Por JULIÁN GUARINO - Gilbert Keith Chesterton, famoso novelista inglés al que Borges decía deberle algo de su inspiración, solía decir que el ahorro es poético porque es creador mientras que el derroche no lo es, porque destruye.
Quizás la frase le sirva de peregrina inspiración a los sufridos inversores domésticos que, en junio, vieron como sus apuestas hacían agua mientras lo único que se mantuvo a flote fue el valor de la divisa estadounidense. Así, aquél que apostó a comprar dólares a comienzos de mes y los vendió a los $3,093 a los que cerró ayer, pudo hacerse de un 0,16% de rendimiento, una evolución nada alentadora.
A partir de ahí, y en la comparación genérica, ni bonos ni acciones pudieron robarle el trono a tan humilde demostración de efectividad y hasta la cotización de la onza de oro, que otrora cumpliera muy digna su función de inversión conservadora, acumuló un rendimiento negativo de 0,88%. Los datos que recoge el Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC) muestran que, al cierre de ayer, incluso el índice Merval -que no es otra cosa que una cartera de acciones que pondera por liquidez- llevaba acumulado un rendimiento negativo de 1,2% mientras que el indicador que nuclea a la renta fija del IAMC, refleja una baja de 3,95%.
Juan Kesser, analista de la consultora Silver Clouds Advisor, pone las hechos en orden: "fue un período difícil ya que se instaló a nivel internacional la idea de que los mercados emergentes llevaban ganado muchísimo y la posibilidad de una suba de tasas por parte de la Reserva Federal dejó un gran vacío en el mercado local", señaló.
Según el ejecutivo, el resto lo habría hecho la poca liquidez del mercado. "Cuando se tiene un mercado tan chico como el local, cualquier toma de ganancia por parte de grandes inversores internacionales deja una severa caída en los precios", sostuvo Kesser.
Las excepciones a la regla
Pero no todas fueron pálidas poco inspiradoras. Aquellos que le dieron su voto de confianza a papeles de empresas como Colorín, Polledo o Central Puerto, vieron recompensadas sus expectativas con más de 30% de rendimiento. De hecho uno de los sectores que ayudó a compensar la gran aversión al riesgo fue el de la energía, que vio crecer el precio de papeles como Edenor y Pampa Holding, y que, por arrastre y mayor expectativa, tuvo impacto en otros papeles como Central Costanera y Transener. El driver fue la ilusión de una pronta recomposición tarifaria, lo que marcaría mejores balances a futuro. Del lado de los bonos, la mayor aversión al riesgo que boicoteó a los mercados emergentes se ensañó con los activos argentinos. Los bonos indexados llevan perdidos, en el mes, más del 7% entre el cupón en pesos atado al PBI, el Bono Discount en pesos Ley Argentina que perdió 7,25% mientras que el Par en pesos Ley Argentina también cayó 7,17%.
"El mal humor general reforzó las malas perspectivas que introdujeron la intervención en el Indec y la crisis energética", señaló Juan José Vázquez, analista de Bull Market Brokers. Sin embargo, hubo títulos que lograron salirse el circuito bajista: los Boden 2008 y 2012 ganaron 0,18 y 0,91% mientras que el título con mayor suba fue el Bono de Consolidación Pro7 con 2,56% de crecimiento.
Para los analistas, la perspectiva en lo inmediato no ofrece consuelo y se mantienen expectates. Juan Kesser es claro: cuando esto sucede, una buena alternativa es mirar hacia afuera, a mercados más grandes. |