Por FLORENCIA DONOVAN - La cautela preelectoral no cede y el dólar sigue escalando posiciones, dado que los inversores buscan en la moneda norteamericana un refugio hasta conocer cuál será al plan de Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuya victoria en primera vuelta está a esta altura descontada por la mayoría del mercado.
El dólar mayorista, que marca luego la tendencia que muestran las pizarras al público, trepó ayer de $ 3,169 a $ 3,174, aún a pesar de la nueva intervención del Banco Central (BCRA). En las pizarras minoristas, no obstante, ayer no se manifestaron grandes variaciones. El billete se mantuvo en torno a los $ 3,19 y $ 3,20 para la venta, aunque hay quienes aseveran que las autoridades también están indirectamente enviando señales a bancos y casas de cambio para que éstos eviten movimientos bruscos en sus pizarras al público.
Tal como en las últimas ruedas, la autoridad monetaria salió a vender dólares tanto en el mercado de contado como en el de futuros para contrarrestar la presión compradora del sector privado. La entidad habría volcado al circuito de contado un saldo de u$s 20 millones: vendió los fondos que en la jornada recibió del BID y por las revaluaciones de sus inversiones en euros y en oro, y sólo hacia el final recompró algo en el mercado.
Hasta hace días, sin embargo, el BCRA había concentrado gran parte de sus esfuerzos para contener las expectativas cambiarias interviniendo casi exclusivamente en el mercado de futuros. La ventaja de esta estrategia es que la entidad puede contener las expectativas de depreciación del peso, sin perder reservas, al menos, en el corto plazo, ya que debe esperar al vencimiento de los contratos para cubrir sus obligaciones. Así y todo, desde fines de julio, cuando comenzó el ajuste de los mercados internacionales y se revirtió la tendencia al alza del peso, el BCRA vio descender sus reservas en casi u$s 1.400 millones.
Pero tan fuerte está siendo la presencia del BCRA en el mercado de futuros que, según coinciden los operadores, hoy los precios que se manejan en la plaza local están lejos de reflejar las expectativas reales del mercado, ni de arrojar un premio (cada compra o venta de dólares a futuros tiene una tasa de interés implícita que surge de la diferencia entre el precio actual de la divisa y su precio en el tiempo pactado) acorde al costo que tiene el dinero en la city, donde las tasas de interés a un mes de plazo llegan al 13,25% anual. Por caso, en el MAE, donde operan los grandes bancos, el dólar a diciembre se estaba pactando a $ 3,195, lo que arroja una tasa de interés del orden del 4%.
Y grande es también la diferencia que hoy existe entre los futuros de peso-dólar que se pactan en el mercado local, con respecto a aquellos que se negocian en Nueva York, conocidos como NDF (non-delivery-forwards). A poco más de un mes de plazo, por ejemplo, en la plaza local el dólar se convalidaba a $ 3,182, mientras que en el exterior un contrato de similar duración se pautaba a $ 3,199. A un año, en tanto, en Nueva York los contratos de peso-dólar se convalidaban a $ 3,4125. Este diferencial llevaba a que algunos bancos compraran futuros en la plaza local, para luego venderlos en el exterior, aunque reconocieron en el mercado, eran muy pocos los que lo hacían.
“Es la presión alcista por las elecciones. Nadie se imaginaba un mercado vendedor en esta época, más en un contexto en el que si gana Cristina, como está previsto, se continuaría con un modelo de tipo de cambio alto”, advirtió un cambista con años de experiencia en el mercado. |