Un reciente reporte de JPMorgan pronosticó que las monedas latinoamericanas y de Asia emergente corren el riesgo de subir en exceso en el corto plazo, ya que las alzas en las materias primas siguen apuntalando a las economías de esas regiones, razón por la cual hoy se ha vuelto inusitadamente atractiva la inversión en reales brasileños, soles peruanos y rupias de Indonesia. Es, también, una manera de diversificar el riesgo sobre la economía doméstica, por la vía de atar la cartera a las economías que están mostrando una mejor performance. Mientras el dólar no cesa su caída en picada frente a otras divisas del mundo, las monedas latinoamericanas se están apreciando por la fuerte entrada de dólares de las exportaciones. Debido a la gran demanda mundial de los principales productos primarios y aún con cierto grado de valor agregado, desde la soja al café y el hierro, el acero y los textiles, impulsaron los precios y los volúmenes de las exportaciones latinoamericanas a niveles récord. Al mismo tiempo, el crecimiento económico estable y sostenido atrajo numerosas inversiones extranjeras directas.
Pese a los sobresaltos propios de la volatlidad de los mercados de esta región, Brasil, Chile y México tienen sus bolsas en máximos históricos. Y si antes el negocio pasaba por comprar dólares, desde hace un tiempo a esta parte, la cuestión cambió, y ahora la ecuación pasa por apostar a esas monedas. En los últimos 12 meses se produjo un vendaval revaluatorio, que incluye economías tan diversas como la Eurozona, Canadá, Filipinas, Brasil o Turquía. En este período la moneda que más se revaluó fue el real, que superó el 20%, seguido por el peso filipino con el 16% y el dólar canadiense con el 15%. La única moneda que se devaluó fue el peso argentino, en tanto que el bolívar venezolano se mantuvo sin cambios.
Las últimas cifras económicas, tanto de Chile como de Estados Unidos, sugieren que el alto diferencial de tasas entre los dos países podría ampliarse aún más, lo cual significa que los flujos de ingresos de capitales frescos al país también se incrementarían de manera similar.
Qué implica invertir en divisas
La divisa en sí, como papel fiduciario, no tiene rendimiento en sí misma. Por eso, generalmente se aconseja la inversión en divisas (principalmente no tradicionales), a través de bonos AAA y de corto plazo, que no tiene costos de almacenamiento (caja de seguridad, por ejemplo) y tienen precios más uniformes internacionalmente, con un spread sensiblemente menor respecto de la compra física.
Si uno adquiere el billete, el spread existe siempre y más con monedas que no son tradicionales. La compra de divisas físicas no tradicionales en la Argentina puede tener problemas de liquidez y gran distancia entre las puntas del spread, por cuanto los costos en las las casas de cambio son muy altos (es decir, le van a cobrar caro cuando vaya a comprar y le van a pagar muy bajo cuando las quiera revender).
Para Juan Ignacio Nápoli, vicepresidente de Nápoli Sociedad de Bolsa, “invertir en monedas no tradicionales se convierte en una alternativa muy buena en estos momentos por la debilidad del dólar en todo el mundo (salvo en la Argentina) por las sucesivas bajas de los tipos de interes en los Estados Unidos, lo cual otorga buena oportunidades de arbitraje”.
Además, poner la plata en este tipo de instrumento implica la manera menos riesgosa de confiar en un país, pues no existe riesgo de default, sólo devaluaciones o revaluaciones con respecto a alguna moneda fuerte de referencia, como pueden ser el dólar o el euro.
En consecuencia, hay que pensar en otro tipo de inversiones, a través del mercado de capitales. Una alternativa tradicional es la compra de bonos, pero requiere cierto nivel de información de parte del inversor. Para la compra directa de estos títulos -que se puede hacer desde Buenos Aires, a través de un corredor de Bolsa-, los montos mínimos sugeridos son de al menos u$s 20.000. El negocio en este caso es doble: por un lado, la apreciación de la divisa, que puede llegar hasta un 10% anual, más la ganancia típica que puede obtenerse por el bono.
Para los inversores que no están habituados a operar en divisas, pero sí en productos alternativos del mercado de capitales, hoy pueden invertir en Exchange Trade Funds (ETF): son fondos comunes que cotizan como acciones, y se pueden comprar o vender en cualquier momento de la rueda. Pueden comprarse desde la Argentina, con un corredor de bolsa local, o a través de un trader de Internet. Hay que abrir una cuenta con un monto mínimo de $ 10.000, y se paga una comisión de 1% de lo invertido por cada operación.
Estos ETF de divisas son carteras con una alta ponderación de bonos de los gobiernos y de colocaciones en money markets. Ejemplos interesantes de ETF que replican monedas son el dólar australiano (FXA), el euro (FXE), el peso mexicano (FXM), el franco suizo (FXF) y la corona sueca (FXS). También hay ETF que siguen los países o regiones, como Brasil (EWZ), China (FXI) o los emergentes (EEM).
“Algunas de las ventajas de estos productos es que se puede ingresar con sólo u$s 5.000, mientras que los mínimos para operar en el mercado de divisas son muy superiores. Además, no es necesario tener una cuenta en el exterior, pues los certificados se transfieren a Caja de Valores, minimizando los riesgos de atesoramiento y traslado”, explica Emilio Escudero, de Rava Sociedad de Bolsa.
La fuerza de los “sojadólares”
Las monedas latinoamericanas que tienen una flotación libre van a tender a revaluarse frente al dólar y van a dar buena renta, como el sol peruano, el peso chileno y, en menor medida, el peso uruguayo. Sucede que el dólar ya ha caído a mínimos frente al grueso de las divisas latinoamericanas y asiáticas y, según el banco de inversión JP Morgan, todo hacer creer que la escalada de los mercados emergentes locales aún tiene espacio, y que el buen desempeño de los activos de renta fija persistirá mientras sigan vulnerables las condiciones crediticias en los Estados Unidos.
Las alzas en los precios de las materias primas no sólo están apuntalando a las economías emergentes, sino que también están impulsando la inflación a escala mundial. Eso se traduciría, como resultado, en tasas de interés más altas en los países en desarrollo y en una apreciación adicional de las monedas.
“Los países latinoamericanos y asiáticos tolerarán monedas más fuertes en el corto plazo para contrarrestar los riesgos de inflación”, agregó el informe de JP Morgan, que recomendó reales brasileños, soles peruanos y rupias de Indonesia.
Fernando Pepe, gerente de cambios del Banco Supervielle, coincide con este diagnóstico: “Apuesto al real, por ser Brasil la principal economía de Sudámerica”, y enumera algunas de las razones que lo llevan a tomar esta decisión: el alto nivel de crecimiento y de inversión, por estar cercano al nivel de investment grade y al exitoso plan económico. Incluso, los analistas más entusiastas con Brasil destacan el hecho de que se habla de subsidiar la exportación en lugar de devaluar.
No sólo de euros vive Europa
Además de las monedas latinoamericanas, la otra opción donde están puestos los ojos de los inversores son las divisas asiáticas. Si bien la debilidad del dólar puede afectar el nivel exportador de estas economías, también es cierto que existe una fuerte presión internacional para la revaluación de monedas como el yuan chino, en pos de un mayor equilibrio en las balanzas comerciales en el mundo.
Y para los que sólo quieren una divisa tradicional pero ya no le ven mucho más recorrido alcista al euro, hay alternativas en el viejo continente. Pepe señala que el franco suizo es una opción interesante como moneda histórica de reserva de valor, basado en una economía fuerte.
“En caso de diversificación recomendamos la corona sueca (SEK) para un horizonte de inversión de al menos seis meses, y en no más del 20% de una cartera. Nuestro consejo para tomar posición en esta divisa es a través de bonos de la European Investment Bank, que tiene una calificación AAA, nominado en esta moneda, y rinde el 3%, lo cual ayuda a mejorar la performance de la inversión”, advierte Mariana Diehl, analista de mercados internacionales de Puente Hnos.
El debilitamiento del dólar, y las posibilidades de baja en la tasa de referencia del Banco Central Europeo (que afectaría al euro), junto con sólidos fundamentals en la economía sueca, los lleva a esta recomendación. Desde ya, la apreciación del SEK o del euro (esperada en menor medida), dependerá de la depreciación que está teniendo el dólar, que estará en función de una mejora en la economía estadounidense, señales que aún no han llegado.
Mariano Gorodisch |