Los precios de todos los activos financieros argentinos se derrumbaron ayer en el marco de un brusco reacomodamiento global de mercados que hizo caer a todas las bolsas y desvalorizó la deuda emergente.
El ajuste, que se había insinuado en los últimos días, se precipitó con fuerza ayer cuando los olvidados temores sobre la evolución de la economía de Estados Unidos volvieron a corporizarse y convencieron a quienes determinan el destino de los grandes fondos de "ponerse a cubierto" en previsión de que la situación podría complicarse más con una suba de tasas en aquel país.
El cambio de percepción, que activó la modificación en la conducta de los inversores, lo captó bien una encuesta que la agencia Bloomberg realizó entre operadores de Wall Street: el 41% de los consultados cree que la Reserva Federal podría subir la tasa hasta 5,5% hacia fines de 2007, cuando hace un mes esa posibilidad sólo estaba en los planes de una absoluta minoría (3%).
Para la plaza accionaria local, el cambio de clima no hizo más que acentuar la tendencia bajista del mercado. Los papeles que más lo sufrieron fueron aquellos habitualmente más líquidos o los que suelen recibir más apuestas de extranjeros: Telecom (-3,90%); Tenaris (-2,70%); Galicia (-3,16%); IRSA (4,46%); Cresud (4,15%); Banco Francés (2,53%); Banco Macro (2,40%) y Pampa Holding (2,26%), entre otros.
Como resultado de las sostenidas órdenes de venta, los precios promedio de las líderes (medidos por la evolución del índice Merval) cayeron 2,14%, mientras que el volumen de operaciones creció levemente hasta llegar a los $ 85,44 millones con papeles locales más otros 11,98 millones con certificados de empresas extranjeras (Cedears).
Los mercados internacionales también cerraron con fuertes bajas: el Dow Jones perdió 1,48% para quedar en su nivel más bajo desde el 5 de mayo. Por su parte, el Nasdaq se desplomó 1,77% y el S&P 500 retrocedió 1,76%. En la región, la habitualmente estable bolsa chilena perdió 1,91% (casi lo mismo que Buenos Aires), mientras su par de México retrocedió 1,57%, pese a la favorable expectativa con que esa plaza espera una reforma fiscal en ese país.
La misma reacción se produjo en el mercado de bonos. La clave fue que el precio del bono del Tesoro de EE.UU. se derrumbó de forma tal que su rendimiento saltó de 4,96 a 5,14 por ciento, lo que desató una ola de ventas de bonos de todos los bonos emergentes.
Para el plano local, el alcance del efecto global se sumó al malhumor con que la plaza ya venía operando por la manipulación de la inflación por parte del Gobierno, que resta valor a la deuda indexada.
Pero esta vez las pérdidas fueron lideradas por los bonos con legislación extranjera, lo que delata las ventas de inversores internacionales, y los hasta aquí mimados cupones del PBI. "¿Se habrá acabado el viento de cola?", se preguntó en voz alta un operador porteño. Nadie tenía ánimo para contestarle.
Javier Blanco
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