Cada vez más complicado y difícil visualiza el Gobierno su objetivo de encauzar la discusión salarial en un parámetro de racionalidad que garantice un tránsito estable para la economía. La promesa de prudencia de los gremios cegetistas parece haber caído en saco roto ante los dirigentes sindicales que plantan pisos de 25% para los aumentos y la exigencia de una revisión semestral de los acuerdos, casi en un esquema de doble paritaria anual.
Hasta los empresarios admiten su escepticismo con la viabilidad del pacto entre el Gobierno y Hugo Moyano para fijar un horizonte de previsibilidad de dos años a la negociación salarial. “Es un globo de ensayo que no vemos que se concrete en la realidad”, reconoció el ejecutivo de una cámara empresaria que recepcionó esta semana un reclamo de aumento de 30% de parte del sindicato del sector.
Ese porcentaje, que supera ampliamente la pretensión oficial de encorsetar la negociación en un techo de 20%, es el número que se repite casi como latiguillo entre los gremios, independientemente del sector interno con el que comulguen. Moyanistas, barrionuevistas y gordos que se aprestan a iniciar sus paritarias, parecen comprometidos con el mismo discurso.
Hasta ahora sólo los colectiveros de la UTA y los panaderos conducidos por el moyanista Abel Frutos comenzaron oficialmente la negociación salarial. Los primeros patearon el tablero con un planteo de un acuerdo semestral con una suba anualizada promedio de entre 25% y 30%, una idea que rápidamente ganó adhesiones entre otros gremios, temerosos de que el aumento de la inflación termine licuando la mejora conseguida. Frutos también blanqueó un pedido de 30% que alteró los pronósticos de la Casa Rosada, que no espera un cambio de libreto de uno de los aliados al camionero.
La inquietud oficial y empresaria es mayor por lo que se viene de cara a las discusiones previstas para lo que resta de febrero y las primeras semanas de marzo. Los mecánicos liderados por José Rodríguez deslizaron una pretensión de 36% para los aumentos que generó nerviosismo en la industria automotriz y un temblor mayor entre las cámaras fabriles que temen que esa pauta contagie los reclamos del resto de los gremios industriales.
En ese mismo sector y no muy lejos de Smata se plantaron los trabajadores de la industria del calzado, plásticos y la alimentación, que presionarán por una banda de 28% a 30% para los aumentos.
Más lejos fueron los químicos del barrionuevista Fabián Hermoso que advierten que sus pedidos superarán el 40%. Las compañías del polo petroquímico de Zarate Campana se preparan para un reclamo salarial con un piso de 25% sobre salarios iniciales de $ 4.400 y temen paros como los que el año pasado provocaron pérdidas de u$s 100 millones de facturación.
Los aprontes gremiales también generaron preocupación en los rubros de comercio y servicios. Los bancarios de José Zanola anunciaron que irán por un piso de 30% para la recomposición, mientras que Armando Cavalieri anticipó a las cámaras mercantiles que ese mismo porcentaje llevará a la paritaria de su sector que arrancará en menos de un mes. Luis Barrionuevo, jefe de los gastronómicos, ordenó a su tropa negociar con hoteles y restaurantes un piso de 28% para los ajustes.
Los porteros, por su parte, solicitaron a la endeble representación de consorcios porteños una recomposición de 27% que podría efectivizarse en dos o tres cuotas, un esquema que alienta el Gobierno para moderar el efecto del aumento en la inflación.
También un escenario complejo representa, fuera de las paritarias del sector privado, la negociación que el Ejecutivo encaró la semana pasada con los gremios docentes que exigen una suba de 30% en sus básicos. Se trata allí de un test clave para establecer el parámetro de la discusión que se dará después con la actualización salarial de los estatales.
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