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| Crecimiento global, en manos de EE.UU. |
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19/01 - 09:36 The Wall Street Journal |
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Irak, el terrorismo y otras distantes amenazas al orden mundial son temas que probablemente dominarán el debate de esta semana en el Foro Económico Mundial, la reunión anual que los amos y señores de las finanzas celebrarán en Davos, Suiza.
Sin embargo, es posible que un alarmante acontecimiento mucho más cercano a la sede de la reunión no reciba la atención que merece: la creciente diferencia que existe en el crecimiento de la productividad entre Europa y Estados Unidos.
Se trata de algo que pone de relieve algunos de los mayores riesgos que enfrenta la economía mundial, en especial el enorme déficit comercial de EE.UU., la dependencia desmesurada del mundo en la economía estadounidense para su crecimiento y el envejecimiento de la sociedad europea. Esta divergencia asegura que el crecimiento económico mundial continuará confiando en el endeudado consumidor estadounidense, una carga que éste no podrá soportar eternamente.
La productividad laboral, o la producción por hora de trabajo, es importante porque determina la rapidez a la que puede crecer la economía y en última instancia la calidad de vida de un país. Calcular cómo producir más con el mismo volumen de trabajo aumenta las ganancias, lo que permite que una compañía reduzca los precios para ganar cuota de mercado, o aumente los salarios. Cualquiera de estas opciones estimula la demanda, la economía general y la prosperidad.
Desde mediados de los 90, la productividad de EE.UU. ha crecido en torno al 2%, alrededor del doble que la de Europa. Desde el cuarto trimestre de 2001, la productividad de EE.UU. se ha expandido a una tasa anual superior al 5%, el ritmo más rápido en un período de dos años que se ha registrado en 50 años.
El imponente desempeño económico de EE.UU., impulsado en gran parte por la producción y la difusión de la tecnología, ha llamado mucho la atención, cosa que no ha sucedido con el bajo desempeño en Europa.
´Los europeos no están conscientes de que esto sea un problema´, dice Philippe Aghion, profesor de Economía en la Universidad de Harvard. ´O si lo están, sencillamente consideran que uno aumenta la productividad por medio de despidos, y no quieren optar por eso´.
Una razón por la que los europeos quizás no estén tan preocupados es porque el nivel de productividad de Europa en muchos sectores se compara favorablemente o incluso excede al de EE.UU. Pero esto puede resultar algo engañoso, y el mercado minorista francés demuestra por qué.
Debido a las restricciones sobre el horario de apertura al público, las tiendas francesas permanecen abiertas un promedio de 72 horas a la semana, con relación a las 130 horas de las tiendas estadounidenses. Lo que quiere decir que los franceses tienen que concentrar sus compras dentro de un horario más reducido.
Esto eleva el promedio de ventas por hora y, en consecuencia, las cifras de productividad. Por el contrario, en una tienda estadounidense que permanece abierta 24 horas al día, el promedio de productividad desciende al tener que proveer de personal la tienda en las horas de baja actividad en medio de la noche.
De manera parecida, las restricciones de zona en Francia limitan la expansión de las grandes minoristas francesas, los denominados hipermercados, a causa del deseo de proteger al comprador pequeño. Como resultado, en Francia hay cada vez menos tiendas y son más pequeñas que en EE.UU.
La cantidad de espacio minorista para alimentación por unidad de ventas en Francias es un 46% inferior que en EE.UU., según McKinsey Global Institute, un grupo de análisis de mercado. Menos espacio minorista y menos oportunidades para abrir nuevas tiendas quiere decir que los minoristas franceses requieren menos trabajadores que sus homólogos de EE.UU. de rápida expansión, como Wal-Mart Stores Inc. Y menos espacio y menos trabajadores, por una cantidad determinada de ventas, quiere decir mayor productividad.
El problema es que la productividad conseguida de esta manera constriñe el crecimiento, en lugar de impulsarlo. Se produce a costa de los empleos, concretamente de trabajadores de baja calificación. Las regulaciones también limitan la competencia, un ingrediente clave para la innovación y un mayor crecimiento de la productividad.
No siempre fue de esta manera. Durante gran parte de las últimas cinco décadas, el crecimiento de la productividad en Europa sobrepasó al de EE.UU., a medida que Europa reconstruía las ruinas que dejó la Segunda Guerra Mundial y se esforzaba por ponerse a la altura del nivel de vida estadounidense.
Pero desde mediados de la década de los años 90, cuando se inicio el auge de la tecnología, se invirtieron las tendencias. Tras converger durante décadas, la brecha en la calidad de vida (medida como el Producto Interno Bruto por renta per cápita) entre EE.UU. y Europa ha vuelto a agrandarse.
Esto quiere decir que los estadounidenses comprarán aún más y los europeos menos, lo que posiblemente contribuirá a ampliar el déficit comercial de EE.UU. Asimismo, el crecimiento económico europeo será incluso más dependiente de las exportaciones, lo que hará a Europa, y al mundo, aún más susceptibles a los cambios económicos que puedan tener lugar en EE.UU.
´Nos estamos globalizando de forma que la mayoría de las economías importantes del mundo son cada vez más dependientes de la salud de la economía estadounidense´, dice Supachai Panitchpakdi, principal responsable de la Organización Mundial de Comercio, durante una entrevista. ´Si EE.UU. lidera este proceso incurriendo en más desequilibrios, esta es una tendencia difícil para todos nosotros´.
Parte del problema es el envejecimiento de la población europea. En la actualidad, alrededor del 23% de la población alemana tiene al menos 60 años y dentro de 30 años el porcentaje de este grupo aumentará al 35%, más de la tercera parte de su población. Teniendo en cuenta que entonces habrá menos trabajadores para sostener a más personas mayores, los trabajadores europeos van a tener que ser más, y no menos, productivos.
Los europeos señalan que consumen menos que los estadounidenses por decisión propia. Pero si estas tendencias continúan, ´Europa está condenada al crecimiento cero, una economía muerta´, advierte Patrick Artus, un economista que trabaja en París con CDC IXIS, un banco de inversión. ´Seremos más pobres´. |
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