Por GUILLERMO KOHAN - Nadie duda de la fortaleza del Banco Central con reservas más que suficientes para controlar la demanda de dólares y mantener estable la situación cambiaria. Tampoco de la solidez de los bancos a los que les sobra liquidez para responder a la cancelación de depósitos a plazo fijo que hoy están en pesos y no corren riesgo de “pesificarse” dos veces. Es una tranquilidad, también, y sobre todo para los operadores financieros, que se lo haya dejado a Martín Redrado en el Banco Central, en lugar de descenderlo como sería hoy si lo hubieran nombrado ministro de Economía. Tampoco hay déficit comercial ni un dólar tremendamente atrasado.
Sin embargo la gente compra dólares, las empresas prefieren endeudarse en pesos para no bajar su posición en divisas, los inversores venden bonos y el silencio oficial sobre la situación financiera permite que se alimenten los más variados rumores que el viernes llegaron al absurdo de pronosticar hasta un eventual corralito si la situación no se tranquiliza.
Por ahora existe la certeza de que el Banco Central no cambiará su correcta estrategia en momentos de crisis de confianza. “Si el mercado pide dólares se entregan dólares, si se demandan pesos, se giran pesos”, según la biblia greenspaniana que siguen en Reconquista 266. Pero a esta altura de los hechos políticos que dominan la Argentina, los inversores quisieran conocer en forma más directa cuál es la opinión de Néstor Kirchner sobre la situación, también para aplacar todas las versiones y recomendaciones que recibe el Gobierno en el sentido de aprovechar el momento actual para subir un poco el precio del dólar.
Como se instaló la clara percepción de que todo lo que practica el Gobierno solo es posible si lo autoriza el ex presidente, también esta lógica impacta sobre el volumen y el destino de las reservas. ¿Aceptará Kirchner seguir perdiendo reservas? ¿Hasta cuándo? Son preguntas hoy de todos los días. No porque la situación se haya complicado –el Central apenas vendió u$s 1000 millones desde que se agudizó la pelea con el campo–, sino porque el Gobierno no comenta sobre temas centrales como inflación, dólar y reservas, y mucho menos tranquiliza en el sentido de dejar en claro cuál será la política cambiaria para el futuro en un país que ya tiene 25% de inflación al año.
Es curiosa la situación que se observa hoy en los mercados con la Argentina. No hay lo que en otros contextos podría calificarse como un ataque especulativo, porque luce inconsistente suponer que a la economía local hoy se la pueda atacar con superávit gemelo y reservas millonarias. Parece más una huida que un ataque. Un sector de inversores financieros locales y del exterior que están asustados con el momento político y prefieren cambiar de portafolio. No ayuda el nivel tan bajo de las tasas en pesos que retribuyen el riesgo de no comprar dólares, pero en las últimas semanas ya comenzó la corrección. Se paga hasta 11% por plazo fijos lo que se pagaba 8% hace 15 días, y seguramente estos rendimientos tenderán a seguir subiendo en las próximas semanas, con lo que será más caro comprar divisas. Los exportadores de cereales abastecen poco al mercado, ya que no se desprenden de dólares porque los productores no les entregan cereral.
Todos quisieran conocer las instrucciones de Kirchner. Sólo habló el fin de semana el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, con alusiones generales y ciertas sobre la fortaleza actual de la economía. Pero no parece alcanzar la palabra del jefe de Ministros. Tampoco los antecedentes y experiencia de Redrado. Ahora la pregunta es qué hará Kirchner con el dólar. |