Por SANTIAGO CHELALA - Los activos de los argentinos en el exterior alcanzaron el récord de 149.779 millones de dólares en 2007, u$s 12.200 millones más que el año anterior. La marca supera el valor de la deuda pública del Estado Nacional y refleja tanto las inversiones de las empresas locales en otros países como la fuga de capitales de ahorristas en busca de mayor seguridad. Otro antecedente histórico: nunca los activos en el exterior crecieron tanto como durante el año pasado.
Según el detalle del balance de pagos anual que publicó el Instituto de Estadística y Censos (Indec), los activos del sector privado no financiero sumaron u$s 144.310 millones en diciembre último. A esto se agregan otros u$s 5.470 millones de activos del sector financiero.
A su vez, el detalle muestra que el sector privado cuenta con u$s 23.604 millones de inversión directa, de los cuales u$s 4.954 millones son inversiones inmobiliarias y u$s 18.650 millones son inversiones en otras firmas.
Mientras que en el 2006 los activos en el extranjero subieron u$s 7.600 millones, el año pasado treparon hasta un 60% más, marcando una aceleración en el ritmo de las transferencias al extranjero.
En particular, desde que comenzó la crisis hipotecaria en los Estados Unidos, la fuga de capitales superó u$s 4.300 millones. La aversión al riesgo de los inversores revirtió la tendencia positiva de los últimos años. Para los ahorristas locales, la crisis también disparó la búsqueda de activos más seguros o de menor volatilidad.
El volumen de riqueza argentina fuera del país también incluye las tenencias de los bancos oficiales y de las provincias. A esa fecha, los u$s 500 millones de Santa Cruz formaban parte de la cuantiosa cantidad de dinero que descansa, en su mayoría, en bancos de Estados Unidos y Europa, pero también en Uruguay, Israel y en paraísos fiscales.
El debate sobre la cantidad de dinero expatriado cobró vigencia con la crisis estadounidense dada la mayor dificultad de acceso al crédito, el encarecimiento del mismo y la necesidad de lograr financiamiento a largo plazo para mantener las tasas de crecimiento del país.
Una porción del dinero que los argentinos tienen en el exterior no está declarado en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y por lo tanto sus propietarios no tributan por esos fondos el impuesto a la riqueza. Los requerimientos de liquidez y la intención de reducir el costo del crédito condujeron a que diversos analistas propusieran un perdón fiscal para quienes traiga de vuelta al país sus ahorros.
Otro es el caso de las firmas que, como Techint o el grupo Los Grobo, para mencionar los ejemplos más conocidos, ampliaron en los últimos meses sus activos en otros países. Esta es la parte más sana del patrimonio argentino que reposa en el resto del planeta. La otra parte es el espejo de la incertidumbre y de la búsqueda de un resguardo en manos de banqueros y financistas internacionales.
Deuda y fuga de capitales
A fines de 2001, cuando estalló la crisis económica en el país, los activos argentinos en el exterior sumaban u$s 115.000 millones, por debajo de la deuda pública de aquel momento, de u$s 144.500 millones. En los últimos ejercicios, la relación se revirtió y los activos externos ya superan el monto del endeudamiento acumulado por la Nación, que se ubica en los mismos niveles que en 2001.
En los ‘90, el nexo entre formación de riqueza en el extranjero y fuga de capitales fue más evidente. En sólo seis años, de 1994 a 2000, los activos en el extranjero treparon un 80%, de u$s 62.000 millones a u$s 112.000 millones. Más del 20% de ese total eran depósitos bancarios. |