Los bonos argentinos volvieron a liderar ayer la ola de bajas que afectó los títulos de la deuda de países emergentes, al sumar a las condiciones poco propicias del mercado mundial los problemas locales, que desde hace un semestre impulsan su desvalorización. Las bajas, que promediaron el 0,8%, se elevaron hasta 3,4% en el caso de los ya castigados bonos emitidos en pesos ajustables por el coeficiente CER, luego de que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundiera anteayer otro muy sospechoso y escasamente transparente índice de inflación del 0,7% para octubre.
De esta manera, la inflación oficial no sólo resultó la mitad del nivel estimado por analistas privados (iba del 1,2 al 1,4%), sino que, además, hasta burló los cálculos más pesimistas del mercado, que, considerando la posible adulteración, lo habían proyectado en 0,8%.
La persistente sospecha sobre los datos inflacionarios fue uno de los factores que favorecieron la dolarización de carteras y el progresivo traspaso de pesos a bonos en dólares, como queda en evidencia cuando se observa la evolución de unos y otros títulos. "Ya nadie es tan tonto como para comprar un bono en pesos indexados con la idea de ponerse a cubierto de la inflación. El que lo hace es un inversor profesional sofisticado que arbitra rendimientos con otros papeles, y por esa misma razón los vende enseguida cuando surge un reacomodamiento de mercados como el que vimos hoy [por ayer]", explicó el consultor Eduardo Blasco, de Maxinver.
La corrección a la que aludió Blasco fue la ola de ventas que afectó ayer las principales bolsas del mundo (y dejó pérdidas de hasta 3% en los habitualmente más estables índices de Wall Street), en el marco del creciente temor con que los inversores globales siguen la evolución de la crisis de las hipotecas en EE.UU., en un mercado convulsionado además por la debacle del dólar y la carestía del petróleo.
En este marco de negocios, los bonos argentinos en pesos lideraron la ola general de caídas de la deuda emergente, que quedó a la vista con la suba de 7 puntos que mostró el índice promedio de riesgo país, que en el caso argentino trepó entre 15 y 30 puntos (quedó en 360 para JP Morgan y en 559 para el IRFE de Ecolatina), según se considere el riesgo en dólares o la medición que computa los bonos en moneda local y extranjera por igual.
Esta diferenciación de mercados hace que los grandes fondos de inversión en muchos casos ya ni siquiera consideren la deuda argentina como emergente, sino como "subemergente", una categoría por la que se refieren al riesgo que asignan a mercados como el ecuatoriano, el venezolano y el argentino.
Principales bajas
Ayer las principales bajas correspondieron al Par en pesos (cayó 3,45%), el Bogar 2018 (perdió 3,24%), el Bocon Pr12 (-1,53%) y el Discount (-1,11%), todos títulos que ajustan su capital según la evolución del CER, equivalente a la inflación. En el caso del bono Par, mantiene así una paridad que ronda el 30%, similar a la que el mercado asigna a muchos de los bonos que la Argentina mantiene impagos porque no ingresaron en el último canje de deuda. Es decir, cotiza como un bono que no se paga.
En lo que va del año la canasta de títulos ajustables registra un retroceso del orden de 10%, luego de alcanzar un pico máximo de aumento de 9% en mayo de 2007. Fue el momento en que los inversores parecieron convencerse de que la subestimación de la inflación por parte del Gobierno no sería una estrategia coyuntural sino un objetivo en sí mismo para bajar el costo de la deuda indexada, a la que el presidente Kirchner no en vano había definido como una "hipoteca".
Se calcula que el Gobierno se ahorra US$ 434,5 millones por cada punto de inflación que baja.
Pero una cuenta completa debería tener en cuenta otras cosas. "La Argentina, que no emitía deuda en su propia moneda desde el default, el 20 de junio vendió $ 1500 millones en un bono en pesos (el Bonar V, que paga 10,5% de interés) a 5 años, a una tasa de corte del 11,7%. Brasil, sólo siete días después, colocó una nueva emisión por 750 millones de reales de su Global 2028, a tasa fija de 10,25% al 8,60%, es decir, pagando 3,1% menos, pese a que se comprometió a pagar un interés inferior", recordó en un informe de Tavelli y Cía. su analista Juan Vera, al explicitar los recargos con que el mercado financiero castiga la "estrategia argentina".
Por Javier Blanco
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