Por SANTIAGO CHELALA y FERNANDO ALONSO - Mientras en las últimas semanas buena parte de los países se preocupaban por el impacto de la crisis financiera y el peligro de que la suba de los granos y el petróleo active las alarmas de la inflación, el gobierno argentino observó cómo los factores externos e internos se alineaban para garantizar un mes preelectoral sin sobresaltos económicos y sentar las bases para una luna de miel de 180 días a un eventual gobierno de Cristina Fernández.
En el campo aceptan que las retenciones van a subir por el fuerte alza de los precios (soja y trigo, por ejemplo, subieron 24% y 44% en los dos últimos meses) para garantizar mayor solvencia fiscal y disciplinar los precios internos. Por ahora no está calculado en cuánto, pero incluso en una hipótesis de 15%, considerada de máxima, los exportadores obtendrían un precio superior al que percibían a comienzo de año.
Cada cinco puntos que suban las retenciones, rinden en forma anual: u$s 20.000.000 el trigo y el maíz, u$s 68.000.000 la soja y u$s 50.000.000 el aceite de soja. Con 10 puntos más de retención, se recaudarían $ 6.000 millones anuales sin afectar la rentabilidad del campo. Eso se suma al ingreso extra por la simple suba del precio de los commodities y las menores compensaciones que se tendrán que pagar a los compradores del mercado interno al reducir la diferencia con el precio de exportación.
Con un clima externo favorable y la caja extra del aumento de las retenciones, se simplificará la intención de llevar adelante un Pacto Social que reúna en una misma mesa de negociación a Gobierno, trabajadores y empresas reduciendo la tensión y la puja distributiva entre las partes.
La decisión, de todas maneras, se tomará después de los comicios presidenciales y antes de que, si todo sale como piensan en la Casa de Gobierno, Cristina Fernández asuma la presidencia el 10 de diciembre.
Los 100 días
De continuar la tendencia actual, en los 100 primeros días, cuando se tomarán las decisiones que marcarán el rumbo económico de la próxima administración, el contexto internacional le dará el espacio suficiente como para sentar sus bases con mayor libertad.
Una combinación de factores parece marcar un punto de inflexión frente al sombrío y amenazador panorama de agosto.
n El Gobierno está encarando lo que parece un serio intento de normalizar la situación financiera internacional con un acuerdo con el FMI y el Club de París (ver pág. 4), que parecía imposible hace un par de semanas y ofrece más certezas a acreedores y banqueros.
n Se mantiene un cuadro fiscal privilegiado por el alto precio de los commodities y la posibilidad de aplicar una suba de las retenciones que aportaría $6.000 millones en 2008.
n Los precios, especialmente de la canasta básica, parecen aquietarse una vez superada la situación crítica por un invierno crudo que hizo perder producción y con el efecto de un aumento de las retenciones que significará un disciplinamiento de valores internos.
n La expectativa de una reducción en la tasa de interés de la Reserva Federal y el respiro que dieron las últimas semanas los mercados emergentes alteraron la tendencia que auguraba un mercado de capitales cerrado para el país.
“Rezamos para que nada cambie. Con que las cosas se mantengan así hasta fin de año, estamos fenómeno”, señalaba a este diario un alto funcionario público en referencia a este aliento inesperado pero nunca más bienvenido.