
Un análisis de
ALEJANDRO BERCOVICH - La sospecha corre como un escalofrío entre los concesionarios de autos y los corredores inmobiliarios. Engolosinados por el furor consumista que se adueñó de la clase media y por la sostenida demanda que tuvieron los bienes durables a raíz de la desconfianza en los bancos, los operadores temen que se acabe lo que todavía se da. Por eso encienden sus alarmas –sin dejar de facturar– y se preguntan si esos sectores no habrán gastado ya todos los dólares que habían guardado bajo el colchón tras la crisis.
La pregunta no sólo les incumbe a ellos, ya que los recursos del "colchón" (y más en general las divisas fugadas de los bancos al exterior o a las cajas de seguridad) fueron los financistas por excelencia del crecimiento asiático bajo el signo K. La respuesta no es unánime entre los economistas, que andan casi a tientas y sin estadísticas precisas sobre la cuestión.
"El mercado inmobiliario viene de una gran expansión, debido a los ahorros acumulados, a la plata del campo y a algunos extranjeros que empezaron a comprar en el país, aunque menos de lo que se cree. Todo eso armó un lindo cóctel y es lo que impulsó a la construcción privada a crecer a la par de la pública", explicó a El Cronista el presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina (CIA), Hugo Menella. Pero agregó que "el colchon-bank se está agotando para los departamentos de menor monto, en los segmentos medianos y bajos de la población, que eran los que debían empezar a cubrirse mediante créditos y todavía no califican".
Esos departamentos, de entre u$s 40.000 y u$s 70.000, son los que más costó vender en los últimos meses y los que más margen de ‘regateo’ ofrecen a quien tiene el efectivo para comprar.
La sensación es compartida por el vicepresidente de la Asociación de Concesionarios de Autos (Acara), Abel Bomrad. "Con el ritmo actual de ventas nosotros podríamos ser más optimistas para 2007, pero no lo somos porque no sabemos cuándo se terminará el desahorro de la gente. Más del 70% sigue comprando en efectivo, pero muchos lo hacen con créditos personales que toman para no sacar un prendario", grafica.
No es que se haya repatriado todo el capital históricamente fugado (o atesorado en dólares) por los argentinos, que a fines de 2005 seguía sumando u$s 120.000, según estimaciones del Indec. Lo que sí se puede haber agotado "son unos u$s 20.000 millones que atesoraba hasta hace dos años la clase media-media", calcula el economista Ariel Coremberg, autor del estudio ‘Los activos de los argentinos’ publicado por la Bolsa de Comercio. A su juicio, el monto "parece poco en el total pero alcanza y sobra para mover el mercado local".
El economista jefe del Banco Credicoop, Leonardo Bleger, coincide en que "es posible que los ahorristas minoristas que tenían magnitudes pequeñas de dólares los hayan gastado o invertido en inmuebles, pero los que tienen sumas relevantes siguen manteniendo los fondos donde siempre estuvieron". También aclara que entre 2000 y 2005, los activos externos de los residentes argentinos (divisas, oro y acciones o bonos extranjeros) aumentaron en más de u$s 15.000 millones, lo cual despeja cualquier sospecha de un agotamiento total.
En cualquier caso, la eventualidad de que se hayan gastado todos los dólares atesorados por la clase media no debería sembrar dudas sobre la continuidad del auge consumista. El aumento del 13% a los jubilados, el alivio de Ganancias, las paritarias en curso y el incremento previsto del salario mínimo son las apuestas del Gobierno para mantener la demanda al rojo vivo en este año electoral. Lo que sí podría verse afectado –si el crédito sigue restringido– es el interés que despiertan los bienes durables entre quienes buscaron refugio en ellos luego del crack bancario de 2001.