Por GUILLERMO KOHAN - El dólar del 29 viene asomando. Los movimientos en los mercados durante los últimos 15 días y lo que seguramente se observará desde hoy en el circuito del dinero revelan que hay preocupación sobre el precio futuro del dólar en Argentina. Las explicaciones que dan los operadores en las mesas de dinero parece sencilla de comprender: no luce probable que el tipo de cambio baje demasiado de $ 3,16 ó $ 3,17 en los próximos meses, y más vale existen motivos para temer que el Gobierno lo deje escapar un poco después de las elecciones. Por lo pronto hasta mediados de enero no están disponibles los dólares salvadores del campo. Tanto en el Banco Central como en el Ministerio de Economía juran que no existen planes para seguir devaluando, y que sería muy riesgoso en un contexto de aceleración de precios. Pero como el que maneja la política fiscal y monetaria es Néstor Kirchner, los mercados parecen dispuestos a esperar y observar cómo actuará el Presidente después del domingo.
Hasta las elecciones, está claro, el Gobierno no dejará que el dólar se escape de $ 3,20 en las casas de cambio. El problema es que para cumplir con esta estabilidad, la administración Kirchner aceptó hace meses perder reservas. Según quien difunda los cálculos, se estima que en lo que va del año se perdieron unos u$s 2.000 millones, a los que habrá que sumar por lo menos unos u$s 1.500 millones que tiene vendido el Banco Central en el mercado de futuros. ¿Aceptará el Presidente seguir perdiendo reservas después de las elecciones o dará la orden de aprovechar la demanda para que el tipo de cambio suba algunos centavos y la economía se torne más competitiva?
Pocos parecen dispuestos a esperar la respuesta invertidos en pesos. Ningún gerente financiero de bancos o empresas extranjeras, quienes de toda la vida y por manual de la organización pasan las elecciones posicionados en dólares. Podrían superar los u$s 100 millones diarios los que tendría que vender esta semana el Gobierno para mantener al dólar quieto.
Entre economistas los interrogantes son más profundos. Se preguntan si no es razonable esperar que el Presidente también le quiera dejar a su esposa un colchón de precios con el dólar. Es obvio que si se trata de entrar a un Pacto Social con la UIA y la CGT, todo es más fácil con un dólar entre $ 3,30 y $ 3,40. Y le permitiría a Cristina una estabilidad de las variables clave imprescindibles para que el acuerdo de no aumentar precios y salarios tenga sustento. En verdad todo el resto de la economía se está moviendo para buscar ese colchón de 20% que permita cumplir cómodo el primer año del Pacto Social. Se están deslizando precios, salarios, tarifas, el gasto público. Por qué no aprovechar para dejar que deslice el dólar, lo que además permitiría más ingresos por retenciones y hasta facilitaría un aumento de estos impuestos si se mantienen firmes como ahora los precios de los granos.
Comprar dólares el viernes para fin de noviembre valía entre $ 3,17 y $ 3,18. Para no pasar las posiciones de caja y esperar las elecciones en dólares, los administradores solo se verían tentados si las tasas en pesos superaran 15% ó 16%. Pero como los plazo fijo no pagan más que el 11%, no se encuentran incentivos para no dolarizar las carteras. Cuando pasen las elecciones habrá que blanquear la situación. Pero parecería que para mantener el dólar quieto, hoy el Gobierno deberá elegir entres dos opciones. O deja que suban las tasas en pesos, o acepta seguir vendiendo reservas. Todos esperan la señal de Kirchner a partir del lunes próximo y con los resultados de las elecciones confirmados. No parece el Presidente un hombre al que le guste perder reservas, superada ya la necesidad de mantener el dólar casi fijo por los compromisos electorales. |