Por Daniel Fernández Canedo - El dólar llegó a un techo en 3,20 pesos? ¿Saldrá el Banco Central a vender parte de las reservas para derrumbarlo? ¿ Podrá la Argentina quedar al margen de un temblor financiero mundial? ¿El Gobierno dejará subir un poco más al dólar para darle más posibilidades de competir a la industria? ¿Se terminó el viento de cola que el país recibía de la economía internacional?
Esos son algunos de los principales interrogantes que circulan en estos días por el mercado financiero y en el mundo de los negocios. Vale la pena arriesgar algunas posibles respuestas.
Sobre la suba del dólar hay, por lo menos, dos elementos a tener en cuenta.
Anoche, tanto en Economía como en el Banco Central se consideraba que en 3,20 pesos la suba de la divisa estaba llegando a su fin.
Y que, de ahora en más, habría que esperar una intervención más activa del Banco Central y de la banca pública para dar la idea de que no existe peligro de disparada.
El Central tiene más de 44 mil millones de dólares de reservas y con ese "cañón" estaría en condiciones de aquietar las aguas en caso de que el oleaje se haga más intenso.
Desde la otra vereda, los resultados están a la vista. En los últimos días fue intenso el pasaje de inversores de bonos argentinos a dólares.
Ese salto se basó en que un temblor en el mercado hipotecario estadounidense arrió capitales de todo el mundo. De la Argentina salieron con cierta celeridad (ver página 20).
Tal vez por las dudas sobre cuál es el verdadero nivel de inflación, o porque el gasto público creció en un año el 47% mientras que la recaudación impositiva lo hizo en 31%, la reacción fue acelerada.
Desde ya que también lo fue la suba del dólar pero, en perspectiva, el tema no luce aún tan preocupante.
El dólar acumula una suba de 3,5% desde el 20 de junio y de 3,9% en lo que va del año, o sea prácticamente lo mismo que la inflación que mide el INDEC.
Pero la brusquedad de la suba no será gratuita.
Según el Gobierno, quedó demostrado que el tipo de cambio es flotante y no fijo. Y que así se evita brindarles ganancias seguras en dólares a los especuladores.
De esta manera dicen haber terminado con el negocio de traer capitales del exterior para colocarlos en pesos a tasas del 9% al 12% que, frente a un dólar quieto, se transforman en interesantes ganancias en dólares.
"Ahora quedó en claro que no estamos ni para asegurarles negocios a los que creen que el tipo de cambio bajará, ni a los que creen que puede haber desbande", comentaba anoche un allegado a la conducción económica. Así intentaba anticipar una acción más potente del Banco Central en los próximos días.
A ningún economista se le escapa, y desde ya que no a Martín Redrado, que una suba del dólar brusca genera incertidumbre.
Es probable que si ese aumento se modera en el corto plazo no tenga impacto sobre los precios de, por ejemplo, los alimentos. Pero sí agrega dudas y movimientos precautorios.
Un dólar inquieto sirve como argumento para frenar operaciones de autos o inmuebles si no se disipa en el corto plazo.
También, para explicar la suba de precios de alimentos y, por tanto, afectar el poder de compra de los salarios.
Claro que si las aguas se serenan o, por lo menos, el Banco Central deja en claro que no sólo está dispuesto a comprar, sino tambien a vender divisas para estabilizar el mercado cambiario, esas consecuencias pueden disiparse.
De hecho, hay un costo que ya dejó el temblor financiero de los últimos días: la sensible tasa de interés para operaciones entre bancos saltó de 8% a 12% en el último mes. Esto pone en evidencia que las cuestiones financieras no son sólo cuestiónes de especuladores: también tienen consecuencias sobre el costo del crédito y, por consiguiente, sobre la marcha de la economía.
Los excesos de capitales a nivel mundial comenzaron a desaparecer. Y si bien no hay pronósticos de escasez aguda, el escenario está sufriendo un cambio.
El nuevo ministro Miguel Peirano y el presidente del Banco Central tomaron nota de la flamante situación y conocen cuáles pueden ser las consecuencias.
También, anoche, tenían un diagnóstico sobre la nueva realidad del mercado cambiario y delineaban posibles escenarios para actuar en el sentido de aquietar las cosas. Claro que la última palabra la darán los mercados. Pero el poder de fuego que tiene el Central es enorme.
|