Por FLORENCIA DONOVAN - Impuesto, gravamen o tributo, no importa cuál sea la acepción elegida, a más de uno le genera dolor de cabeza la simple mención de la palabra. Es cierto, puede que no sea el tema más agradable para sacar en una conversación de café – si no, pregúntenle al campo– pero tener un conocimiento básico de cómo operan los principales impuestos sobre nuestras inversiones más clásicas nos permitirá discernir si lo que a simple vista creemos que es una excelente inversión lo es o no.
Ocurre que no todos los activos financieros tienen igual carga impositiva. Por lo que un instrumento que está rindiendo varios puntos porcentuales más que otro, podría no ser tan atractivo una vez que se le descuentan los impuestos correspondientes.
Tal es el caso, por ejemplo, de los cheques de pago diferido que cotizan en la Bolsa de Comercio, ya sean avalados por una Sociedad de Garantía Recíproca o patrocinados por alguna compañía. Los cheques tributan Bienes Personales y además la renta que generan está gravada con el Impuesto a las Ganancias, a diferencia de lo que sucede con las acciones, los fondos comunes de inversión o los bonos. Así, de acuerdo con un informe realizado por FDI, una empresa dedicada al gerenciamiento patrimonial y asistencia financiera, al nivel de tasas actuales, los cheques de pago deferido deberían ofrecer desde un punto de partida un promedio de 250 puntos básicos más para competir en igualdad de condiciones con plazos fijos o fideicomisos financieros. Todo esto suponiendo una alícuota de Ganancias del orden del 20% para un inversor promedio.
“El caso de los cheques de pago diferido es el claro ejemplo del desconocimiento que existe entre los inversores respecto al alcance impositivo de las inversiones financieras. El inconveniente es que luego se encuentran con la sorpresa de que la inversión que pensaban muy rentable realmente no lo fue, cuando su asesor impositivo o directamente el fisco aplica los ajustes respectivos”, explica Fernando Ricci, jefe de inversiones de FDI Gerenciamiento Patrimonial. En el mismo escalafón de los cheques se ubican las cauciones. Sólo los inversores institucionales están en estos casos exentos de pagar Ganancias, con lo cual su lectura de los retornos es diferente de la que puede o debería tener un inversor individual.
Los plazos fijos, los bonos soberanos y demás títulos valores emitidos por la Nación, las Provincias, las municipalidades y el Banco Central pueden hacer alarde de tener los rendimientos “más limpios”. Y es que no tributan ni Ganancias ni Bienes Personales. Si un bono como el Descuento en pesos rinde 9,35% más el CER, en la práctica no debería terminar siendo ni un punto más ni uno menos.
Los fondos comunes de inversión, en tanto, se encuentran a medio camino entre los bonos y los cheques: la renta está gravada por Ganancias, pero no tributan Bienes Personales.
Históricamente, la AFIP viene amenazando con poner a todos los activos financieros, cheques de pago diferido, acciones, bonos o fideicomisos– en pie de igualdad en términos impositivos. Pero como por ahora nunca lo materializó, saber de impuestos puede seguir haciendo una diferencia. |