La cotización del dólar retrocedió ayer por segunda y tercera jornada consecutiva, a niveles minorista y mayorista, respectivamente, sin que el Banco Central (BCRA) se ocupara de ponerle límites a la tendencia bajista que desde hace algunas ruedas de negocios se impone en la plaza. El precio promedio del tipo vendedor al público, que el viernes -tras la renuncia de Martín Lousteau al Ministerio de Economía- había alcanzado un tope de $ 3,22 en la City porteña, cerró ayer a 3,20, aunque algunas entidades, como el Banco Nación o el Banco do Brasil, lo terminaron ofreciendo a 3,19.
A su vez, el dólar mayorista, que alcanzó un máximo de $ 3,1860 el pasado martes, quedó a 3,1670 tras ceder otras cuatro milésimas de peso en la víspera. El mercado cambiario volvió a mostrar altos niveles de actividad (el volumen total negociado llegó a los US$ 765 millones, con un alza del 36% respecto de anteayer), pero entregó señales de haber superado la situación de estrés vivida en las últimas jornadas de la semana anterior.
La actitud pasiva que asumió en la víspera el BCRA sembró dudas entre los operadores de cambios que quedaron a la espera de que "complete" la tarea iniciada el viernes. "Así como ese día jugó fuerte para marcar el techo de la cotización, aunque para hacerlo debió desprenderse de más de 300 millones de dólares en reservas, lo que se aguarda ahora es que le ponga un piso, de manera que quede establecida la nueva banda de flotación", explicó a LA NACION un avezado banquero.
Por esta razón, la expectativa está centrada en la reaparición del Central en el papel que se ha sentido más cómodo en los últimos cinco años: la persistente compra de dólares. Para los operadores, el precio al que salga a adquirir el billete (algo que esperan que se produzca en las próximas horas) marcará en los hechos el nuevo piso de la cotización y guiará, de allí en más, los movimientos de los operadores profesionales. Especialmente si se confirma que un acercamiento con el campo baja el riesgo de volver a una medida de fuerza que afecte la liquidación de divisas en la plaza local, toda vez que es el denominado sector cerealero su aportante más regular.
La mirada pública y privada
"Es evidente que cambió el humor del mercado. Hubo muchas órdenes de venta de dólares de exportadores y de bancos, que están volviendo a desarmar posiciones ante la caída de las cotizaciones por la oferta de divisas, mientras el Banco Central se mantuvo casi ausente de la operatoria", apuntó Fernando Izzo, de ABC Mercado de Cambios, al comentar la jornada a la agencia Nosis.
En consonancia con el repliegue de los precios, la demanda de dólares por parte del público (que se había hecho sentir con fuerza entre jueves y viernes) disminuyó, otro dato que tiende a mostrar que la plaza cambiaria recupera progresivamente su ritmo más habitual.
La misma evaluación realizan en el Banco Central, donde confían en haber superado una nueva prueba de mercado "de no surgir nuevos imprevistos". De hecho, aunque se cuidan de no proclamarlo a los cuatro vientos, se muestran satisfechos por haber reinstalado la idea de que el tipo de cambio "no es fijo, como algunos quieren hacer creer, sino que tenemos una flotación administrada que consiste en acompañar las tendencias del mercado, aunque aplacando sus valles y picos", una figura que alude al objetivo de evitar una "volatilidad excesiva que pueda agregar más ruido a la economía", explican.
Por Javier Blanco De la Redacción de LA NACION
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