El voraz consumo de energía de la Argentina, que obliga a hacer uso de máquinas obsoletas y a emplear combustibles poco eficientes, como el gasoil, el fuel oil y el carbón, dejaron su huella en la factura eléctrica de algunas de las mayores empresas del país.
Según números de Cammesa, la compañía administradora del mercado, el precio de la energía que pagan las empresas en el mercado mayorista cerró 2007 –incluidos algunos cargos extra– en $ 128,86 el megawatt (Mw), un 27,38% más que los $ 101,16 que promedió 2006.
Más treparon las penalizaciones al consumo por encima de 2005, el piso que estableció el Gobierno a través del llamado Servicio Energía Plus para morigerar la demanda del sector productivo, proteger el consumo en hogares y estimular nuevas inversiones en el sector.
Según números privados, ese valor, que comenzó a aplicarse en noviembre de 2006, pasó de un promedio de $ 70 el Mw durante los últimos dos meses de ese año hasta los $ 199 para todo 2007, con picos de hasta $ 502,4 que debieron pagar, por ejemplo, las empresas por cada Mw que consumieron de más en agosto de 2007.
Eso no impidió que durante el invierno pasado casi 5.000 industrias debieran acatar el racionamiento obligado que propuso el Gobierno en medio de la escasez.
Los aumentos caen sobre las empresas que compran en el mercado mayorista. Entre otras, las siderúrgicas Acindar, Siderca y Siderar; las cementaras Minetti, Loma Negra y Avellaneda; Minera Alumbrera, Papelera Tucumán, Arcor, Massalin y Aluar, que lideran un grupo con más de un 20% de la demanda. Si bien muchas tienen contratos con generadoras, también satisfacen parte de su consumo en ese mercado.
A las afectadas, además, se suman algunas empresas medianas, que no compran energía directamente a distribuidoras, como Edenor y Edesur.
En la otra vereda, en tanto, se ubican los clientes residenciales, uno de los sectores más resguardados por el Gobierno, que reciben la electricidad de distribuidoras y no siente los vaivenes del mercado mayorista por el congelamiento de su tarifa.
De acuerdo con la consultora Montamat & Asociados, un consumidor del Gran Buenos Aires pagó, en diciembre del año pasado, 31,4 milésimos de dólar por kilowatt/hora consumido, muy por debajo de los más de 100 que se retribuye el servicio en otros países de la región, como Brasil.
A dónde va la plata
Aunque la factura de las industrias se ensancha, las compañías generadoras de energía aseguran que en sus cuentas no se nota el incremento en los precios, sino todo lo contrario.
En el sector aseguran que el primer responsable por los aumentos de precios es el fuel oil, un combustible más caro que las centrales argentinas comenzaron a usar cada vez más durante los últimos años debido a la falta de gas. Se trata de un producto que se compra principalmente a Venezuela.
En segundo término se ubica la utilización de equipos viejos. “Después de una serie de descuentos, a una central térmica muy eficiente le quedan, en promedio, poco más de $ 12 por Mw, un 11% del precio mayorista”, reclama un ejecutivo del sector. “La pérdida de eficiencia se nota mucho en el precio: si hoy funcionaran máquinas a gas en buen estado –y tuviésemos gas–, el valor de la energía sería mucho menor”, vaticina.
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