Por Martín Burbridge - Lo que muchos temían cuando la Reserva Federal anunció hace un mes que bajaba su tasa de interés de referencia en 50 puntos básicos, ahora se está cumpliendo. El efecto positivo que se esperaba en los mercados financieros luego del recorte ya se extinguió, y la medida del organismo terminó siendo una aspirina más que un remedio eficaz para combatir la incertidumbre generada por la crisis financiera de agosto.
Desde el 18 de septiembre, fecha del último recorte de tasas, las malas noticias sobre la economía estadounidense se han ido encadenando: la industria de la construcción sigue en caída libre, con el nivel más bajo de obras nuevas de los últimos 14 años, el Libro Beige de la Reserva Federal de Dallas anunció una desaceleración económica desde agosto, los bancos vieron crecer la morosidad y el deterioro de sus carteras de crédito, el dólar se sigue debilitando frente a las principales monedas mundiales y la salida de capitales de EE.UU. alcanzó los 70.000 millones de dólares en agosto, un récord para las dos últimas décadas.
En el lado positivo, la tasa de inflación creció levemente en septiembre, en línea con las expectativas previas, pero una encuesta realizada por Merrill Lynch entre administradores de fondos de inversión mostró su preocupación por que los precios sigan su ritmo ascendente durante los próximos 12 meses.
Durante el último mes, los principales índices mundiales reflejaron en sus cotizaciones este humor cambiante de los inversores. Luego de la medida de la Fed, el Dow Jones de la Bolsa de Nueva York ganó un 5% en las dos semanas siguientes, mientras que el S&P500 creció un 4,7%. A nivel local, el Merval también reflejó positivamente el recorte de tasas, con subas del 8% durante esa quincena.
Pero a partir del 2 de octubre, las cosas cambiaron de tendencia, y desde entonces los mercados se estancaron, reflejando pérdidas durante las dos últimas semanas (caída del 4% en el Dow, 3% en el S&P500 y el Merval sin cambios). Ya se comienza a especular con una nueva rebaja de tasas por parte de la Fed, para seguir alimentando un mercado financiero ávido de dinero barato.
La próxima reunión del organismo tendrá lugar a fines de este mes y ya empezaron a aparecer encuestas y datos de mercado que apoyan estas expectativas de mayores recortes en el costo del dinero. Los precios de los Bonos del Tesoro de EE.UU. se elevaron durante la semana pasada, por la apuesta de los inversores a que los malos datos del mercado inmobiliario le meterán presión a la Fed para evitar que la economía entre en recesión.
“Hasta la última semana, el mercado no estaba descontando una rebaja de tasas para la reunión de la Fed del 31 de octubre. Pero ahora se dio vuelta: el mercado de futuros de tasas muestra en un 70% que bajan 25 puntos a fin de mes”, explicó Mariana de Mendiburu, de CIBSA. “En el camino tuvimos a Ben Bernanke y a otros miembros de la Fed diciendo que los daños de la crisis subprime se iban a prolongar en el tiempo, y ahora el mercado sí está descontando una rebaja de tasas de interés”, agregó la analista.
¿Rebaja insuficiente?
¿Esto significa que el recorte de tasas de septiembre no alcanzó? En la visión de Pedro Kohn, de Bull Markets, “la rebaja de 50 puntos fue suficiente para ese momento, pero con la economía como está, con todas las señales de desaceleración que está dando el mercado, la Fed tiene que seguir sí o sí con lo que ya empezó”.
De Mendiburu también agregó que históricamente, la Reserva Federal siempre se manejó por ciclos. Por lo que es muy difícil que la Fed baje la tasa una vez y después la suba o no siga con la misma política. “La sensación que da ahora es que si esto se prolonga y hay mayor riesgo de desaceleración, es muy probable que siga con esa política”, indicó.
Sin embargo, el riesgo inflacionario crece en la medida en que el organismo profundiza su política monetaria expansiva. Si bien la tasa de inflación se mantiene dentro de los niveles tolerados por la Fed, para Kohn “si siguen bajando la tasa, la inflación se dispara, pero si no lo hacen, entran en recesión. Están en una línea muy finita en el que una decisión o la otra puede definir el rumbo de la economía para el próximo año”. |