Por GUILLERMO KOHAN - La honestidad y corrección profesional de Martín Redrado en Londres al advertir el problema de la inflación en Argentina, así como su encuadre posterior a la orden presidencial de intentar explicar lo inexplicable, se convirtió el fin de semana en comidilla de versiones y especulaciones en mesas políticas y empresarias sobre los tiempos económicos por venir en el país.
El caso Redrado adquiere ahora un interés superior a la anécdota de si el presidente del Banco Central dijo que estaba preocupado o dijo que estaba “profundamente” preocupado por la inflación. O el absurdo de explicar que el problema no es solo de Argentina sino de todo el mundo. Como si fuera global convivir con una inflación entre 15% y 20% anual, con moneda devaluada artificialmente para sostener el gasto público. Ni siquiera original el argumento. Cristina, cuando hace semanas en IDEA le presentaron los problemas de la crisis energética para su eventual futuro mandato, respondió después que había que entender que la crisis estaba en todo el mundo.
Las afirmaciones del presidente del Banco Central abren ahora un interrogante de corto y mediano plazo, en el sentido de cómo será la continuidad del modelo económico después de las elecciones y en todo 2008. ¿Se escucharán las advertencias más ortodoxas de Redrado o la necesidad de acordar el promovido Pacto Social significará seguir acelerando el gasto y la demanda y en todo caso subir un poco el dólar para licuar el déficit?
Casi tan simple como preguntarse qué hará el Gobierno con el dólar después de octubre y el año próximo. Seguirá en 3,15/3,20, lo dejarán subir hasta 3,40/ 3,50, o permitirán que caiga otra vez en torno de los 3 pesos. Cristina ya dijo en IDEA que el modelo competitivo solo basado en el dólar alto se va agotando.
Observar desde hoy cómo vaya derivando el caso Redrado ayuda mucho a trazar escenarios futuros en materia económica. Veamos algunos argumentos:
t Para el futuro personal y político del joven economista que está al frente del Banco Central, la cosas no pueden estar mejor, a pesar del mal momento que habrá pasado por la reprimenda presidencial. Ante las incertidumbres económicas que se abren para 2008, todo indica que Redrado desde diciembre observará la situación confirmado como lo manda la ley en la presidencia del BCRA. Si las cosas van bien, quedará asociado al éxito de la sucesión de Néstor Kirchner. Donde la inflación se torne más insoportable y caiga la confianza económica, todo será más duro y Redrado se refugiará, para preservarse, en la autonomía de la autoridad monetaria
t Un escenario improbable hasta donde se sabe de fuentes serias, sería que el caso termine desatando una represalia de la Casa Rosada contra Redrado para removerlo, lo cual abriría una incertidumbre nueva para agregar a la lista del 2008. Avanzar todavía más en ahogar la ya débil independencia del Banco Central en el futuro, permitiría anticipar dificultades, tarde o temprano. Mayores caídas en los precios de los bonos, subas adicionales a las ya elevadas tasas de interés, salida de capitales, más inflación y más devaluación. Salvo que la soja y la liquidez mundial sigan salvando a Cristina, como lo hicieron con su esposo desde 2003 a la fecha. No está dicho que no pueda seguir ocurriendo, parecería hoy menos probable en un mundo que se viene con menos crédito y más caro. Sería un riesgo inútil intervenir aún más el Banco Central.
t Lo más probable es que las cosas se queden donde están, y Redrado cerrará la boca hasta las elecciones. Seguirá respaldando el modelo y actuará con la mayor independencia que le permita el propio modelo. Pero su confesión en Londres abre un interrogante de mediano plazo que no es menor en Argentina. Para simplificar el escenario, podría afirmarse que tarde o temprano Cristina, o quien gane en octubre, deberá decidir entre seguir los consejos más ortodoxos de Redrado, o cumplir los deseos de Peirano, la UIA, la CGT y el promovido Pacto Social.
t Para simplificar aún más, lo que se discute es qué hará el gobierno con el dólar después de las elecciones y en 2008, una decisión entre mantenerlo alto en 3,15/3,20 o aún dejarlo subir más, o volverlo al entorno de 3 pesos como herramienta para ayudar bajar la inflación
t También es cierto que ni Redrado es Roque Fernández ni Peirano es Daniel Carboneto. El actual Ministro de Economía conoce en detalle los problemas de los que habla Redrado, pero por ahora espera callado señales a partir de noviembre. Ambos perfectamente podrán convivir con un modelo mixto y acomodar sus convicciones a las restricciones políticas del Gobierno.
t Importa también la figura de Alberto Fernández como árbitro de la cuestión. El jefe de Gabinete tiene más influencia en Peirano que en Redrado, que siempre estuvo más recostado en su amistad con Julio De Vido. Pero De Vido también cultivó más la relación con la UIA y la CGT, dos agrupaciones aliadas de Peirano en la mesa del Pacto Social. |