aceleración de la tasa de inversión, que brinda la escala y la productividad necesarias para exportar. Esta es una asignatura pendiente: mientras que la inversión representaba 18,5% del PIB en 1995-97, hoy, más allá de su crecimiento actual, representa apenas 13,4% del producto. Los demás requerimientos se refieren a la reducción de los costos logísticos, tributarios y de capital causados por políticas deficientes.
Otro importante desafío es cómo competir en un mundo donde China está arrasando con sus bajos costos laborales. Aquí se requerirá de un espíritu muy emprendedor, buscando cómo diferenciar productos, cómo integrarse en cadenas de valor globales, y cómo explotar nuestra abundancia de trabajadores calificados en relación a otros países emergentes. Pero el ascenso de China es tanto un desafío como una oportunidad. Por un lado, sus salarios y costos laborales vienen creciendo aceleradamente al compás de su industrialización. Por otra parte, sus importaciones industriales vienen aumentando tan rápido como sus exportaciones.
La inserción internacional nos ofrece hoy dos modelos: el de ensamblaje o maquila, por el cual se procesan mínimamente y se re-exportan insumos industriales aprovechando sólo ventajas de costos laborales, y el de exportaciones de bienes con alto desarrollo local (Corea del Sur), aprovechando abundancia relativa de mano de obra calificada y reglas de juego proexportaciones estables y horizontales. Está claro que el segundo modelo es más promisorio, pero que por ahora sólo hemos alcanzado las condiciones para adoptar el primero. |
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