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| En el juego del dólar, EE. UU. tiene las mejores cartas |
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| Texto informativo:
23/01 - 09:55 Alan Beattie - Financial Times |
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PESE A QUE EL TEMA CAMBIARIO ESTARÁ PRESENTE EN EL PRÓXIMO ENCUENTRO DE MINISTROS DEL GRUPO DE LOS SIETE
Por mucho que en la próxima reunión del G-7 Europa y Japón se quejen de la presión sobre sus divisas, es poco lo que pueden hacer para forzar la mano de Washington-
En el póker, el jugador más callado es generalmente el que tiene mejores cartas. Y en las rondas preliminares del juego cambiario, de cara a la reunión de ministros de Finanzas del Grupo de los Siete (G-7), que se realizará el mes próximo en Florida, Estados Unidos, la cara impasiva de los estadounidenses revela lo fuerte que es actualmente su posición.
Desde el lado de la mesa de juego que corresponde a los europeos y los japoneses, cada vez se escuchan más quejas por la presión que ejerce sobre sus economías un dólar en rápida caída. Este parloteo pareció dar algún resultado la semana pasada, por lo menos en Europa, ya que se invirtió un poco la marcada tendencia al alza del euro en relación al dólar.
Pero esto ocurrió sin ninguna ayuda por parte de Estados Unidos, que se mantuvo imperturbablemente fiel a su retórica acostumbrada. John Snow, secretario del Tesoro de Estados Unidos, reiteró la semana pasada que está a favor de un dólar fuerte y que es mejor que los mercados establezcan el valor de las monedas. Funcionarios europeos también han dicho que encontraron una firme resistencia estadounidense ante la idea de usar un comunicado del G-7 para indicar que el dólar ha ido demasiado lejos y con demasiada rapidez.
Considerando lo que ocurrió en la última reunión del G-7, en Dubai, Estados Unidos tiene fuertes razones para argumentar que no hay razón para embarcarse en un experimento de manipulación de los tipos de cambio.
A diferencia del Acuerdo del Plaza de 1985, que implicó un acuerdo explícito para que la divisa norteamericana cayera en relación a toda una gama de monedas, la innovación de Dubai fue una frase, de apariencia inocua, en la que se pedía en términos vagos la flexibilidad cambiaria.
Esta declaración fue ampliamente interpretada como un intento apenas velado por presionar a China y a otros países asiáticos para que dejaran de hacer esfuerzos por mantener depreciadas sus monedas, y no como un pronunciamiento general con respecto al dólar.
Considerando que los Ministerios de Finanzas de Japón y del Reino Unido inmediatamente disputaron que la declaración marcara un cambio de políticas, la consecuente reacción del mercado sorprendió incluso a los veteranos más experimentados del circuito económico internacional. Al día siguiente, un alto funcionario del FMI se detuvo ante las pantallas de televisión montadas en la pared del centro de conferencias de Dubai y observó con cara de sorpresa como los gráficos que se veían en todas las pantallas mostraban al dólar cayendo en relación al euro y al yen.
Tanto en aquel momento, en Dubai, como con posterioridad, Estados Unidos ha sostenido con vigor que la \"agenda para el crecimiento\", que es una lista de promesas sobre reformas estructurales, era la parte más importante del comunicado del G-7.
Aunque Estados Unidos ha hecho escasos avances en lo relacionado con su propia promesa –que hablaba de reformas en lo relacionado a la responsabilidad civil por actos ilícitos para impedir que las empresas se vean obligadas a soportar juicios por razones frívolas–, de todos modos, ese país puede argumentar que el hecho de que las econo-mías europeas no se hayan desregulado con la rapidez prometida, y no el dólar fuerte, es lo que constituye la auténtica amenaza para la economía de la eurozona.
La firma Medley Global Advisors, que es una consultoría política y económica muy bien relacionada, envió recientemente una nota a sus clientes en la que señalaba que los estadounidenses iban a usar los compromisos de Dubai para alegar que los que deben actuar ahora son los europeos y los japoneses, y no ellos.
\"En lugar de retroceder con respecto a Dubai, Estados Unidos presionará para confrontar a cada uno de los miembros del G-7 con los compromisos que asumió\", decía la nota de la consultora, cuyo contenido fue informado al Financial Times.
Medley declinó hacer comentarios al respecto.
También es posible que los bancos centrales fuera de Estados Unidos, y particularmente el Banco Central Europeo, sientan la presión. \"Es probable que se sugiera que los recortes en las tasas de interés por parte de los otros bancos centrales serían la mejor forma de lograr estímulo doméstico en el corto plazo\", decía también la nota de Medley.
Por doble que pueda parecerle el mensaje a aquellos que piensan que Estados Unidos está secretamente empujando a la baja el tipo de cambio del dólar, el hecho de que el comunicado de Dubai no tuviera un mensaje explícito sobre la gestión de tipos de cambio, le da el argumento perfecto a los estadounidenses para oponerse a un cambio al respecto.
John Lipsky, economista en jefe de JP Morgan, en Nueva York, dijo que no hay justificación para que el G-7 decida empezar a gestionar monedas, especialmente si se tiene en cuenta que el dólar ponderado según el comercio exterior no está de ninguna manera cerca de los niveles extremos de valuación a los que había llegado antes del Acuerdo del Plaza.
\"Parecería extraño que el G-7 asuma la responsabilidad de interrumpir un movimiento que nunca respaldó\", dijo Lipsky. Por otra parte, según él, el ajuste cambiario tampoco ha perturbado de manera obvia los mercados financieros y las economías internas de los diferentes países.
Esta última información es un eco de lo que han dicho los pocos funcionarios estadounidenses que se han mostrado dispuestos a hablar en profundidad sobre el tema del dólar. Los que han hecho comentarios no han sido los representantes del Tesoro de Estados Unidos, que es el organismo responsable de la política cambiaria, sino los de la Reserva Federal, que usualmente limita sus observaciones al efecto del dólar sobre la economía.
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, al hablar la semana pasada en Berlín, prefirió reiterar, casi palabra por palabra, un discurso de fines del año pasado, en el que señaló que había pocos indicios de zozobra económica o en el mercado, como consecuencia de la caída del dólar.
En consecuencia, lo máximo que los europeos y los japonés aparentemente podrían esperar del G-7 son algunas palabras poco enérgicas acerca de la necesidad de asegurar la estabilidad en los mercados. Aunque estas palabras podrían contribuir, por lo menos, a desacelerar nuevas caídas del dólar, de todos modos serían débiles triunfos a la hora de justificar un largo viaje hasta Florida.
Pero por el momento, Estados Unidos es el que tiene en las manos las mejores cartas. |
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