Por FLORENCIA DONOVAN - Es vox populi a esta altura que Economía está trabajando en un canje de deuda para descomprimir los vencimientos que se acumulan a partir del 2009 y hasta el 2011, tal como había anticipado El Cronista, aunque el exiguo interés que despertó entre los inversores el nuevo bono a tasa variable que lanzó la semana pasada el Gobierno –una suerte de “modelo” de lo que serían los títulos del canje– hizo que muchos cuestionen por estos días la viabilidad de una operación voluntaria, al menos para el segundo trimestre del año, que es el plazo al que se dice que apuntan en Economía.
Pero en la Secretaría de Finanzas que conduce Hugo Secondini el proyecto del canje se mantiene firme. Y es que para sortear el recelo de los inversores (sobre todo de los extranjeros), fuentes cercanas a la operación confiaron que estaría contemplado el dividir el canje de deuda en tres tramos escalonados a lo largo del año, y además hacerlo bajo ley extranjera. De esta forma, no se encararía de una sola vez la ciclópea tarea de reestructurar los más de u$s 11.000 millones de títulos públicos y préstamos garantizados que vencen sólo en 2009 y 2010, sino que la operación se dividiría en partes más pequeñas y manejables.
Así, con la participación casi garantizada de bancos oficiales y otras entidades más afines, Economía podría lanzarse con un primer tramo tan pronto como en junio o a comienzos del tercer trimestre, sin demasiados riesgos de salir mal posicionada. Tal como hizo en la última licitación de bonos, la semana pasada, cuando colocó el 42% (unos $ 364,2 millones) de su emisión de Bonar 2013 sólo entre los bancos Nación y el Provincia.
De otra forma, advierten en el mercado, será difícil que voluntariamente inversores deseen entregarle al Gobierno deuda que hoy les está rindiendo cerca del 16% anual, como ocurre con muchos préstamos garantizados. Más teniendo en cuenta que Economía está pagando tasas del 13,3% (como con el Bonar 2013) por su nueva deuda, y que son tasas que de por sí considera relativamente caras.
Del éxito del canje dependería en gran medida el programa financiero de la administración de Cristina Kirchner. Ocurre que con los mercados internacionales convulsionados y los holdouts sobrevolando como chimangos, las oportunidades de financiarse hoy en el exterior son casi nulas. Hasta ahora, las amortizaciones fueron cubriéndose sin problema con la asistencia de Venezuela y de la caja de organismos estatales como ANSeS, AFIP o hasta Lotería Nacional. Tanto economistas privados como allegados al Gobierno descuentan que el 2008 se vislumbra sin grandes inconvenientes.
Pero en 2009, las necesidades de financiamiento se empinan, a partir de la amortización de préstamos garantizados y de Boden, que fueron los bonos que se emitieron para compensar a los bancos por la pesificación y repagarles a los ahorristas que habían quedado en su momento atrapados en el corralito. El año próximo vencen u$s 6.500 millones sumados préstamos garantizados y Boden 2012 y 2013, casi un 60% más de obligaciones que este año. A esto habrá que sumarle otros u$s 5.100 millones en 2010.
Cualitativamente, los préstamos garantizados son además deuda “cara” para el Gobierno, ya que son en pesos pero ajustan por el índice de inflación, el CER. Por ello, la idea sería canjearlos por deuda a cinco años de plazo, también a tasa variable, pero ligada a la Badlar, que es la tasa que pagan por los bancos por sus depósitos mayoristas a 30 días de plazo. |