Por JUAN CERRUTI - La elección presidencial de ayer fue un verdadero espaldarazo al modelo económico que consolidó el kirchnerismo y que Cristina Fernández promete profundizar a partir del 10 diciembre. Sin dudas, el fuerte crecimiento que experimentó el nivel de actividad en los últimos cuatro años, el boom de consumo, y descenso de los índices de pobreza y desempleo pesaron en una sociedad que aun tiene fresco en su memoria el recuerdo de la crisis que estalló a fines de 2001 y finalmente catapultó a Néstor Kirchner a la Casa Rosada con sólo 22% de los votos.
Las virtudes económicas del modelo K lograron imponerse ayer a los dilemas que merodean en el horizonte: el fantasma de la inflación, las dificultades energéticas y la ausencia de un clima propicio de inversión. Habrá que ver si la presidenta electa decide atacar a estos problemas de entrada, y cómo lo hace.
Por lo pronto, con la elección de ayer también lucen consolidados los dos timoneles que tuvo hasta ahora el kirchnerismo en materia económica: el actual ministro de Economía, Miguel Peirano, y el titular del BCRA, Martín Redrado. Ambos tienen amplias chances de permanecer en sus puestos en el futuro Gobierno de Cristina Fernández. “La gente votó por la continuidad del modelo”, comentaba ayer un funcionario del Palacio de Hacienda.
Durante los cuatro años de gobierno de Néstor Kirchner la economía creció 50% y en diciembre será ungido como el mandato con mayor aumento del PIB en la historia del país. Renegoció la deuda externa por u$s 100.000 millones y canceló todos los pasivos con el FMI. Además, las reservas del Banco Central se triplicaron hasta alcanzar los u$s 42.600 millones actuales.
La actual primera dama llega al sillón de Rivadavia para profundizar y pulir el modelo que piloteó su marido desde 2003. Intentará darle un perfil más internacional, buscando seducir inversiones del exterior e insertar al país en el mundo con mayor presencia.
Pero lo cierto es que el plan pasa por mantener el trípode económico sobre el que se asienta toda la estructura K: tipo de cambio competitivo, tasas bajas y superávit fiscal. Cristina cree que es crucial mantener el dólar alto para continuar fomentando las exportaciones y la industria interna; mientras la recomposición de poder adquisitivo de la población apuntala el boom de consumo que se verificó en los últimos años.
De todas formas, para muchos analistas llegó la hora de hacerle un service al modelo y nada mejor que aprovechar la transición o los primeros meses del nuevo gobierno para ello. La agenda de la próxima administración tendrá algunos temas ineludibles: la renegociación con el Club de París, la recomposición de la infraestructura energética nacional, mejorar la distribución del ingreso y actualizar algunas tarifas son sólo algunos.
También la inflación, por supuesto. ¿Qué hará Cristina con el Indec? Aunque dio pocos indicios, avaló las mediciones de este organismo a la vez adelantó que reformulará el índice de precios. Pero la polémica sobre las estimaciones del costo de vida promete seguir.
Más importante aún que la medición del Indec es preguntarse qué hará Cristina para frenar la verdadera inflación. Más allá de la vigencia de los polémicos acuerdos de precios, los economistas recomiendan como primera medida desacelerar el ritmo de crecimiento del gasto público, que durante el último semestre pasó de aumentar al 25% a hacerlo al 50% interanual. Pero, ¿se animará a enfriar también la vorágine de consumo que inició su propio gobierno con tal de contener los precios?
Estas son algunas de las incógnitas de la economía que viene. Lo que está claro es que en este ajedrez será clave el “pacto social” al que llamó la presidenta electa en el cual Gobierno, empresarios, y sindicatos buscarán consensuar un rumbo económico a partir de negociaciones salariales. |