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| Muy buen pronóstico para 2004, pero ojo con los fantasmas |
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12/01 - 09:52 Juan Llach - El Cronista Comercial |
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El crecimiento este año rondará el 8%, con el consumo interno como la gran estrella, gracias a la recuperación del crédito, aunque las asignaturas pendientes pueden complicar la economía.
Los pronósticos para el 2004 se han convertido en un torneo de ¿quién da más? Y no voy a ser la excepción. El PIB terminará aumentando en 2003 más de 8% y, por ahora, no hay razones para esperar una desaceleración de la economía. Por eso pienso que el número para 2004 estará más cerca de 8% –aun por arriba– que del 6,5% del consenso de mis colegas recién publicado por el Banco Central de la República Argentina. La razón es que el contagio de la reactivación hacia el consumo recién ha empezado y hará sentir plenamente su efecto en 2004. Si tiene dudas, intente comprar un auto en estos días y verá que están faltando. Esto mismo es lo que da lugar a la principal preocupación del año: la tasa de inflación. El consenso publicado por el BCRA suena razonable: 7,5%, o sea el doble que en 2003. Se van a acelerar aumentos en servicios privados (turismo, educación, salud) y, esta vez aparentemente sí, también en servicios públicos. Se observa asimismo presión de precios en insumos industriales cuyas plantas trabajan casi a pleno. Es aquí donde surge la gran incógnita sobre qué alternativa eligirá el Central. Una es dejar caer moderadamente el precio del dólar, lo que es lógico porque se sigue depreciando internacionalmente y el real, en cambio, también se revalúa. La otra es mantener el dólar a $ 3, que resultará en una excesiva emisión monetaria o de Lebac y Nobac y en mayor presión inflacionaria.
¿Qué puede decirse en este contexto de las oportunidades de negocios para el 2004? Agro, agroindustrias y construcción, tres de los cuatro principales impulsores iniciales de la reactivación desde 2002, seguirán viento en popa. Los precios de los exportables se prevén firmes, mientras que los precios de la vivienda pueden seguir subiendo, frente a costos de construcción en dólares cercanos a sus mínimos históricos y cuya previsible suba llevará a apurar inversiones. La sustitución de importaciones continuará activa, pero perderá la fuerza impulsora que tuvo en 2002 y 2003. Se agregará, en cambio, la estrella del 2004: el consumo interno, especialmente de bienes semidurables y durables al compás del resurgimiento del crédito.
Oportunidades de negocios habrá, pues, y muchas. Las dudas aparecen por el lado de las exportaciones y la inversión. Como venimos diciendo desde hace muchos meses, es fundamental que las autoridades se decidan de una buena vez a responder a la inevitable revaluación del peso con una perfecta compensación por rebajas impositivas. En tal caso, es muy probable que 2004 muestre un despegue exportador en volúmenes físicos, hasta ahora nulo. Esta alternativa es muy preferible al aumento del gasto público. Estas oportunidades de negocios se traducirán en mayor inversión, que pueden aumentar cerca del 20%, llegando a más del 15% del PIB y a una inversión neta positiva por primera vez desde 2000. Como se comentó en la última reunión del Consejo Editorial de El Cronista, un impulso crucial del aumento de la inversión es el hecho de que los precios de los activos productivos (campos, acciones) se encuentran en muchos casos arriba de su costo de reposición. A pesar de pronósticos y oportunidades de negocios tan optimistas, la agenda pendiente sigue siendo tan frondosa como hace un año. Más que desdeñar a quienes opinan lo contrario con el calificativo de amargos o agoreros, las autoridades deberían darse cuenta que –gran paradoja– las principales debilidades surgen por el lado de lo que constituyó una de las razones de ser de la devaluación, a saber, aumentar de manera significativa la inversión en bienes industriales exportables. Mientras no exista una política consistente dirigida a este objetivo y, en cambio, se opte por seguir aumentando el gasto público, forzando la política de ingresos y dejando que el peso se revalúe sin compensación, el programa económico corre el riesgo de desbarrancarse, lenta, no dramáticamente, hacia el mercadointernismo rentístico. Es decir, a aumentos del consumo basados en una coyuntura de buenos precios internacionales, de tan infausta memoria en la Argentina. No es ésta la manera de pagar el enorme esfuerzo a que se obligó a millones de argentinos, por tantos desatinos acumulados en mucho tiempo y que culminaron en una pobreza e indigencia sin precedentes. |
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