La participación de los derechos de exportación, conocidos como retenciones, dentro de la recaudación total, creció este año en comparación con el año anterior: pasó del 9 al 13%, según los datos acumulados del primer trimestre respecto del mismo período de 2007.
Entre enero y marzo, los ingresos por retenciones sumaron $ 7940,5 millones, un 110,7% más que en el primer trimestre del año anterior, cuando dejaron $ 3767,9 millones. Este año, las retenciones que se aplican sobre los complejos cerealero y oleaginoso son más altas que el año anterior, varían con los precios internacionales y son crecientes, es decir, son mayores a medida que las cotizaciones pasan cierto nivel. Además, comenzaron a pagar algunas empresas mineras.
El peso de las retenciones dentro de la recaudación total también se incrementó si se toman los últimos doce meses, es decir, el período comprendido entre abril de 2007 y marzo de este año, y se lo compara con los doce meses comprendidos entre abril de 2006 y marzo de 2007. En ese caso, la participación pasó del 9,8 al 11,3 por ciento.
Este avance de las retenciones dentro de los ingresos tributarios se debe a una triple combinación de mayores precios internacionales, mayores alícuotas y mayor producción. Pero como parte de la suba de las commodities en los mercados se debe a negocios especulativos producto de la crisis financiera global, un baja de esas cotizaciones puede llegar a tener un impacto en la recaudación impositiva.
"Si nada más cambiara, una reducción de estos precios del 10% en relación con el nivel de 2007 generaría una caída del PBI de alrededor de 2% en comparación con 2007", señala un informe del Ieral de la Fundación Mediterránea. No sería la única pérdida. También habría "una menor recaudación por retenciones del 0,3% del PBI", una caída en la inversión del orden de 10% por la baja del superávit fiscal, es decir, del ahorro público, y del privado, y una "menor caja empresaria". También el superávit comercial se reduciría: pasaría de 9000 a 1800 millones de dólares, según los cálculos del Ieral.
"El impacto sería mayor, una vez que computamos el efecto multiplicador de este shock negativo: la menor recaudación obligaría a gastar menos lo que, junto a la caída en la inversión y en el consumo por un efecto riqueza negativo generaría una caída subsiguiente en el ingreso que afectaría negativamente a la inversión, el consumo y la recaudación, y así sucesivamente hasta alcanzar un nuevo equilibrio", concluye el trabajo.
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