
Por LEANDRO GABIN - Las comparaciones son odiosas y eso se sabe. Pero muchas veces no hay otra forma de saber dónde estamos parados sin ver qué pasa a nuestro alrededor. En materia bursátil, las comparaciones arrojan un resultado más que desalentador. Tomando la evolución de los principales índices accionarios (en la región y en el resto del globo) se ve la pobre performance de la Bolsa local en los primeros seis meses del año. El índice Merval, que agrupa a los papeles líderes de la plaza porteña, sólo ganó 4,80%. Esta escuálida rentabilidad la ubica por debajo de mercados más profundos como Brasil, Chile, Perú y México, e incluso de más pequeños como Costa Rica y Bermudas.
Otro dato poco favorable, si hubiera que seguir buscando, indica que Buenos Aires pierde contra las plazas de los países desarrollados. Léase los tres índices de EE.UU., Francia, Alemania, España... y la lista es eterna. ¿Algún inversor va a arriesgar su dinero en un emergente como Argentina, con todos los riesgos que conlleva, si puede obtener mayores ganancias en un país triple A?
La desalentadora evolución del índice argentino, coinciden los especialistas, tiene que ver con un notable incremento del riesgo local. Esto viene a cuento de la crisis energética y del manoseo de las estadísticas. También hay otras cuestiones que vienen de vieja data, como el encaje al ingreso de fondos y el atractivo hacia la renta fija en pesos (que poco derramó a acciones). Sumado a un contexto donde aumentó la aversión al riesgo dio como resultado un feo semestre para las acciones.
"Se ven directamente afectadas las empresas por el incremento de costos en pesos, muchas de las cuales no pueden trasladarlas a sus precios de venta por estar reguladas o por encontrarse controladas. Además, hay una mayor incertidumbre en el marco de una política económica con una mayor presencia del Estado en las decisiones empresariales y un escenario político un poco menos favorable para el partido gobernante frente a las elecciones de octubre", enumeraba un operador de un banco privado.
¿Y la economía creciendo a tasas altas no debería beneficiar a las empresas cotizantes? "Posiblemente eso ya estaba incorporado en los precios. Ahora, mirando hacia adelante, no es tan claro que esa expansión se mantenga", cuenta Federico Desprats, de Intervalores. Otro ingrediente es que el Merval no es muy representativo de la economía. Sectores dinámicos como las automotrices, la construcción o el campo no tienen presencia. Incluso el movimiento no es uniforme: mientras algunos sectores como bancos o energéticas subían mucho, otros no se daban por enterados. "En EE.UU. si el mercado es alcista, la tendencia se ve reflejada en gran parte de las cotizantes", dice Desprats. ¿Cómo sigue la película? Para Mariana de Mendiburu, de Compañía Inversora Bursátil, las cotizantes cuyos negocios estén enfocados hacia el exterior serán las beneficiadas. O sea, eludir los ruidos internos será clave. Si bien los flujos no tienen ideología, recuerda De Mendiburu, podrían ser aún más selectivos en los próximos meses a la hora de "entrar" (o no) al mercado.