Por JULIÁN GUARINO - Todo lo que usted leyó sobre cómo protegerse de la inflación ya fue. Para cerciorarse, no tiene más que rebuscar en su cartera de inversión: acciones ligadas a commodities, bonos indexados, plazos fijo... Todo ha quedado al margen de la inflación real y, sobre todo, de las mayores expectativas de inflación.
Pero seamos sinceros. ¿Cuál es el verdadero número a desafiar? Para definir las reglas del juego no hay más que echarle una mirada a los indicadores. Las expectativas de inflación del público alcanzaron este mes su nivel más alto desde que la Universidad Torcuato Di Tella comenzó a medirlas hace más de un año y medio. En la encuesta que realiza mensualmente ese centro, el aumento de precios esperado para los próximos 12 meses trepó al 32,8%, si se toma el promedio de las respuestas. Esto sin duda traza una línea: de este lado, todas las apuestas que no pueden llegar a augurarle rendimiento en ese nivel pero que sin duda serán su “peor es nada”. Del otro..., del lado que podría darle expectativas de ahorro, justamente...:¡nada!.
Porque si usted tiene la sensata, universal y no contaminante idea de esmerarse para no perder poder adquisitivo con sus humildes y cada vez más raquíticos pesos argentinos, sépalo: cada vez va a tener que asumir un mayor riesgo para lograrlo. Si hace un año le alcanzaba con un bono indexado a precios tentadores y con una mínima perspectiva de apreciación, hoy esa apuesta sería una típica jugada “a la Kurt Cobain”, es decir, sin una segunda parte. No apto para nostálgicos incurables, los analistas advierten que eso de “protegerse de la inflación” ya no existe y que habrá que olvidarse que alguna vez existió algo llamado indexación, hoy arrumbado en el rincón de los recuerdos junto con la rabona del Bichi Borghi, el chicle jirafa y el señor televisor que acompañaba –impasible– en la taciturna “Ola Verde” a una juvenil Flavia Palmiero.
“En los países con mercados más equilibrados, siempre existe un abanico de productos de bajo riesgo que apuntan a recuperar el poder adquisitivo que se pierde por devaluar la moneda a través de la inflación”, señaló Leandro Verrier, portfolio manager de Bull Market Brokers. “Sin embargo, en la Argentina nos quedamos sin instrumentos. Hoy si un inversor quiere protegerse de la inflación con bajo riesgo, no puede”, agregó.
Adiós a las acciones
La clave que da Verrier sirve de pivote para girar el ángulo. Porque mientras un plazo fijo le ofrece a 90 días una tasa que ronda el 10% anual, y un título público indexado le promete tasas cercanas al 18% pero debe lidiar con la pérdida de precio en el mercado lo que lo deja con saldo negativo, hasta ahora, el instrumento con mejor currículum en cuestiones vinculadas a dejar atrás la suba de la temperatura inflacionaria eran las acciones. Víctor Poma, analista de Invertir Online reflexiona: “se tiene hoy una visión mucho más pesimista para lograr sortear con renta variable el nivel al que desafía la inflación”.
De hecho, hasta ahora el argumento de que las acciones tienen un track record al ritmo de la inflación ayudó a que muchos inversores se posicionaran en estos activos. Sin embargo, cuando las papas queman –ahora– y la profundización de las expectativas inflacionarias se transforma en un hecho consumado, resulta que no es tan sencillo. Hasta ahora era: la mayor posibilidad de cubrirse de la inflación está en aquellos papeles con más alta capacidad para trasladar la suba de los costos a los precios. Por ende, el sector que más gusta es el menos regulado. Pero hete aquí un pequeño Houston: “con el auge de los controles de precios y la expectativa de que se podrían gravar otros sectores de la economía, las posibilidades de que una compañía cotizante pueda trasladar sus mayores costos al producto de venta y luego eso se traduzca en buenos resultados es muy remota”, dijo Poma.
Finalmente desde Research For Traders, terminan de darle vuelta al asunto. “Ocurre que sólo es posible hacerle frente a la inflación apostando a que determinados eventos extraordinarios le den un impulso extra a empresas que cotizan en bolsa y, por lo tanto, al precio de su acción. Y eso, en nuestro país, todavía se llama riesgo”.
La gente del think tank advierte que aquí sí entramos en terreno de alto riesgo. “De no confirmarse rumores o expectativas, el inversor puede terminar en el peor de los casos con una acción que vale menos y encima sufrir la depreciación que implica la inflación”. Así, porfiando en quedar al nivel de las tasas inflacionarias, se puede perder mucho más que eso. Se trata del peor de los escenarios para un inversor, la suma de los miedos. Llámelo como quiera. |