Por GUILLERMO KOHAN - Ni reabrir el canje de la deuda, ni la canasta de monedas para definir el tipo de cambio, ni un supuesto plan con medidas originales que supongan alguna renovación de ideas en el modelo económico. El Gobierno se ocupó ayer de desmentir a través de Télam todas las especulaciones que se habían publicado en los diarios del fin de semana, y que merecieron atención en el mundo político y económico. Voceros de la Presidencia que ayer viajaron a Brasil junto a Cristina Kirchner y al futuro Ministro de Economía se ocuparon de clarificar que todo era supuestamente un invento, y que ni siquiera Lousteau participó académicamente en la elaboración de una serie de recomendaciones de política económica que ganaron espacio y rating porque las había difundido ante empresarios Felipe Sola, actual jefe del ministro designado que hoy preside el Banco Provincia.
Pasó rápido la ilusión de cambios relevantes en el área económica. En 48 horas, Lousteau pasó de ser la esperanza de gestionar con una visión más amplia el rumbo económico para los próximos años, a convertirse un ministro más en el esquema verticalista que rodea al presidente Kirchner. No solo se confirmó el fin de semana que se trata de un jefe del Palacio de Hacienda que asume sin siquiera poder designar a su secretario de Hacienda, el hombre clave del Ministerio que seguirá reportando directamente a Casa Rosada. También se asegura que tendrá que convivir con el polémico Guillermo Moreno, que ahora ni siquiera sería removido hacia Enarsa, sino que podría quedar con renovado poder en la secretaría de Comercio.
Para el periodismo especializado estaba claro que Lousteau no podía dejar de desmentir trascendidos tan explosivos, como su idea de avanzar en el cierre definitivo del problema del default que se arrastra desde 2002 o la posibilidad de atar el peso a una canasta de monedas, por mencionar las dos novedades más interesantes de lo que trascendió y ahora se desmiente. La pregunta que cabe formular, entonces, es si la figura del flamante ministro trae algo nuevo, o finalmente se trata de un cine continuado, similar a lo visto en la primera parte de la era Kirchner. “Es absolutamente falso que estemos pensando en reabrir el canje”, fue la aclaración oficial sin más detalles. Existen, se sabe, restricciones legales y juicios en el exterior contra la Argentina, que obligan a los funcionarios a extremar la prudencia, lo cual es comprensible.
A propósito de la política monetaria y el futuro del dólar, también en Presidencia se ocuparon de aclarar (esta vez desde Buenos Aires), que las decisiones cambiarias dependen del Banco Central en contacto directo con Néstor Kirchner. Incluso desde la autoridad monetaria se recordaba que tampoco el Gobierno se lanzó a una carrera devaluatoria que justifique tantas observaciones a la gestión de Martín Redrado. “Prat Gay se fue con el dólar a 3,03 y Redrado lo tuvo siempre entre 2,90 y 3 pesos”, recordaba un experimentado operador de cambio con buena llegada al Central. Defendiendo la tarea de la actual conducción monetaria, este informante agregaba que en dos años el dólar paso de $ 3 a $ 3,20, pero en el medio estuvo el impacto inicial de la caída de reservas por el pago al FMI y luego la crisis financiera internacional que se desató en julio de este año.
Concluyen en el Gobierno con que no hay que modificar la política monetaria, porque además explican que el salto en la inflación real tuvo menos que ver con el precio casi fijo del dólar, frente al problema de la expansión del gasto y los salarios en 2006 y 2007. |