Por Martín Burbridge - Uno de los últimos bastiones del capitalismo desarrollado está cayendo en las manos de los inversores emergentes: muchos de los principales bancos del mundo, maltrechos por la crisis de créditos hipotecarios en EE.UU., se están “salvando” de situaciones financieras muy complicadas gracias a la capitalización recibida por dinero fresco de países emergentes.
El vehículo más utilizado para ingresar como accionistas de estas entidades han sido los fondos soberanos (instrumentos financieros públicos encargados de administrar parte de las reservas acumuladas por países emergentes), pero también hay inversores privados y empresas con fuerte presencia en sus respectivos mercados. La riqueza generada durante estos últimos años por el alto precio de los commodities permitió a muchos países y empresas emergentes enriquecerse y adquirir participaciones en grandes compañías de países desarrollados.
Luego de ingresar y pisar firme en muchos sectores industriales, la realidad indica que los “bárbaros” ya han llegado a las puertas de los bancos y que son las mismas entidades las que les han abierto los brazos para salvarse de posibles quiebras. A fines de noviembre, el gobierno de Abu Dhabi, a través de su fondo soberano Abu Dhabi Investment Authority, capitalizó al Citigroup por valor de u$s 7.500 millones, a cambio de una participación cercana al 5%. Y lo mismo sucedió en octubre con Bear Stearns, que recibió una inyección de liquidez de u$s1.000 millones proveniente del fondo chino Citic. En diciembre, Morgan Stanley cedió, a cambio de u$s5.000 millones, el 10% de su capital al chino CIC, mientras que Merrill Lynch le abrió la puerta al fondo Temasek de Singapur por un monto similar. La mayoría de estas inversiones provienen de Medio Oriente y Asia, pero también las hay en nuestra región: hace poco trascendió que el Banco Itaú estaría en tratativas para comprar el área de banca privada del español BBVA en América latina.
“Es un proceso que se podría llegar a acentuar durante 2008”, sostuvo Javier Salvucci, analista de Silver Cloud Advisors. “Creo que las compras no son casuales, porque el sector bancario cayó en promedio entre un 30% y un 40%, lo que hace que sea una buena oportunidad de compra. No me parece que se trate de adquisiciones aisladas; las compañías estadounidenses han bajado muchísimo su valor en otras monedas que no sean el dólar, y los bancos mucho más por el tema hipotecario”, agregó.
Si bien es bienvenida la llegada de dinero fresco a las entidades en problemas de liquidez, a muchos les cuesta aceptar el origen de estos fondos, considerados en ocasiones como poco transparentes. De hecho, en febrero próximo el gigante suizo UBS deberá celebrar una asamblea extraordinaria para decidir si acepta que un inversor saudita y el fondo Temasek le inyecten más de u$s11.000 millones para apuntalar el edificio, afectado por el tsunami subprime. Varios de sus principales accionistas ya declararon que no están de acuerdo con esta propuesta.
Cambio de tendencia
En los últimos años, la tendencia histórica en materia de fusiones y adquisiciones se modificó, lo que hizo que se vieran numerosas operaciones originadas por empresas e inversores provenientes del ex Tercer Mundo. La primera en hacer ruido fue la compra en 2004 de la división de computadoras de IBM por parte de la china Lenovo. Hoy, más del 25% de las multinacionales son originarias de países emergentes.
Así, luego de la transferencias de tecnologías, de servicios y de compañías del sector industrial desarrollado al emergente, le llegó el turno a los bancos, verdaderos mascarones de proa del capitalismo occidental. Difícilmente, las principales entidades financieras del mundo habrían cedido participaciones de hasta un 10% de su capital de no haber mediado la depreciación del dólar (abarata el valor de las compañías) y la crisis crediticia de agosto, donde las tenencias excesivas de instrumentos securitizados por hipotecas de baja calidad de EE.UU. generaron serios dolores de cabeza en los balances de varias entidades. Problemas que por cierto no se conocerán hasta mediados del primer trimestre de 2008, cuando los bancos publiquen los resultados del año pasado y hayan tenido tiempo suficiente para hacer el inventario de sus activos hipotecarios subprime. |