Por LEANDRO GABIN - Cada vez que corregían los títulos públicos, en el mercado se especulaba con que ése era el piso. Pero la realidad demostró –una y otra vez– que siempre se puede estar un poco peor y que en todo caso ese piso no tenía cimientos sólidos. Hay que reconocer que a los bonos le toca bailar con la más fea: dibujo de la inflación por parte del Gobierno, limitaciones para entrar divisas (vía el “contado con liqui”), un flight to quality a nivel global secando a los mercados emergentes y, últimamente, el retoque al alza del tipo de cambio local que actúa como advertencia a los inversores que apostaban por un peso algo más apreciado. Todo esto hace que el volumen no acompañe, potenciado además –dicen en las mesas– por la ausencia de las AFJPs que repliegan sus fondos ante los traspasos de afiliados. La sumatoria de acontecimientos desafortunados instala, otra vez, la remanida pregunta: ¿Este sería el piso para los títulos públicos? Y si la respuesta fuera afirmativa, ¿es momento de comprar? A coro los especialistas le dicen “sí” a lo primero, pero hacen una salvedad con lo segundo: “Depende del plazo de inversión”. Esto es, si se piensa en el mediano plazo, los bonos siguen siendo buen negocio. En el corto, la tormenta puede continuar. “Creo que estamos cerca del piso en lo que refiere a los precios pero tampoco espero milagros a partir de ahí porque la manipulación del CER caló hondo en los inversores”, explica un economista de un banco extranjero. Además dijo que hay inversores (extranjeros) que ven la manipulación del IPC no sólo como un problema de arbitraje de tasas sino de calidad institucional. “Esos, cada vez que los bonos suban, van a usar la oportunidad para reducir posiciones en un mercado muy ilíquido”, vaticinó. Para Julio Bruni, director de Arpenta, “podemos estar ante una inmejorable oportunidad de compra, pero...para el largo plazo”. Mucha volatilidad puede ser la constante, más teniendo en cuenta que a principios de agosto se conocerá el IPC de julio. Entre los títulos elegidos está el PRE 9 que rinde 5,60% más CER. Asumiendo una inflación para todo el año del 8%, da un retorno del 14% anual. Entre los nominados en dólares, el director de Arpenta selecciona al Bonar V y el Boden 2012, para aquellos que reflotaron la “dolarmanía”. Un poco más allá, Eduardo Blasco, titular de Maxinver, señala que los inversores ya no miran los números sino la imagen del Gobierno. “Los bonos siguen siendo un buen negocio. Dan un 14% los de pesos y 9,50% un Bonar (en moneda dura), pero la percepción es que en la Argentina puede pasar cualquier cosa”, remarca. Desde uno de los bancos que más tradea títulos públicos diagnosticaron lo siguiente: si uno cree que la crisis de hipotecas en EE.UU. tiene cuerda para rato, entonces estamos ante un mercado de bonos local netamente bajista. Si no, habría que aprovechar estos precios en Boden 15 y Bonar 10 (retorno del 10%), porque “hay que aguantarlos, no los vas a volver a ver a estos valores”; y en pesos el Discount, Bogar y Boden 2014 que rinden entre 6,5 y 7% más CER. En definitiva, inversiones para estómagos fuertes. |