Por FLORENCIA DONOVAN - Arranques de histeria colectivos, las corridas bancarias no siempre resisten a los análisis racionales. Tal, al menos, parece ser el caso actual. Difícilmente pueda encontrarse una motivación objetiva a la incipiente tendencia de los inversores a retirar sus pesos y hasta dólares de los bancos. La memoria del corralito bancario del 2001 traiciona y mucho. Pero el sistema financiero lejos está de asemejarse de aquél del final del Gobierno de Fernando De la Rúa.
Por lo pronto, no está atiborrado de títulos públicos. En 2001, los bancos tenían casi el 50% de sus activos en bonos soberanos, ya que en ese entonces un Gobierno con las cuentas en rojo salía periódicamente a buscar financiamiento entre bancos y AFJP. Pero en la actualidad, la participación de los títulos públicos en los bancos no supera el 15% del activo. En otras palabras, aún si la crisis del campo dañara las cuentas públicas (por una menor recaudación impositiva), el impacto sobre la solvencia del sistema financiero no sería tan grande como en el pasado.
“En 2001, la crisis fue macro y le pegaba al sistema financiero de lleno, por las tenencias de títulos públicos. Pero hoy no hay descalce de monedas, y los bancos están líquidos. Con lo cual lo que está pasando tiene que ver con algo generado fuera del sistema, y hasta de la economía. Es un problema político”, subrayó David Mermelstein, economista jefe de Econviews.
La otra gran diferencia, pasa por la escasa cantidad tanto de depósitos como de créditos en dólares, lo que reduce los riesgos de descalce de monedas, en otras palabras la posibilidad de que los ahorristas vayan en búsqueda de sus dólares a los bancos y que éstos no puedan devolverlos. Tras la devaluación, los bancos concentraron su negocio en una sola moneda: el peso. Apenas 18% de los depósitos del sistema bancario son en dólares, mientras que los créditos en moneda extranjera no llegan si quiera a esa cifra. Muy distinto era el cuadro hacia fines de la convertibilidad, con los bancos manteniendo el 70% de sus créditos y depósitos en moneda dura.
“Todos los depósitos están en pesos todavía. Eso muestra una mayor solvencia y un menor descalce ante una variación del tipo de cambio”, explica, por su parte, Ramiro Castiñeira, economista de la consultora Econométrica. Y el tamaño del sector bancario tampoco es lo que era, agrega Castiñeira, quien destaca que mientras que los depósitos del sector privado representan apenas un 17,1% del PIB, en 2001 superaban el 25%.
Los bancos, además, están líquidos. En sus cuentas corrientes en el Banco Central (BCRA), las entidades financieras tienen el equivalente al 20% de los depósitos en cash. Esto sin contar el dinero depositado en pases (préstamos de cortísimo plazo con el BCRA) o en títulos de la autoridad monetaria (las Lebac y Nobac). Para completarla, según un informe de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s, los bancos siguen ganando plata (en 2001 tenían rentabilidad neutra o hasta negativa) y no sufren casi impagos de sus clientes. La cartera irregular del sistema financiero no alcanza al 5% del activo, contra el 20% de diciembre de 2001.
Ahora bien, ¿por qué la gente está optando por dolarizarse o poner sus depósitos en cuentas a la vista? Está claro que, datos objetivos aparte, no siempre la racionalidad impera en los fenómenos sociales. Y tal vez el mayor riesgo del sistema financiero sea precisamente que lo que hoy no tiene sustento termine materializándose en una profecía autocumplida. |