El comportamiento de la economía y la Bolsa china volvieron a inquietar al resto de las plazas del mundo, aunque, por el momento, sólo se trató de un susto. Según datos publicados ayer, esa economía creció un 11,1% en el primer trimestre, casi un punto más que en el mismo período de 2006 (cuando se expandió 10,2%) y que lo esperado por los analistas, que aguardaban un alza del 10,3 por ciento.
Esta vez la aceleración del crecimiento vino de la mano de una inflación mayor, que llegó al 3,3% en marzo (la primera vez que supera el 3%, considerado nivel de tolerancia por su autoridad monetaria, en más de dos años), lo que hizo encender las alertas de mercado: se cree que ese dato podría impulsar al gobierno a subir los encajes o las tasas de interés para tratar de enfriar su economía.
¿Por qué lo creen? Porque el banco central de China ya reaccionó así antes: subió una vez las tasas y en tres ocasiones los requisitos de reserva bancarios (encajes) este año.
Esa especulación pareció corporizarse cuando se supo que el primer ministro, Wen Jiabao, se pronunció en favor de tomar medidas. "Tenemos que evitar que la economía pase de un crecimiento relativamente rápido a un estado de recalentamiento", dijo, según un comunicado publicado en el sitio web del Gobierno. "Trabajaremos duro para mantener una estabilidad básica en el nivel general de precios", repitió en un encuentro del gabinete.
Los inversores reaccionaron poniéndose a cubierto: vendieron activos de riesgo y causaron un derrumbe del 5% en la Bolsa china, aunque un rebote final redujo al 4,52%. En definitiva, las medidas que ayuden a desacelerar el crecimiento de esa economía lucen saludables en estas circunstancias, por lo que sólo originarían un reacomodamiento de precios, una vez que salgan las inversiones más especulativas.
Claro que explicar esto en medio de un brote de psicosis fue imposible, como se vio por el cierre en rojo de todas las plazas asiáticas y europeas.
Con el correr de las horas, la racionalidad volvió y ni Wall Street ni los emergentes sintieron el golpe: como lo muestran la suba del 0,11% del Bovespa (en un día en que los bonos de Brasil volvieron a subir para reducir su riesgo país a un nivel récord de 149 puntos) y la estabilidad del Dow Jones, que cerró neutro.
Quedó al margen el Merval porteño, que cayó un 0,52%, aunque se liberó del "efecto opciones" (ayer venció el plazo para ejercerlas y pasarán dos meses antes de que vuelvan a ser un trauma) y perdió poco, si se considera que había llegado a retroceder un 1,3% durante la rueda.
Los que siguen en alza son los bonos indexados. Llevan cinco ruedas aumentando, en parte, por arbitraje con los títulos del canje en dólares como el Discount bajo la ley de Nueva York, que perdió un 1,3% y colaboró para que el riesgo argentino escalara hasta los 261 puntos.
Javier Blanco
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