En el sector empresario comenzó a observarse con preocupación la dinámica en la que entró la economía del país, que adjudican a demasiado ruido político. Por ahora, ven una buena “foto”, con rentabilidad generalizada en la industria, el agro, el comercio y los servicios y un dólar que se mantiene en el umbral de la competitividad, pero una película signada por la creciente interna política que amenaza con poner interrogantes sobre la gobernabilidad del país.
Hay un dato central en el análisis: en el mundo empresario creen que son necesarios para la gestión tanto el ministro de Planificación, Julio de Vido, como el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Ambos funcionarios, estrechos colaboradores del matrimonio Kirchner, quedaron envueltos esta semanas en versiones de enfrentamientos que sólo se saldarían con la salida de uno, o los dos, del gabinete. Una posibilidad que por estas horas espanta al mundo empresario.
Respecto del primero, es considerado un gestor de los emprendimientos económicos del Gobierno y el interlocutor privilegiado cuando las necesidades son llegar a la instancia presidencial. Sobre Alberto Fernández, la opinión es que garantiza la sensatez política y es una barrera a intentos populistas al estilo del venezolano Hugo Chávez.
En cambio, no genera preocupación la posible salida del ministro de Economía, Martín Lousteau. Un poco porque siempre se reconoció a Néstor Kirchner como el responsable de la economía y otro poco porque le adjudican responsabilidad en el deterioro del clima económico potenciado desde el enfrentamiento con el campo que provocó el esquema de retenciones móviles que ideó.
Lousteau pareció despedirse hace una semana, cuando en público calificó a los años 70 como la década perdida de la política y coincidió con Alfonso Prat-Gay en la necesidad de bajar el ritmo de crecimiento a una tasa de 4-5%. Dos posturas como para romper con el kirchnerismo.
Las alternativas para sucederlo se mantiene por ahora entre los presidentes del Central, Martín Redrado, y del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont. Ambos nombres los seducen. Aunque son concientes que tendrán limitaciones en instrumentar un plan serio de control de la inflación.
Sin Alberto F, hay temor de que se pierda capacidad de gestionar el Estado y poner límites a prácticas políticas que avancen sobre la actividad privada. El caso Techint en Venezuela está muy presente en el análisis empresarios. Creen que sin límites, en la mente de algún funcionario puede estar la idea de estatizar empresas que no se alineen políticamente con la gestión oficial, imitando a Chávez que primero generó un conflicto gremial en la empresa Sidor y luego justificó la estatización en la “explotación” de los trabajadores por parte de la multinacional argentina.
La cámaras empresarias están también atravesando sus propias internas, que reflejan el grado de compromiso de cada sector con la política oficial. La Unión Industrial que preside Juan Carlos Lascurain se mantiene como aliada de los Kirchner. Pero el empresario metalúrgico tiene problemas para encolumnar a la conducción de la central fabril, con diversidad de realidades sectoriales en su seno, donde más de un empresario tiene interses en el campo.
En AEA prevalece la cautela y por ahora se prioriza la prudencia en las posiciones para no irritar al Gobierno. En la Copal, Jorge Zorreguieta hace equilibrio entre los intereses del ingenio Ledesma, con Carlos Blaquier que quiere mantener una buena relación con el Gobierno y el más crítico Luis Pagani, quien cuestiona por estos días la política salarial del Gobierno. También se observa con atención la respuesta de Techint a la expropiación en Venezuela para analizar si tiene implicancias en su relación con el Gobierno.
De todos modos, todos coinciden en la importancia en un acuerdo con el campo que distienda el clima y permita poner la agenda de discusión en otro orden de temas. A todos los preocupa la inflación.
v De excelentes relaciones con Néstor y Cristina Kirchner, Alberto Fernández es visto desde el ámbito empresario como un límite a aventuras populistas o estatistas de sectores del oficialismo.
v Julio de Vido es el exponente de los ‘pingüinos’ y responsable de gestionar las obras públicas y la relación con la Venezuela de Hugo Chávez, pero difícilmente lo dejen con todo el poder.
v El titular de la UIA, Juan Carlos Lascurain, se mantiene como el mayor defensor del modelo económico. Pero tiene dificultades para alistar a la tropa, cada vez más crítica del kirchnerismo.
v Voceros del ministro Martín Lousteau aseguran que está dispuesto a dar un paso al costado si se lo pide la presidenta Cristina Fernández. Es casi un desconocimiento a Néstor con quien no tiene trato. |