Por LUCIO DI MATTEO - Martín Lousteau, un soltero que cumplirá 37 años dos días antes de asumir como ministro de Economía, el 10 de diciembre, supo de su nombramiento este último lunes en la Residencia de Olivos. Desde entonces, siguió a rajatabla una de las reglas de supervivencia de los funcionarios K: no hablar hasta que se lo ordenen. Hasta encontró una excusa elegante, que sus hombres de confianza repiten cada vez que pueden: “Miguel Peirano todavía está trabajando y tenemos mucho respeto por él”. Pero, a pesar de la restricción, se ingenió para que circule una aclaración importante sobre él: no es un economista encasillable en el mundo estrictamente productivo o financiero.
Tiene datos para sustentar su afirmación. Por un lado, lideró el Ministerio de la Producción Bonaerense sólo tres meses (a fines del 2005), pero le alcanzó para dejar funcionando la línea Fuerza Pyme, que otorga créditos con tasa subsidiada para capital de trabajo o inversión, de los cuales ya se entregaron casi $ 1.000 millones a cerca de 12.000 Pymes. Además, fue jefe de gabinete de ese ministerio antes de acceder al sillón principal. Puede decirse que tiene pasado “productivista”. Pero, además, desde diciembre del 2005 es presidente del Banco Provincia (Bapro), entidad a la que posicionó como la segunda en activos de la Argentina (casi $ 27.000 millones) y que aporta más de la mitad de créditos otorgados al campo en todo Buenos Aires. El Bapro es primero en préstamos personales en el sistema (casi $ 1.800 millones), recuperó $ 215 millones y más de 10.000 clientes entre enero de 2006 y septiembre del 2007, mientras que los préstamos hipotecarios llegan a casi $ 1.400 millones.
Es decir, Lousteau también acredita experiencia en el mercado financiero. “Tiene una mezcla de perfil financiero y productivo”, sintetiza Débora Giorgi, que lo sucedió en Producción bonaerense.
Su carrera académica también tiene lustre: Colegio Nacional Buenos Aires, licenciado en Economía con honores de la Universidad de San Andrés, magister en Ciencias Económicas y Políticas de la London School. Una vez egresado de allí, tuvo ofertas para trabajar en el Viejo Continente, pero volvió a la Argentina para hacerlo en la consultora APL, de Alfonso Prat–Gay y Pedro Lacoste, quienes lo llevaron como asesor al Banco Central (2003 y 2004). Desde ese momento, desarrolló la meteórica carrera política que más se le conoce, hasta ahora concentrada en la provincia de Buenos Aires.
Uno de sus principales laderos dice que “es un intelectual que entiende la complejidad, por eso tiene gran capacidad para leer situaciones políticas”. La va a necesitar en el kirchnerismo. Para empezar, cuenta con la ventaja de compartir visiones centrales de la economía. “Hay que cuidar el dólar alto con un tipo de cambio flexible, de modo que sus variaciones permitan a la economía acomodarse ante posibles cambios internos y externos”, escribió en el libro “Sin Atajos”, de co–autoría con Javier González Fraga. “Si algo caracterizó a la Argentina de los últimos 50 años –también sostuvo– fue la elevada volatilidad de su economía, consecuencia de la adaptación de planes y recetas mágicas que desembocaron en crisis económicas”. Su otro libro es “Hacia un federalismo solidario”.
Cuando todavía no era funcionario bonaerense, encontró un buen apoyo en la Fundación Unidos del Sud, de la cual conserva buenos recuerdos y relaciones. De sus vínculos poco conocidos, se destaca un gremialista que, como él, sufre los resultados adversos del Club Atlético Independiente: Hugo Moyano. En diversas ocasiones compartieron palco. Otra muestra de su hetorodoxia tanto económica cuanto política: la gran amistad que cultiva con Javier González Fraga. “No es casualidad que hayan escrito dos libros juntos. Se respetan y admiran mutuamente”, comenta un antiguo amigo de Lousteau. |