Por GUILLERMO KOHAN - La cumbre anual del Banco Interamericano de Desarrollo; el encuentro regional que todos los años promueve el creador de Microsoft, Bill Gates, con líderes de Latinoamérica, y las instancias finales del Master Series en Key Biscayne convirtieron a Miami este fin de semana en un lugar ideal para un intenso intercambio de información entre hombres del Gobierno ligados al manejo económico, el equipo de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires, periodistas argentinos y de la región, banqueros de todo el mundo y de los organismos multilaterales que comenzaron aquí a precalentar para la cumbre de primavera del FMI –comienza el próximo fin de semana en Washington– además de empresarios y turistas influyentes que siempre tienen historias interesantes para contar a los hombres de prensa.
Finalmente, ayer se realizó la cumbre bilateral entre el ministro de Economía, Martín Lousteau y el titular del BID, Luis Moreno. Si bien todavía está muy verde y es poco creíble el anuncio de un paquete crediticio por u$s 8.000 millones para la Argentina en los próximos cuatro años (solo se avanzó en préstamos menores aunque importantes para AySA por u$s 120 millones,
u$s 100 millones para el Senasa y u$s 200 millones para las provincias) sí aparecieron novedades respecto de los pasos que podría dar la Argentina en las próximas semanas para avanzar en serio con el Club de París.
Al parecer, se encontró ahora nueva jurisprudencia para vencer las trabas que imponían los estados acreedores para cerrar un acuerdo con la Argentina, por el hecho de que el país no acepta los controles del Fondo Monetario. Hay dos antecedentes que se presentarían a favor del caso argentino, no muy edificantes, pero al fin y al cabo útiles para desempantanar la negociación. En los 80, por ejemplo, Cuba cerró un convenio de pagos al Club de París, y recientemente también Angola logró firmar la paz con estos acreedores. Ni Cuba, ni Angola, ni mucho menos hoy la Argentina, aceptan que Washington les revise los números. La premura de la administración Kirchner para avanzar en esta cuestión, se sabe, tiene que ver con destrabar el financiamiento para el cuestionado proyecto del tren de alta velocidad a Rosario, una iniciativa que mayoritariamente se observa hoy como no prioritaria, pero que podría aliviar las críticas al Gobierno si se logran créditos blandos para el comienzo de las obras, algo que solo sería posible si Argentina salda las cuentas con los países acreedores.
Otro tema pendiente con el BID es que resulta que en
2007 la Argentina pagó unos
u$s 1.300 millones a ese organismo, que prestó menos de u$s 1.000. Un desendeudamiento que no tiene sentido con este banco que se promueve como amigo de la región, pero que por las dudas va cobrando más de lo que suelta.
Se supo también en Miami que el creador de Microsoft, Bill Gates, podría viajar a la Argentina este año. Lo entusiasma la idea de recorrer la región para promover su actual obsesión, la filantropía empresaria, una tarea que en la Argentina tal vez suponga un milagro similar al que lograron los jóvenes como en Silicon Valley 30 o 40 años atrás.
En la reunión privada que el magnate del software le concedió a Daniel Scioli, el gobernador de Buenos Aires explicó algunos detalles del muy alentador plan que puso en marcha para digitalizar toda la gestión, sobre todo en materia de empleo público y salud. Se sorprendió Gates cuando Scioli confesó que Buenos Aires emplea a casi medio millón de personas, casi siete veces la cantidad de gente que trabaja para Microsof en todo el mundo. Y una idea simple, pero muy útil, que contó luego de la reunión el responsable de todo el proyecto en la provincia, Diego Gorgal, es que en materia de salud, por ejemplo, la gente pueda pedir turno en los hospitales vía mensaje de texto. La clave, sin embargo, pasa por ordenar el desmadre de empleo público en la provincia, pero Scioli –siempre optimista– cree que contará con el apoyo de los gremios para semejante modernización.
Empresarios y banqueros que repartieron su tiempo en Miami entre el BID, Microsoft, los restaurantes nocturnos del South Beach y el tenis preguntaban mucho a los periodistas respecto del clima político enrarecido en la Argentina, la crisis con el campo y la iracundia oficial contra los medios de comunicación. Todo tiende a empeorar en caso de que la economía deje de brillar, se coincide, además de versiones preocupantes respecto de la tensión con el sector agropecuario.
Por lo pronto, la dirigencia agropecuaria tomó nota de que el Gobierno comenzó a tomar venganza por el paro y los cortes de ruta de las últimas semanas. La campaña oficial contra el campo tendrá especial énfasis en la televisión, porque obviamente el Gobierno quiere que el mensaje llegue a todo el electorado y no sólo al público que lee diarios o escucha programas periodísticos, un colectivo social que no votó por Cristina en octubre último, y difícilmente lo haga en 2009.
La idea oficial, explicaban expertos en comunicación, no es solo una respuesta al campo por el conflicto del momento. Tiene que ver con la inflación creciente, sobre todo en alimentos y productos básicos, algo mucho más grave para el Gobierno que ahora encontró a quien echarle la culpa. Siempre que hubo crisis o malas noticias, la administración Kirchner encontró a los responsables fuera del Gobierno: los bancos, las privatizadas, la Iglesia, los militares, Menem, la derecha, los grupos económicos concentrados. Ahora será el campo el responsable de que suban los precios en la Argentina.
El clima no es el mejor para la semana que comienza y, tal como anticipó El Cronista, se observa que cada vez es más difícil un acuerdo con la dirigencia rural. Cuál será entonces el plan de las cuatro entidades si todo sigue como hasta ahora, en un marco de tensión donde lo que se anunció es una tregua a plazo fijo (30 días), y luego volver al conflicto.
Pero esta vez hay un elemento nuevo que se analiza para la continuidad del plan de lucha rural. No habrá cortes de ruta ni bloqueos a los caminos para asegurar el abastecimiento en las ciudades. En cambio, los piquetes rurales se apostarían a las rutas de acceso de todos los puertos del país para trabar las exportaciones. Ya no será un problema para la gente y el conflicto se les trasladará a las cerealeras y exportadores. Suponen algunos exaltados que, como no se permitirá exportar, tampoco el Gobierno recaudará por retenciones.
Mucha actividad para Martín Redrado en la cumbre del BID en Miami, con agenda propia y separada de la que cumple el Ministerio de Economía. No desaprovechó la ocasión el titular del Banco Central para promover también aquí los beneficios de su política monetaria flexible en términos de dólar y tasas de interés.
“Gracias al dólar flotante ustedes pudieron retirar de la Argentina unos u$s 5.000 millones sin crisis”, les pasó factura a los hombres de Merrill Lynch, UBS y Bank of New York, algunas de las entidades que tuvieron que salir corriendo de la región para abastecer de liquidez a sus casas matrices en los días de furia por las hipotecas incobrables en Estados Unidos. Asentían Guillermo Stanley (Macro), Stuart Milne (Patagonia), Pablo Gutiérrez (Galicia) y otros de la burguesía financiera supuestamente nacional. Mucho esfuerzo de Redrado y la gente de Economía para convencer a Mauro Leos, de Standard & Poor’s, de mejorar la calificación de la Argentina, sobre todo ahora que hasta el Perú del otrora combativo Alan García logró el investment grade.
“Patria Querida, dame un presidente como Alan García”, podrían decir ahora los críticos al manejo económico del Gobierno, el mismo afiche que a mediados de los 80 la CGT de Saúl Ubaldini le pegaba al gobierno de Raúl Alfonsín para cuestionar el acuerdo con el FMI, mientras en Perú el mismo presidente de hoy repudiaba la deuda externa y llevaba al país al desastre del default.
En el mundo la gente evoluciona más que en la Argentina, por lo visto. |